lunes, 26 de junio de 2017

Ejercemos

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Para recibir fe, para tener fe, para crecer en la fe hay que escuchar a Cristo, mirar a Cristo, estar con Cristo, así podemos tener fe. El que está con Cristo y ve como Cristo le cambia la vida a la gente, cada día cree más.
El que oye a Cristo y queda fascinado por la Palabra de Cristo no queda sugestionado sino que queda convencido, enamorado, seducido de Cristo; así nace la fe y la fe se convierte en una fuerza impresionante que se adueña de nuestro corazón y que hace posible que nosotros vivamos a la manera de Cristo, así el mundo entero se nos venga encima.

Creemos en Cristo y ejercemos fe en los sacramentos, en las obras de misericordia, en la evangelización, en las virtudes que guardan y adornan nuestra vida; ejercemos fe, e incluso hay veces que esa fe se manifiesta con algunos dones extraordinarios, dones de profecía, dones de sanción, dones de liberación, esos dones son muy bellos, pero no son la única expresión de la fe.

Inmortal


El sentido de lo bello es un instinto inmortal, profundamente enraizado en el espíritu del hombre. Es el que le proporciona delicias en múltiples formas de sonidos, aromas y sentimientos entre los cuales habita. Así como el lirio se refleja en el lago y los ojos de Amarilis en el espejo, así la mera repetición oral o escrita de esas formas, sonidos, colores, aromas y sentimientos, es una duplicada fuente de placer.
Los seres humanos estamos hechos para la belleza. No sólo para el alimento, el trabajo, el descanso, el conocimiento o el lenguaje. También y muy principalmente para la belleza. Por eso nunca nos cansamos de admirar la primavera y el otoño, ni de contemplar la Vista de Delft o la Piedad de Miguel Ángel, ni de escuchar La flauta mágica Por estar hechos para la belleza buscamos, siempre y sobre todo, el amor. La llamada de la belleza no es una urgencia fisiológica, ni tiene valor biológico de superviviencia, pero es inequívoca y constante, y está estrechamente relacionada con la aspiración humana a la plenitud. Stendhal dijo magníficamente que "la belleza es una promesa de felicidad". La experiencia estética, tanto en la creación artística como en la contemplación de la belleza, tiene un alto valor ético y pedagógico, pues nos enseña y nos hace mejores. Platón decía que el alma humana, a través del amor a la belleza, se eleva desde sus carencias e imperfecciones hasta la plenitud de la verdad y del bien: por eso la belleza y el amor serán los objetos primeros del filosofar. Ello es posible, de entrada, porque el sentir humano es un sentir estético. La estética (del griego aisthesis, sensación), es la reflexión sobre la capacidad humana de sentir la belleza, que en su origen es siempre percibida por los sentidos.
La llamada de la belleza no parece responder a ninguna necesidad concreta. Los hombres primitivos hicieron cuencas de arcilla cocida para aplacar con más facilidad su hambre y su sed, y también para conservar y trasladar mejor la comida y la bebida. Lo que no sabemos es por qué adornaron sus vasijas con una cenefa de figuras geométricas. Esa decoración no sirve para nada, no cumple ninguna finalidad biológica, y por eso mismo revela que los hombres no sólo buscan satisfacer sus necesidades, sino lograr también que las cosas sean o parezcan hermosas. Una necesidad, como hemos dicho, que no parece tener nada de fisiológica, y sí de espiritual.
Definir la belleza es posible e insatisfactorio al mismo tiempo. Decir, que lo bello se basa en la armonía y la simetría, o que se trata de un sentimiento subjetivo, o que es el resplandor del bien, es manifestar la indefinición del concepto. En su Crítica del juicio, Kant afirma que "es bello lo que complace universalmente sin concepto". No quiere decir que todos coincidamos en estimar hermosas las mismas cosas, sino más bien que sólo llamamos "bello" a lo que sentimos que debe ser considerado así por todo el mundo. Si el concepto es lo que sirve para identificar y explicar una realidad determinada, afirmar que lo bello "no tiene concepto" significa que no tenemos un criterio seguro para identificar y evaluar la belleza. Podemos identificar conceptualmente un cielo estrellado y un templo dórico, pero no tenemos una regla o un modelo que nos permita establecer si el cielo y el templo son hermosos, ni en qué medida, ni por qué lo son.

