“Un papa latinoamericano despierta no solamente un sano orgullo sino también acrecidas responsabilidades”. La Providencia pone a la Iglesia y al pueblo de Dios del continente delante de un salto cualitativo de desafío. La primera responsabilidad “es dar resalto a la misión continental”, que tuvo su expresión máxima en Aparecida.
El papa Francisco está atrayendo a personas que se habían alejado de la Iglesia, ha llamado a superar la auto-referencialidad y encierro eclesiástico, e invitó a salir a evangelizar.
“El papa Francisco está mostrando con su ejemplo y palabras lo que quiere de todos los pastores, como cercanía misericordiosa y evangelizadora a su propio pueblo, así como la que quiere de todos los bautizados”, por ello “invitando a compartir la belleza de la experiencia cristiana”.
El actual pontificado “despertará a muchos cristianos dormidos entre nosotros, quedará más alimentada la religiosidad popular y sus manifestaciones, crecerá el sentido de pertenencia a la Iglesia en América Latina, pondrá a la Iglesia y pueblos latinoamericanos en movimiento”.
Saber reasumir, recapitular e incorporar a sí, toda la riqueza de la tradición católica: su santidad, su doctrina, su cultura, su calidad, su misión”. Esto para “dar un salto de calidad en la conciencia y formación de los pastores, en la fidelidad de los consagrados”
El actual pontificado dejará atrás la imagen residual de la Iglesia latinoamericana como “periférica”, más de Iglesia reflejo que de Iglesia fuente.
El pontificado de Francisco “conllevará el peso de una mayor presencia en la vida pública de los países latinoamericanos hacia metas de mayor justicia, equidad y bien común”. Mayor libertad evangélica, porque protagonista y no sometida a regímenes de turno y abrirá nuevas vías y modelos de convivencia “tras el derrumbe de regímenes de socialismo real que han dejado devastaciones humanas, y los paradigmas liberales idólatras de la riqueza que han ya mostrado sus secuela de impotencia e iniquidad”.
“Alentar a los pueblos a ser sujetos de su propio desarrollo, en fraternidad y solidaridad, y no como clientelas asistidas o masas de maniobra asimiladas por el poder de turno”.
“Que el Evangelio es la mejor respuesta, la más adecuada y satisfactoria a la sed de felicidad y justicia que late en el corazón de los latinoamericanos y en la cultura de sus pueblos”.
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