Jesús, Pastor de las ovejas, es también
la puerta por donde entran las ovejas. Es la puerta por donde se entra, porque
en Él comienza la vida; es el Pastor de las ovejas, porque Él es el que
custodia la vida que Él mismo otorga.
Él es la puerta, porque Él es el
comienzo; Él es el Pastor, porque Él es
el que guarda, el que protege, el que cultiva, el que conserva, el que hace
florecer y fructificar la vida de quienes creemos en Él, de quienes no nos
avergonzamos de llamarnos sus ovejas y de llamarle a Él nuestro Pastor.
Jesús es la puerta, y cuando se entra
por Jesús, cuando se llega Él, cuando se saluda ese misterio y se acoge en el
corazón, una vida nueva empieza.
Jesús dice que Él es la puerta y que
hay que entrar por Él, quizá es la última puerta que nos encontramos con Cristo
y sentimos que la propuesta de Él es sincera.
A Cristo se le nota que es la puerta
verdadera, porque en su propuesta, porque en su oferta hay una donación sin
límites, hay una amor sin límites, el amor que es manifiesto en la Cruz. Ese
amor es capaz de llegar al corazón de uno, y uno llega a la conclusión de que
si alguien ama así, esta sí es la puerta.
La invitación es a entrar por esa
puerta, entrar al mundo de Jesús; no se quede usted en la puerta, afuera, entre
por la puerta. Quizá ya usted sabe que Jesucristo es la verdadera puerta, quizá
ya usted lo sabe; pero usted sigue dando vueltas en la puerta y no entra.
Usted sabe que Cristo es el Señor, y
usted cree en la sinceridad de sus ojos y de sus palabras, pero todavía no ha
entrado; hay que entrar. Se entra por
Cristo cuando se le dice: "Estoy dispuesto, Señor, a recomenzar mi vida en
esta puerta que se me ha abierto hoy".
Vamos a darle ese sí a Jesucristo,
también Él, como dice el libro del Apocalipsis, ha estado a la puerta de
nuestro corazón. Dice allá en el capitulo tercero: "Mira que yo estoy a la
puerta y te estoy llamando, ábreme" Apocalipsis 3,20.
Ya que Él ha llegado hasta nuestra puerta,
lleguemos nosotros hasta la puerta de Él, hasta su puerta, y entremos por esa
puerta, gocemos de esa vida, porque Él
ha venido "para que tengamos vida, bendito su nombre, y para que la
tengamos abundante" San Juan 10,10.
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