La estética tiene dos grandes ámbitos de estudio: la naturaleza y el arte. En ambos casos, lo que admiramos es la belleza. El arte es un hecho específico del ser humano. Ni el nido del pájaro ni su bellísimo canto son obras de arte, porque no responden a su libertad creativa. Por tanto, no es la belleza lo que marca la diferencia, sino la creatividad humana. 

Abajarme


Si no hemos sido consolados por Dios, no podemos consolar a otros; si no hemos sido destinatarios de compasión, no podemos ser fuentes de compasión. En la medida que me reconozco como hombre tirado en el camino, que ha recibido la visita del Dios compasivo, en esa medida, transformado por esa compasión, también yo adquiero el don, la capacidad de agacharme, de abajarme ante el hermano. Necesito recibir misericordia, porque necesito dar misericordia.
 Son tantas y tan bellas las reflexiones que nos da el evangelio. Recibir la visita del Buen Samaritano, a que reciba el aceite, tan bella esa imagen del aceite, la unción. El samaritano ungió al pobre hombre que estaba caído, pues eso también necesitamos nosotros, necesitamos la unción del Espíritu.
Pidamos entonces al Señor que nos de la unción de su Espíritu, para que seamos transformados, para que seamos no sólo objetos de misericordia, sino sujetos capaces de dar misericordia a los hermanos.

Que Dios se alegre en nosotros, que su Evangelio suceda en nosotros, y a través de nosotros, en el mundo 

Galatas 1,16

A través de la predicación, a través de la gracia del Espíritu Santo, que es el Predicador interior, como que ese Cristo despierta y aparece ante los ojos del ser humano, y entonces podemos decir como  San Pablo: "Se dignó revelar a su Hijo en mí" Carta a los Gálatas 1,16.
Es muy interesante lo que dice en otro lugar el Apóstol San Pablo, que "Cristo murió para reunir a los hijos de Dios dispersos".
La predicación del Evangelio es para reunir al pueblo que ya le pertenece a Dios; ya son suyas todas las naciones; son suyas todas las vidas; son suyas todas las historias.
Se llega a agregarle algo a la vida, a despejar, por la fuerza del Espíritu Santo, a despejar, por una obra nueva de la gracia, eso que ya está, de algún modo en el corazón, para que esa persona descubra, también el Dios la había elegido y la había llamado a la gracia.
Siguendo las huellas de San  Pablo, y siguiendo este escrito a los Gálatas, recibamos esta preciosa catequesis que nos da el Apóstol sobre lo que significa ser predicadores.
 El prójimo es aquel que me rompe mi proyecto, el prójimo es aquel que me interrumpe, es aquel que me interrumpe mi proyecto aquel porque irrumpe en mi vida. En la medida que el prójimo rompe,es la misma raíz de irrumpir, de interrumpir; en la medida en que el prójimo rompe con esa lógica, con ese proyecto, con ese deseo que yo tenia, en esa medida se convierte en prójimo mío.
El samaritano, fundamentalmente, se compadece. Ese es otro aspecto hermoso para meditar o para agradecer, por algo se ha llamado al mismo Cristo judío, se le ha llamado el Buen Samaritano.
Jesucristo, el Buen Samaritano. Y lo es sobre todo por esa palabra, la palabra compasión, la palabra misericordia. Esta es la palabra grande, indudablemente, de la Biblia, la palabra grande que en cierto modo llena todo el Nuevo Testamento: la compasión. Por compasión ha venido Cristo a esta tierra, por su compasión y misericordia somos redimidos, por compasión se abaja.
En el caso de la parábola, sucede ante nuestros ojos, se agacha, se abaja. Tener compasión es eso, es bajar con el otro, bajar a la situación, a la verdad, a la realidad, al dolor del otro. Eso fue lo que hizo el buen samaritano.
Nosotros necesitamos esa misericordia de dos maneras: la necesitamos porque nosotros estamos caídos y necesitamos redención, y la necesitamos para poder darla a otros.

Vienen a la mente las palabras del Apóstol San Pablo cuando dice: "Nosotros llegamos a consolar a los demás con el consuelo que hemos recibido de Dios" 2 Corintios 1,4, dice en algunas de sus Cartas a los Corintios.

