jueves, 11 de mayo de 2017

San Lucas 22,32





"He orado por ti para que tu fe no falte, no desfallezca, y para que tú con esa fe, concilies a tus hermanos" San Lucas 22,32.
Ojalá el Papa fuera un santo como ha habido tantos santos. Pero, aunque éso llegare a fallar, la Palabra de Cristo se sigue cumpliendo. Indudablemente, el que recibe a ése que es el vicario de Jesucristo, el primer testigo de la fe, recibe también la bendición del Señor.
Que Dios nos haga dóciles, abiertos a la palabra del Papa, abiertos a él, a recibir esa palabra, a recogerla con el corazón, a conocerla y también a difundirla.
De una manera adulta, comprendiendo qué es lo que se nos manifiesta, y alguna vez habrá que hacer crítica sana a lo que se nos dice.
El que tenga el oído abierto para el enviado y tenga hambre de Cristo, indudablemente recibirá el don del Salvador y recibirá también el amor del Padre Celestial que envió a Nuestro Señor Jesucristo.

Alabemos, pues, al Señor por esta Palabra, por ese doble milagro de la Encarnación y del envío. Pidámosle que nos dé hambre de Él y disposición para escuchar su Palabra, para buscar su Palabra en sus sucesores, particularmente en el Papa.

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