jueves, 11 de abril de 2013

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Nos hemos olvidado de buscar la trascendencia la esencia de las cosas. Nos hemos olvidado pasar de los hechos a las ideas, a las razones que motivan esos hechos. Los acontecimientos deberían ser la puerta que nos llevaran a investigar las razones profundas de esos acontecimientos. Habiendo perdido esta dimensión, esta capacidad de penetrar las cosas es difícil que podamos cuestionarnos sobre los problemas fundamentales de la vida que abren la puerta al acto de la fe. Al perder la capacidad de cuestionarnos sobre el por qué de las cosas, el corazón no encuentra materia apta para hacerla parte de su existencia. Al depositar la vida en cosas que perecen o que pasan, el hombre instintivamente vuelve a buscar materia en dónde apoyar su vida. Es lo que se Juan Pablo II llama poner la vida en falsas esperanzas. “Pero, como han subrayado los Padres sinodales, « el ser humano no puede vivir sin esperanza: su vida, condenada a la insignificancia, se convertiría en insoportable ». Frecuentemente, quien tiene necesidad de esperanza piensa poder saciarla con realidades efímeras y frágiles.


Cuando la Palabra toca el corazón de la persona, significa que toca a toda la persona. De acuerdo a fáctores subjetivos y objetivos, la respuesta puede darse en cualquiera o en todos los niveles de la persona, es decir, en su intelecto, en su voluntad y en su afectividad. Por afectividad, repetimos, no debe entenderse sólo una emoción o un sentimiento pasajero, sino “la resonancia activa en la conciencia del viviente con el ambiente y con su propio estado vital”. Es algo más que una simple vibración interior pasajera que deja al hombre intacto, porque logra una transformación del hombre a partir de una toma de conciencia de sus estados de ánimo modificados por un hecho cualquiera. En este caso, el anuncio de la Palabra es el hecho que resuena en la persona, ya sea en su intelecto, en su voluntad o en sus sentimientos y emociones. Esta resonancia no se limita al aspecto emocional o sentimental, sino que lo lleva a un cambio en la vida. Se expresa muy bien cuando  se dice: “La experiencia afectiva es como una descarga eléctrica, ella mueve toda la existencia de la persona; su naturaleza pasional constituye al mismo tiempo la carga energética del ser humano . Es una tensión del ser, movido en sus necesidades, pulsiones, deseos, de tal forma que en esa experiencia afectiva los sentimientos son energía hecha conciencia”.

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