Germen

San Pablo habla de la justificación, habla de llegar a ser justo.  Ser justos en la Biblia es algo más que eso. Ser justos es estar habitado, estar poseído por la justicia de Dios, estar a paz y salvo con Dios.
Allí donde está Dios, no cabe la injusticia, cuando en la Biblia se habla de justicia,  sino se está pensando en la manera de relacionarse con Dios.
Ser justo ante Dios es poder permanecer en su presencia, es estar en una relación abierta con Él, una relación sincera, una relación sin tropiezos. Más o menos como lo que sucede cuando dos personas está en buenos términos, cuando son buenos amigos, cuando no hay problemas entre ellos, cuando se entienden; eso es es lo que quiere decir justo. Es una relación de claridad, de amistad, estar a paz y salvo con Dios, estar tranquilo ante Dios.
 Es una relación de amistad, es una atmósfera en la que no hay nada que ocultar, en la que no hay nada que esconder.
. Llegar a la justificación es estar a paz y salvo con Dios; es poder sentir que no tengo nada que esconder a Dios, que puedo tratarlo con una relación abierta, sincera, como la de un hijo que está feliz al lado de su papá o de su mamá.
La redención es un regalo por el que Dios comprende, por el que Dios abarca, envuelve nuestra miseria y entiende lo que somos.
22 La solidaridad atraviesa todos los aspectos de la vida humana. No es solamente comunión de oraciónes. Oramos los unos por los otros, tiene que irse viendo la solidaridad en todos los aspectos.
Cuando cultivamos los dones de contemplación, cuando aspiramos a la escucha de la Palabra de Dios, no sólo estamos ofreciendo a nuestra vida lo que más necesita, sino estamos también manifestando cuál es la gracia que nos ha hecho Cristianos, y estamos también sirviendo de modo especial, de modo singular a la Iglesia.
Así pasa con el afán contemplativo, así pasa con el ardor enamorado que busca a Cristo sobre todas las cosas, que busca escucharle, adorarle, contemplarle.
Si ese celo,si ese anhelo, si esa sed no está en la Iglesia quiere decir que el anhelo último no va a ser el anhelo comtemplativo, Y caerá sobre ella aquella palabra de Pablo: "Todos buscan en los intereses personales, no en los de Cristo Jesús" Carta a los Filipenses 2,21.
Por eso te suplicamos, Cristo, renueva en nosotros el ardor en la escucha de tu Palabra, regala a tu Iglesia una generación de verdaderos contemplativos, gente que refleje en su modo de orar y amar algo de la gratuidad con la que tú has querido ocuparte de nosotros.
Convertir nuestra vida en ese lugar donde se proyecta, donde se muestra, donde se revela Dios. Descubrir en la propia vida a Cristo, no como un extraño, no como una idea peregrina que la puedo adoptar o no adoptar, sino como una presencia que ya está en mí, pero que de pronto se esclarece.

La luz del Espíritu Santo, como que despierta esa presencia, y hace que ese ser humano pueda descubrir, en si mismo, la Obra de Cristo. Parece que esa es la clave de una verdadera, de una profunda conversión.

Cristo no es una filosofía; Cristo, de alguna manera, está ya en nosotros, porque todo fue creado por El; y porque en su sacrificio redentor hay una voluntad explícita de salvación para todo ser humano, por eso Cristo "reposa", por así decirlo, ya en el alma humana, está ahí como dormido, como un gérmen, está ahí el Cristo.

domingo, 25 de junio de 2017

Seducir

DEJÉMONOS SEDUCIR
sedujiste, Señor, y me dejé seducir; fuiste más fuerte que yo y me venciste»
«Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir»... Así habla el Profeta.
Esta palabra suya de ahora no es el relato historia de su vocación, sino la explicación única que él puede darse a sí mismo para descifrar el misterio de su vida, el porqué de su ministerio profético; es la razón de su quehacer, de su vivir, de su luchar, de su sufrir: «Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; fuiste más fuerte que yo y me venciste».
San Pablo habla con lenguaje que es a la vez lenguaje de amor y lenguaje de poder; de un amor que se vale del poder para provocar una respuesta. Y el hombre responde: «Me dejé seducir... me venciste».
Es la historia de Jeremías y es la de muchos otros profetas que, en aquel tiempo o en éste, han escuchado el llamado, la invitación. 

jueves, 22 de junio de 2017

Brota







La oración brota de la escucha de Jesús, de la lectura del Evangelio, no olvidemos  cada día leer un pasaje del Evangelio. La oración brota de la confianza con la Palabra de Dios
El espíritu de la oración restituye el tiempo a Dios, reencuentra la paz de las cosas necesarias y descubre la alegría de los dones inesperados. Unas buenas guías para esto son las dos hermanas Marta y María, de quienes habla el Evangelio;  ellas aprendieron de Dios la armonía de los ritmos familiares:la belleza de la fiesta, la serenidad del trabajo, el espíritu de oración.
Salmo 14: “¿Quién será grato a tus ojos, Señor?”.
Santiago 1, 17-18. 21-22. 27: “Pongan en práctica la palabra”.


