La Iglesia en América Latina estará llamada y fortalecida por el pontificado del Papa Francisco en reconocer y alentar a los pueblos como sujetos de su propio desarrollo, en fraternidad y solidaridad, y no como clientelas asistidas o masas de maniobra asimiladas por el poder de turno. Estará desafiada a demostrar que el Evangelio es la mejor respuesta, la más adecuada y satisfactoria, a la sed de felicidad y justicia que laten en el corazón de los latinoamericanos y en la cultura de sus pueblos. No creo que pueda construirse nada de auténticamente popular, nacional y latinoamericano, dejando de lado la presencia y contribución dela Jesucristo padeció bajo Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado
Dios Padre, en su infinito amor, quiso entregarnos a Su único Hijo, Jesucristo para la salvación de nuestras almas, por su pasión, muerte y resurrección. Jesús se entregó libremente por todos y cada uno de nosotros, como dice San Pablo: “me amó y se entregó a sí mismo por mi” (Gal 2, 20).
Durante su vida, Jesús realiza signos y milagros que dan muestra de que el Reino de Dios está cerca, sana a los enfermos, libera a los endemoniados y, además, habla y enseña con sencillez y cercanía a través de parábolas. Quiere estar cerca de los humildes, de los pobres, de los marginados… se acerca a la gente sencilla a través del amor. Y, sin embargo, pese al bien que derrocha allá donde va, los sumos sacerdotes y los doctores de la ley, los que se suponen sabios y entendidos, desconfían de aquel que habla en nombre de Dios. Le rechazan. Le acusan falsamente. Después de las palabras de Jesús afirmando que Él es el Hijo de Dios Bendito el sumo sacerdote se rasga entonces las vestiduras.
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