Que a nadie le falte esa actitud del corazón, la de tener que aprender cada dÃa a ser más justos en la vida. Que se nos enseñe dónde habrá que poner una mirada más abierta y disponible, menos egoÃsta o interesada, que se nos enseñe a que no hagamos la nuestra, a que no se diga de cada uno de nosotros: “Este hace la suya”, sino hacer una mirada, una gran mirada que nos haga hermanos, que nos preocupemos siempre por los demás.
Lo vamos a pensar juntos mirándola a Ella. Ofreciendo sus vidas por los otros, rezando por tantas necesidades, las de ustedes o esas que les pidieron que “trajeran” en el corazón hasta aquà los amigos, los vecinos, los familiares… llevá una intención mÃa, pedile a la Virgen por esto… Al llegar al Santuario vivimos esto tan lindo de ser recibidos, y esto es lo que nos llena el corazón, nos da esperanza y asà es como podemos continuar la vida: con la bendición de Jesús y de su Madre.
Con Jesús y con su Madre, es como podemos trabajar por la justicia. Cuando nos reconocemos hijos y hermanos, es cuando en nuestro corazón nace esa actitud generosa por la vida y es cuando buscamos lo
mejor y más grande para los otros.
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