Deuteronomio 4, 1-2. 6-8: “No añadirán nada a lo que les mando… Cumplan los mandamientos del Señor”.
San Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23: “Dejan a un lado el mandamiento de Dios para aferrarse a la tradiciòn

miércoles, 21 de junio de 2017

Santìsimo


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Oh, Santísimo Jesús, que aquí sois verdaderamente Dios escondido;
concededme desear ardientemente, buscar prudentemente, conocer verdaderamente y cumplir perfectamente en alabanza, y gloria de vuestro nombre todo lo que os agrada. Ordenad, ¡oh Dios mío!, el estado de mi vida; concededme que conozca lo que de mí queréis y que lo cumpla corno es menester y conviene a mi alma. Dadme, oh Señor Dios mío, que no desfallezca entre las prosperidades y adversidades, para que ni en aquellas me ensalce,
ni en éstas me abata. De ninguna cosa tenga gozo ni pena, sino de lo que lleva a Vos o aparta de Vos. A nadie desee agradar o tema desagradar sino a Vos. Séanme viles, Señor, todas las cosas transitorias y preciosas todas las eternas. Disgústeme, Señor, todo gozo sin Vos, y no ambicione cosa ninguna fuera de Vos. Séame deleitoso, Señor, cualquier trabajo por Vos, y enojoso el descanso sin Vos.
Dadme, oh Dios mío, levantar a Vos mi corazón frecuente y fervorosamente, hacerlo todo con amor, tener por muerto lo que no pertenece a vuestro servicio, hacer mis obras no por rutina, sino refiriéndolas a Vos con devoción.
 Hacedme, oh Jesús, amor mío y mi vida, obediente sin contradicción, pobre sin rebajamiento, casto sin corrupción, paciente sin disipación, maduro sin pesadumbre, diligente sin inconstancia, temeroso de Vos sin desesperación, veraz sin doblez; haced que practique el bien sin presunción que corrija al prójimo sin soberbia, que le edifique con palabras y obras sin fingimientos.
Dadme, oh Señor Dios mío,
un corazón vigilante que por ningún pensamiento curioso se aparte de Vos; dadme un corazón noble que por ninguna intención siniestra se desvíe; dadme un corazón firme que por ninguna tribulación se quebrante; dadme un corazón libre que ninguna pasión violenta le domine.  
Otorgadme, oh Señor Dios mío, entendimiento que os conozca, diligencia que os busque, sabiduría que os halle, comportamiento que os agrade, perseverancia que confiadamente os espere, y esperanza que, finalmente, os abrace. Dadme que me aflija con vuestras penas aquí por la penitencia,

y en el camino de mi vida use de vuestros beneficios por gracia, y en la patria goce de vuestras alegrías por gloria. Señor que vivís y reináis, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.  

