"Es
verdad que tenemos ya un tesoro, dice San Pablo, pero ese tesoro está en
vasijas de barro" 2 Corintios 4,7.
Es
verdad que hemos sido perdonados y hemos sido acogidos por Dios, pero aprender
a acogernos los unos a los otros, aprender a definirnos con un mismo amor,
aprender a renovar todas las cosas en Jesucristo, toma un tiempo y ese tiempo
entre el anuncio de la resurrección y el retorno del Señor, es en la teología
de Lucas, el tiempo de la Iglesia.
¿Para
qué existe la Iglesia? Para llenar con su predicación, con su amor y con su
continua conversión, ese tiempo que va desde la noticia de la Resurrección
hasta la noticia del retorno de Jesús.
Se
nos enseña también cuál es el camino de la conversión de la Iglesia. Lo primero
que quieren guardar los Apóstoles es: “No nos parece bien descuidar la palabra
de Dios". Este es el camino de conversión de la Iglesia.
El
primer camino de conversión de la Iglesia es, volvemos a la Palabra y dice: “Escoged
a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu de sabiduría y
los encargaremos de esta tarea; nosotros nos encargaremos a la oración y al
servicio de la palabra" Hechos de los Apóstoles 6,3. Este es el
camino de conversión de la Iglesia.
La
palabra misma “ekklésía” significa convocación, gente reunida, congregada
porque ha escuchado un mensaje.
Pero
al mismo tiempo, ellos no dejaban el problema; hay un problema que es real.
"Escoged de entre vosotros, dice, a hombres con buena fama, pero también
llenos de espíritu de sabiduría" Hechos de los Apóstoles 6,3.
De
buena fama, evidentemente, para evitar que crecieran las suspicacias, que
creciera la desconfianza, pero por encima incluso de esa buena fama, gente que
tenga espíritu de sabiduría.
La respuesta de los Apóstoles a los primeros
problemas internos en la Iglesia, está
dada con un corazón que palpita en Dios; luego un alma que se alimenta de Dios
desde la luz misma de su Palabra. San Lucas, es muy típico de su estilo. En el
versículo séptimo de este capítulo sexto, nuevamente alude a la Palabra:
"La Palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el número
de discípulos" Hechos de los Apóstoles 6,7. Se trata de
que venza la Palabra de Dios, se trata de que el mensaje se vea.
Lo
comento clarísimamente el Papa Pablo VI en Evangelii Nuntiandi: "Es que la
Iglesia misma vive para que este mensaje sea dicho, para que esta Noticia y
para que esta Palabra sea predicada."
Hay
que saborear esta Palabra, alimentarse de ella y escuchar la voz del Señor, que
en medio del lago, nos dice: "Soy yo, no temáis" San Juan 6,20.
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