Transformación. Se dice que la Palabra ha bajado al corazón cuando la Palabra toca alguna parte esencial de la historia personal de quien la escucha y esta persona se siente interpelada por la Palabra y da una respuesta que transforma o cambia su vida. La Palabra penetra hasta lo más hondo de la persona y ésta revisa su historia personal en función de la Palabra. Es como si toda la vida se viera nuevamente bajo el prisma de la Palabra. Entonces la existencia viene vista bajo el prisma de la Palabra. A la invitación de Jesús venid y veréis (Jn 1, 39) los discípulos sienten que la pregunta sobre la identidad de Cristo y su propia identidad queda resuelta, por lo que su vida se transformará en un seguimiento de Cristo. Frente a un Pablo, Pablo, ¿por qué me persigues? (Hch. 9, 4) el judío fogoso de Tarso se transforma de perseguidor en perseguido. La transformación personal es un signo de que la Palabra ha tocado el corazón de la persona.
Síntesis activa. La Palabra llega a descubrir el significado de un mensaje hasta antes desconocido o que no se comprendía del todo. Este significado penetra en el corazón de la persona llevándolo a transformar su vida. Algo semejante sucedió a los apóstoles en Pentecostés cuando logran captar en plenitud el significado de las palabras de Jesús.
Resistencia. La Palabra, lo hemos enunciado, es penetrante y puede causar mal, dolor en la persona. Signo de que ha bajado al corazón, es cuando la Palabra cuestiona , molesta , lo hace sentir mal porque le revela algún aspecto que no está bien del todo en su vida. La vida se confronta con la Palabra y surge el dolor de no sentirse apto para la misión, o de verse con muchas fallas de frente al ideal que propone la Palabra. Esta resistencia ha sido en muchos casos la piedra de toque o el inicio de grandes conversiones, como San Agustín, que leyendo la Palabra siente un desgarrón en su vida por no sentirse con fuerzas para seguir la llamada que Dios le hacía a dejar un estilo de vida muy distinto al que ahora se le proponía.
Identificación. Cuando la Palabra logra que el corazón quiera seguir buscando cada vez más la plena identificación con esa Palabra, es decir, cuando busca que su vida se asemeje cada vez más con lo que propone la Palabra, estamos hablando de una acogida total de la persona que busca hacerse una con la Palabra. Generalmente se da este tipo de identificación con la persona de Jesús. Quien acoge su Palabra no está tranquilo mientras que su vida no se haga una sola con la persona de Jesús o mientras su mensaje no logre penetrar todos los niveles de la persona hasta poder decir como San Pablo “Pero en virtud de la Ley, he muerto a la Ley, a fin de vivir para Dios. Yo estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí”. ( Gal 2, 19 – 20).
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