martes, 9 de abril de 2013

Enderezar

El Evangelio fue proclamado en nuestro Nuevo Mundo hace ya 520 años, esa esperanza se sembró con raíces muy profundas gracias a la gran labor de misioneros llenos de fe y, quienes dejándolo todo vinieron a evangelizar a estas tierras desconocidas y en muchas ocasiones inhóspitas, haciendo parte de su vida y de su historia lo que el mismo Evangelio los impulsaba a realizar; como Jesús lo proclamaba: “Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos, en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 19-20).
En México en 1523 se inició la primera evangelización y tuvimos la gran bendición de parte de Dios, que los primeros evangelizadores fueron hombres  comprometidos con su fe; la gran mayoría de estos misioneros y evangelizadores de aquellos años fueron de lo mejor que había en Europa, empezando por los tres primeros franciscanos de origen belga que pisaron estas tierras del Anáhuac; y después, en 1524, con la llegada de los 12 primeros franciscanos de origen español, encabezados por Martín de Valencia, y a los que se les llamó los “Doce apóstoles”, obviamente relacionándolos con los doce discípulos y apóstoles que eligió personalmente Jesucristo, nuestro Señor, para venir a dar la luz del Evangelio. Personalidades como fray Pedro de Gante, fray Bernardino de Sahagún, fray Toribio de Benavente, llamado Motolinia, el mismo fray Juan de Zumárraga, mi dignísimo antecesor, primer obispo y arzobispo de México, y tantos otros que entregaron su vida en la misión que Dios les encomendó. Ellos, tanto franciscanos como dominicos y otras comunidades religiosas que llegaron un poco después, defendieron con su propia sangre a los indígenas. Ellos fueron quienes trataron también de enderezar a sus paisanos por las sendas de la justicia y de la paz. Ellos serán siempre vivamente recordados como esos testigos de la fe que la vivieron con buenas obras y que la sembraron profundamente. Estos grandes hombres, de alguna manera, fueron elegidos también por nuestra amada Santa María de Guadalupe para catequizar, formar y llevar a los naturales de estas tierras a formar parte de la Iglesia Católica. La Madre de Dios siempre condujo y conduce a todo nuestro pueblo a su Hijo amado, por ende a la Iglesia Católica; es Ella el modelo de evangelización perfectamente inculturada, y en donde estos valientes y fieles hombres tenían mucho que aportar.
Santa María de Guadalupe es esa Estrella de la primera y de la nueva evangelización que nos guía al Salvador; Ella es la mujer de fe, la mujer del “fiat” permanente ante la voluntad de su Creador, por ello es coronada como Reina del Universo y hoy celebramos el 117 aniversario de esta Coronación Pontificia; por ello celebramos todos nosotros, que somos este pueblo creyente, la llamada “Misa de las Rosas”, en donde se conjugan otros tantos eventos importantes, como hemos venido señalando, y que de alguna manera adornan esta misma corona. Como son cada una de las expresiones que los Santos Pontífices han proclamado en un día como hoy y en donde manifiestan puntos importantes acerca de la Virgen del Tepeyac con una profunda inspiración que viene del mismo Espíritu Santo.
Como por ejemplo el Papa Pío XII expresó: “Y así sucedió, al sonar la hora de Dios para las dilatadas regiones del Anáhuac […] cuando a las orillas del lago de Texcoco floreció el milagro. En la tilma del pobrecito Juan Diego –como refiere la tradición– pinceles que no eran de acá abajo dejaban pintada una imagen dulcísima, que la labor corrosiva de los siglos maravillosamente respetaría.”
Y Juan XXIII decía: “La siempre Virgen Santa María […] con cara de mestiza entre el indio Juan Diego y el Obispo Zumárraga, como para simbolizar el beso de dos razas [...] Primero Madre y Patrona de México, luego de América y de Filipinas;  el sentido histórico de su mensaje iba cobrando así plenitud, mientras abría sus brazos a todos los horizontes en un anhelo universal de amor.”

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