Tema







¡Es tan linda esa expresión! Porque rojo que se vuelve blanco, significa dolor que se vuelve gloria, Cruz que se vuelve Resurrección, padecer que se vuelve celebrar. Rojo que se vuelve blanco, significa, que esa Sangre que Cristo derramó por nosotros, esa Sangre que nuestra violencia arrancó e hizo brotar de las venas de Cristo, es donación que el mismo Cristo ofrece para perdón nuestro. Es decir, que la violencia de nosotros quedó bañada en la sobreabundancia del amor divino.
Ese es el tema de los colores. "-¿De qué color es el Corazón?" "-Rojo". "-No, señor, no es solamente rojo. El Corazón de Cristo tiene un color que se llama, rojo que se vuelve blanco".
El rojo expresa también la vida de los sacramentos, y el blanco expresa muy bien la presencia del Espíritu, la obra de la gracia. Cuando Cristo estaba en un momento de intensísima unión de oración con el Padre, nos dice la Escritura en el episodio de la Transfiguración: "Brillaba su rostro y sus ropas se pusieron blancas como nadie las podría blanquear" (véase San Mateo 9,2-3).
El blanco es el color del Espíritu, es el color de la gloria, es el color de la santidad. Rojo que se vuelve blanco, significa entonces, la vida de los sacramentos y la vida de la gracia, la vida de la santidad.
Ese es el Corazón de Jesucristo, y ésto es lo que queríamos decir sobre los colores. Entonces ya sabe cuál es la respuesta: "-¿Cuál es el color del Corazón de Cristo? ¿Es...?" "-Rojo que se vuelve blanco". "¡Éso es! Eso sí está bien dicho. No es rojo y blanco; claro que en una bandera, pues toca representarlo así: rojo y blanco. Pero es, rojo que se vuelve blanco. ¡Rojo que se vuelve blanco!".
Otra manera mística de interpretar, rojo que se vuelve blanco, es lo que sucede entre la Cruz y la Eucaristía. La Cruz tiene todo el espanto de la Sangre. La Eucaristía tiene todo el esplendor de la blancura, de la gracia, de la santidad.
La Eucaristía es el mismo sacrificio de la Cruz, pero sin el escándalo horripilante de la crueldad. "Cruor", de donde viene la palabra "crudelis" en latín, o sea cruel, significa sangre en latín. De manera que cuando nosotros contemplamos a Cristo en el Calvario, o cuando adoramos a Cristo en la Eucaristía, se tiene el mismo misterio

Jesùs y Marìa






Santísimos corazones de Jesús y María,
unidos en el amor perfecto,
como nos miráis con misericordia y cariño,
consagramos nuestros corazones,
nuestras vidas, y nuestras familias a Vosotros.

Conocemos que el ejemplo bello
de Vuestro hogar en Nazaret fue un modelo
para cada una de nuestras familias.
Esperamos obtener, con Vuestra ayuda,
la unión y el amor fuerte y perdurable
que Os disteis.

Qué nuestro hogar sea lleno de gozo.
Qué el afecto sincero, la paciencia, la tolerancia,
y el respeto mutuo sean dados libremente a todos.
Qué nuestras oraciones
incluyan las necesidades de los otros,
no solamente las nuestras.
Y qué siempre estemos cerca de los sacramentos.

Bendecid a todos los presentes
y también a los ausentes,
tantos los difuntos como los vivientes;
qué la paz esté con nosotros,
y cuando seamos probados,
conceded la resignación cristiana
a la voluntad de Dios.

Mantened nuestras familias cerca
de Vuestros Corazones;
qué Vuestra protección
especial esté siempre con nosotros.

Sagrados Corazones de Jesús y María,
escuchad nuestra oración.

domingo, 18 de junio de 2017

Libre




Señor, yo creo, yo quiero creer en Ti.
Señor, haz que mi fe sea pura, sin reservas, y que penetre en mi pensamiento, en mi modo de juzgar las cosas divinas y las cosas humanas.
Señor, haz que mi fe sea libre, es decir, que cuente con la aportación personal de mi opción, que acepte las renuncias y los riesgos que comporta y que exprese el culmen decisivo de mi personalidad: creo en Ti, Señor.
Señor, haz que mi fe sea cierta: cierta por una congruencia exterior de pruebas y por un testimonio interior del Espíritu Santo, cierta por su luz confortadora, por su conclusión pacificadora, por su connaturalidad sosegante.
Señor, haz que mi fe sea fuerte, que no tema las contrariedades de los múltiples problemas que llena nuestra vida crepuscular, que no tema las adversidades de quien la discute, la impugna, la rechaza, la niega, sino que se robustezca en la prueba íntima de tu Verdad, se entrene en el roce de la crítica, se corrobore en la afirmación continua superando las dificultades dialécticas y espirituales entre las cuales se desenvuelve nuestra existencia temporal.
Señor, haz que mi fe sea gozosa y dé paz y alegría a mi espíritu, y lo capacite para la oración con Dios y para la conversación con los hombres, de manera que irradie en el coloquio sagrado y profano la bienaventuranza original de su afortunada posesión.
Señor, haz que mi fe sea activa y dé a la caridad las razones de su expansión moral de modo que sea verdadera amistad contigo y sea tuya en las obras, en los sufrimientos, en la espera de la revelación final, que sea una continua búsqueda, un testimonio continuo, una continua esperanza.

