"He
orado por ti para que tu fe no falte, no desfallezca, y para que tú con esa fe,
concilies a tus hermanos" San Lucas 22,32.
Ojalá el Papa
fuera un santo como ha habido tantos santos. Pero, aunque éso llegare a fallar,
la Palabra de Cristo se sigue cumpliendo. Indudablemente, el que
recibe a ése que es el vicario de Jesucristo, el primer testigo de la fe,
recibe también la bendición del Señor.
Que Dios
nos haga dóciles, abiertos a la palabra del Papa, abiertos a él, a
recibir esa palabra, a recogerla con el corazón, a conocerla y también a
difundirla.
De una manera adulta, comprendiendo qué es lo
que se nos manifiesta, y alguna vez habrá que hacer crítica sana a lo que se
nos dice.
El
que tenga el oído abierto para el enviado y tenga hambre de Cristo,
indudablemente recibirá el don del Salvador y recibirá también el amor del
Padre Celestial que envió a Nuestro Señor Jesucristo.
Alabemos,
pues, al Señor por esta Palabra, por ese doble milagro de la Encarnación y del
envío. Pidámosle que nos dé hambre de Él y disposición para escuchar su
Palabra, para buscar su Palabra en sus sucesores, particularmente en el Papa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario