Querido San José, vos
que sos mi amigo, que fuiste de Jesús, su Papá adoptivo, enséñame a tener una
radiante fe. Vos sabés cuán difícil es a veces creer, cuán fácil para mí es
caer. Los miedos, la razón, mi conveniencia, el mundo es para mí como granizo
que me alejan de Jesús y Sus designios. Sabés cuántas cosas no comprendo, y
podés leer en mi corazón cuando me oscurezco. Dame una fe viva, una fe que solo
entienda que el Señor es mi Maestro, y que corrió por mí todos los riesgos
hasta morir en el Madero. Que vuelva a creer, que le sea fiel y que persevere
en Él. Amén.
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria
Segundo Día: Dame, San José, la pureza que
ilumina y guía.
Querido hermano, San
José, ayúdame con este gran don, el don de los elegidos del Señor. Vos que la
pureza supiste guardar, y fuiste digno de tal confianza que el mismo Dios
te dio a Su Esposa Amada, María. Yo puedo comprender cuánto latía tu
corazón por aquella Mujer Purísima, a la que te supiste entregar en corazón,
alma y vida. Ella que era tan preciosa por su presencia, lo era más aún por su
santidad. Vos la supiste cuidar y amar de verdad como tierno y puro esposo.
Custodia mi alma para que tenga pureza de pensamiento, palabra y obras. Amén.
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria
Tercer Día: San José, dame el don de la
fortaleza.
Querido San José, dame
el don de la fortaleza. Enséñame que no hay adversidad que con Dios no se pueda
alejar o cambiar. Dame la fortaleza de ánimo y de espíritu, para hacer frente a
los peligros de esta vida y saberlos llevar con la alegría de los que en Dios
confían. Enséñame que cada obstáculo no es una amenaza sino una enseñanza. Que
aunque a veces la cruz es pesada, Jesús junto a mí la arrastra y que unidos
venceremos. Porque si Dios está conmigo a qué temo, qué cosas no puedo. El
camina conmigo en el Huerto y en el desierto, y juntos vamos al Cielo. Hazme
fuerte en mis batallas, para que yo sea a Su semejanza y deje en esta tierra Su
Huella Santa. Y como vos en Nazaret, Belén, Egipto y Jerusalén haz que con mi
cruz pueda yo vencer. Amén.
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria
Cuarto Día: Enséñame, San José, a comprender.
San José, enséñame a
los designios de Dios comprender, aún aquellos a los que mi corazón dice “no
sé”. Quita de mi alma esas dudas que producen amargura. Y haz que como un hijo
confiado le entregue a Jesús mi vida, mi amor y mi trabajo. Para sentirme
liberado. Y así como vos con fe comprendiste a María, haz que pueda comprender
y me entregue a la Voluntad de Dios en mi vida. Y lo que yo diga “no sé”
también se lo entregue a Él, porque Él quiere tan solo mi bien. Amén.
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria
Quinto Día: San José, dame el don de la
prudencia.
San José, vos sabes
cuánto me cuestan mis modos… y también conocer los tiempos… San José,
aquieta mi alma para que tenga prudencia, que conozca y actúe del modo y en el
tiempo necesario para que mis obras alcancen un buen fin. Que tenga un corazón
prudente, para ordenar mi vida y otras vidas. Que mis miedos, enojos y
ansiedades no ahoguen esta gracia. Haz que las contradicciones del mundo sean
sanadas por este don, pues la prudencia es pariente de la fe y la esperanza que
todo lo alcanzan y mueven montañas. San José enséñame a “prudentemente”
mover montañas… Amén.
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria
Sexto Día: San José, haz que triunfe en mi
corazón el amor.
San José, vos que
amaste y que tanto lloraste, pero supiste ver en la tribulación y el dolor de
tus días la Gracia de las Manos de Dios que te abrazan y levantan. San José,
que tantas penumbras, trabajos, miedos y riesgos soportaste en tu corazón. Que
tantas preocupaciones te aquejaban: tu familia, el trabajo, los parientes,
amigos y vecinos. También aquellos que los sabías tus enemigos. Pero que con el
escudo del amor y la espada de la Verdad, enfrentaste y ganaste. Haznos
un corazón amoroso, donde el servicio, la bondad y la verdad brillen con
alegría en nuestras vidas. Amén.
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria
Séptimo Día: San José, dame un corazón
paciente.
San José, dame un
corazón paciente. La paciencia es la virtud de los Santos, porque nos hace
abandonarnos en el Corazón de Jesús que es la protección y omnipotencia de Dios
que se regala a los hombres. En medio de la adversidad es entregar. Dame
paciencia San José, para saber esperar contra toda esperanza; para poder
perseverar en medio de las tormentas; dame paciencia cuando a Dios no vea, para
poder hallar Su paz y entregar. Porque Él siempre está y Su amor no me va a
dejar. Él me vino a llamar y a buscar, Él me quiere de verdad y me va a
ayudar. Dame paz para aceptar y cumplir Su Voluntad. Amén.
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria
Octavo día: La humildad de José.
San José, vos sí que
fuiste un hombre humilde. No por ser carpintero, pues ese oficio te hacia
sabio. No por tus manos de trabajo, ni por tus logros humanos. Sino porque
sentiste de lo Alto el “llamado” y respondiste. Te vestiste siempre de “tu
nada” frente a la Palabra en la que descansaba tu alma y a La que amabas.
Llevaste una vida casta y solo en Dios depositabas tu mirada, para “escuchar”
lo que Él te enseñaba, y quitar también toda cizaña. Haz San José que yo
también Le entregue “mi nada”, para depositar mi corazón en Su Corazón Precioso,
ese Corazón Amante de los hombres, que es Corazón de Padre, Hijo y Esposo y que
nos llama a todos para entregarnos el Tesoro escondido, ese Tesoro que es el
mismo Cristo y que nos lleva al Cielo prometido. San José hazme humilde,
siempre humilde. Amén.
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria
Noveno Día: San José, enséñame los dones de
la alegría y la oración.
San José enséñame tu
alegría. Y cómo no vas a tener alegría si tu esposa es la Virgen María y
tu hijo, Jesús, Dios, Rey y Señor de nuestras vidas. Cómo no vas a tener
alegría al tener al Niño Jesús en tus brazos y mimarlo, sentir sus
abrazos y enseñarle, y morir en Sus Brazos… Cómo no vas a tener alegría si tu
vida era confianza infinita a la Voluntad Divina, si por Ella hacías y
deshacías y por Ella tu alma ardía. Enséname a orar para confiar y vencer en mi
debilidad, para amar de verdad y cumplir siempre la Santa Voluntad. San José
fiel custodio de Jesús y María custodia mi alma y mi hogar, y haz que mi alma
se encienda en gozo de tenerte a vos como patrono. Amén
Padre Nuestro. Avemaría y Gloria
San
José ¡Ruega por nosotros!
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