Señor, haz que mi fe sea humilde y no presuma de fundarse sobre la experiencia de mi pensamiento y de mi sentimiento, sino que se rinda al testimonio del Espíritu Santo, y no tenga otra garantía mejor que la docilidad a la autoridad del Magisterio de la Santa Iglesia.

viernes, 16 de junio de 2017

Derrame


 En realidad en todo acto bueno estamos abriendo la puerta a Dios para que derrame y relice su bondad a través de nosotros. Pero el resumen de toda bondad es el amor, y es importante que a uno no se le olvide amar.
Siendo yo un estudiante de teología fui a confesarme con un sacerdote de nuestra casa de formación. Presenté mi lista de miserias, y esperaba yo una lista de recomendaciones, pero el padre en cuestión, un hombre ya mayor, en vez de hacer como un recuento detallado de lo que yo le había dicho, y en vez de presentar una lista detallada de recomendaciones, lo que hizo fue tomarme del brazo y decirme: "Que no se te olvide amar a Dios".
De un solo golpe estaba regresando él mi corazón a lo central: entre tantas cosas que hay que hacer, que no se nos ovide amar; entre tantas cosas que hay que decir, que no se nos olvide pronunciar aquello que da testimonio del amor, y proclamar el amor que hemos recibido.
Que no se te olvide amar. Yo creo que esa puede ser la mejor conclusión de neuestro retiro espiritual. Que no se nos olvide amar, que empeñemos lo que quede de nuestra vida exactamente en eso. Así decía San Juan de la Cruz: "Que ya mi ejercicio está en amar, o es en amar". Y también él mismo tiene su famosa frase: "En el atardecer de la vida nos examinarán en el amor".
Pidamos al Señor que el amor ocupe el lugar que le corresponde en nuestra vida. La necesidad de aprender tantas cosas que hay que aprender, y capacitarse en todo lo que uno tiene que capacitarse, responder a tantos frentes, hacer tantas tareas, uno puede dispersarse en todo eso.
Que Dios suavemente y eficazmente nos recuerde la primacía de este mandamiento, y que Él mismo lo realice en nosotros.
 El Espíritu Santo es como un nuevo pacto, es como la nueva alianza; Santo Tomás de Aquino dice: “Es la nueva ley”. Nosotros ya no somos guiados por una ley que está grabada en piedra, hay otra ley que obra en nosotros, es norma nuestra, es el Espíritu Santo.
¡Qué hermoso es conocer del Espíritu Santo! En el evangelio le dan nombre al Espíritu Santo, una especie de título, lo llama: “El dedo de Dios”, una expresión que sirve para que conozcamos un poquito más del Espíritu Santo, para que lo amemos más y para que nos dejemos llevar por su maravilloso poder.
El índice, el dedo de Dios nos señale, qué más quisiéramos hoy sino que Cristo Jesús, aquí presente, dijera: “Tú”; qué lindo que Cristo me señale pero que Cristo, según sus propias palabras, no vino al mundo para condenarlo sino para salvarlo.
El dedo de Dios sirve para señalar la salvación.  Dios me señale, ¡qué hermoso! Que Dios ponga sus ojos en mí y me señale, algo ha de estar pensando conmigo.
Nosotros, encontramos en la Biblia que Cristo señaló algunas personas, por ejemplo, una vez estaban los Apóstoles discutiendo cuál de ellos era el más importante y Cristo señaló a un niño y los llamó y le dijo, “Mire, hay que ser como este niño para entrar en el Reino de los cielos” San Marcos 10,14.
Otra vez estaba Cristo entrando a una ciudad y un hombre que era un gran pecador, que se llamaba Zaqueo y que además era un gran enano porque era muy bajito; se trepó a un árbol y desde allí, estaba aguardando a Cristo para ver quién era y Cristo lo señaló: “Tú, tengo que quedarme en tu casa” San Lucas 19,5.
¡Qué suerte, qué cosa tan buena! Cristo señaló a este hombre y desde que Cristo lo señaló, le cambió la vida, porque Él se quedó en la casa de Zaqueo y entonces vino la conversión para él. ¡Qué bueno es que Cristo lo señale a uno!
Hay una canción muy bonita, que se llama "Pescador de Hombres", ésa se refiere también a otro momento, en que Cristo señaló también a unos hombres: a Pedro y a su hermano Andrés, a Santiago y a su hermano Juan, dos parejas de hermanos.
Cristo los señalo a ellos, si no con la mano, lo hizo con la voz y con la mirada y eso nos recuerda esa canción: "Señor, me has mirado a los ojos, sonriendo has dicho mi nombre"; te fijaste en mí, me señalaste, ¡qué suerte para mí! Muchas veces, Cristo pone su atención y señala a la gente que nadie esperaría que señalara.

En la época de Cristo, le tenían mucho odio a los cobradores de impuesto, que se llamaban los publicanos, les tenían un odio terrible porque eran gente injusta y cruel; nadie hubiera esperado que Cristo se fijara en un publicano, un cobrador de impuestos y sin embargo, Cristo iba de camino una vez y estaba un hombre llamado Mateo, que era cobrador de impuestos, y Cristo lo señaló, se fijó en él, le prestó atención y le dijo: "Sígueme" San Mateo 9,9.



Sufrimiento, servicio, dar la vida. Estas tres palabras se entrecruzan, hacen como una trenza en el Evangelio.
Jesús habla de sufrimiento, la madre de los zebedeos habla de dinero, entonces Jesús habla de cáliz, y habla del servicio, y habla de dar la vida.
Sufrimiento, servicio, dar la vida. Queremos servir pero sin sufrir; servir pero, que se nos agradezca; servir y que se vea el servicio, tal vez no que nos agradezcan, pero que se vea el servicio, que dé fruto, pero servir y sufrir, difícilmente. Esto nos muestra que Jesús tenía una enseñanza para todo el mundo, pero también tenía sucesos y palabras muy especiales, muy particulares para los discípulos. Esto no quiere decir que una parte de la doctrina de Cristo debía quedar escondida como esas religiones que tienen doctrinas ocultas, esotéricas, extrañas, que usualmente se supone mágicas.
Jesús tenía enseñanzas especiales para los discípulos, pero también les dijo: "Lo que yo os estoy enseñando en privado, un día tendréis que gritarlo desde las azoteas" San Mateo 10,27.
Es decir, que Jesús tenía enseñanzas muy particulares para los discípulos, pero esas enseñanzas no eran para que quedaran siempre ocultas, sino que la misión particular de Cristo requería que se diera una preparación especial de su grupo de testigos que luego iba a decirle a todo el mundo: "El que murió es el mismo que resucitó" Hechos de los Apóstoles 5,30.
 Jesús que llama en forma particular a los discípulos para darles una enseñanza, para decirles una especie de secreto, una confidencia de amigo, porque los secretos no son para todos, los secretos son para los amigos.
Jesús trata a sus discípulos como amigos, los llama a una intimidad mayor con Él y les cuenta algunos secretos. Y este evangelio de hoy tiene muchos secretos de Cristo. En la primera parte del evangelio aparece la conciencia, la certeza que Cristo tenía de su destino final.
Cristo llama a los discípulos y les cuenta por anticipado cuál va a ser su destino: "al Hijo del hombre lo van a rechazar, lo van a juzgar, lo van a entregar en manos de los paganos y va a ser torturado y va a morir; pero después resucitará" San Mateo 20,18-20. Mostrándonos tan abiertamente su propio destino, Cristo Jesús estaba haciendo muchas cosas en el corazón de aquellos discípulos.
En primer lugar, quería corregir esa tentación que ellos siempre tuvieron: la tentación de imaginarse el amanecer del Reino de Dios como un éxito social, político que se suponía que los iba a poner a ellos en los cargos de gran importancia, porque ya vemos que incluso dos de los discípulos más queridos, Santiago y Juan andaban buscando estos primeros puestos.
Cristo quería corregir esa ambición mostrándoles que el destino de Él no era el de los grandes poderíos, el de los grandes aplausos, sino más bien el destino del oprobio, del rechazo. De ese modo quería corregir en ellos esas pretensiones de poder y de gloria humana.
Por otra parte, hablándoles así, Jesús los estaba preparando, porque definitivamente el acontecimiento de la Cruz, por más palabras y por más explicaciones que nos den, la Cruz es un gran misterio, es un enigma que reta a nuestra inteligencia, que nos deja desconcertados y tal vez desanimados.

Jesús, hablándoles varias veces sobre ese destino y mostrándoles que después de la muerte viene la resurrección, estaba curando en ellos ese escándalo que debía de causarles la Cruz.

Empieza

De aquí vamos a sacar dos enseñanzas para nosotros. Primera, fíjate como Dios sabe transformar las cosas malas en cosas buenas. José permaneció pegado a Dios, y Dios le transformó una desgracia terrible en una oportunidad magnifica; Dios no le cambió el corazón a los hermanos de José, ellos lo odiaban y Dios dejó que lo odiaran.
Dios, nuestro Dios, no es un Dios “mágico”, Dios no nos va a quitar los problemas por arte de magia, Dios no va a suprimir las luchas y los odios por arte de magia, pero, a través de esos mismos odios, a través de esas mismas luchas, Dios va abriendo un camino sorprendente, un camino inesperado.
¿A quién se le hubiera ocurrido que José, que estaba en la peor desgracia metido en ese algibe seco, y que luego lo sacaron para venderlo, a quién se le hubiera ocurrido, por Dios, que ese era el comienzo de una gran bendición para él?
Seguramente a nosotros no se nos hubiera ocurrido eso, seguramente nosotros hubiéramos dicho: "¡Pobre José! Ese es el resultado de toda su confianza en Dios; ¡pobre José! Ahí quedó probado que lo único que vale es la violencia; ¡pobre José! ¡ Y qué raza maldita esta raza humana que no sabe sino destruir a la gente!" Y hubiéramos dicho otras tonterías como esas.
No hay que hablar así, aunque veamos a José vendido como esclavo, humillado, injustamente tratado, vendido, traicionado, aunque veamos así a José, y José puede estar cerca de nosotros en estas casas, en estos barrios, en estos pueblos; aunque veamos a José así perseguido, injustamente tratado, nosotros no debemos hablar mal de Dios, ni hablar mal de la raza humana, ni hablar mal de la historia, ni de las circunstancias.
Porque no sabemos qué está preparando Dios y Dios sabe preparar sorpresas que nadie se imagina, esa es la gran enseñanza que tenemos que tomar nosotros: ¡no sabemos qué esté preparando Dios! Eso es lo grande, amar sabiendo que pasó lo que pasó. Por eso, no hay que pensar que lo mejor del perdón es el olvido, no. Lo mejor del perdón es amar sabiendo que pasó lo que pasó. Y aquí es donde viene lo misterioso, pero también lo grande del perdón, porque normalmente cuando uno se acuerda de lo que pasó, no siente amor.
Si yo recuerdo al que me hizo daño, ¿cómo voy a sentir amor por él? Por eso digo que el perdón es misterioso, el perdón es profundo, ¿cómo puedo recordarlo y amarlo? ¿Cómo puedo sentir amor por él sabiendo que pasó eso que pasó?
La única respuesta es: “Puedo amar porque el amor crea”. El amor es creador, es creativo y crea una situación nueva, una perspectiva nueva, una mirada nueva; el amor hace que yo vea en el daño que me causaron una ventana para asomarme a la miseria, a la enfermedad, a la necesidad, a la carencia del otro.
Lo grande del amor es que me permite mirar, a través de mi propia herida, la herida del otro. Este es el misterio sublime que encontramos en la Cruz. El cuerpo de Jesús es llagado, es abierto por el látigo, por los clavos, por las espinas, pero cuando se abre el cuerpo de Jesús, a través de esas llagas, Jesús mira las llagas de los que le hacen daño.
 Eso es lo grande de ese amor.
El perdón empieza cuando el amor me abre los ojos a la llaga del otro que causó o que quiso causar una llaga en mí. Ahí está lo grande del perdón.
Eso es lo que realiza Dios, sólo Dios puede hacerlo. Viene Dios a nosotros y nos ilumina sobre la condición de aquellos que nos hicieron daño; viene Dios a nosotros y nos muestra la necesidad, la enfermedad, la carencia, la ignorancia.
Por eso Cristo oró diciendo: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" San Lucas 23,34. Es decir, Cristo miraba a través de su propia herida el problema del otro y por eso pudo amar, ese es el amor grande.
Cuando llega Dios a nuestra vida entonces, hace milagros como ese, el perdón es un milagro, es un milagro y es uno de los más bellos milagros. La persona recuerda al otro, sabe de las miserias, sabe del problema del otro, y a través de la herida que el otro le causó, mira la herida que existe en ese otro hermano.

Acostumbrando


El Espíritu Santo nos irá acostumbrando a la voz de Cristo, que como el pincel de un escultor, nos va transformando, nos va dando un nuevo aspecto y nos va comunicando una nueva vida. Personalmente, no he encontrado ninguna frase que me resulte más tranquilizadora, más liberadora, que permanecer delante de Jesús, en el Santísimo Sacramento, con gratitud, porque he recibido tantísimo de Él, mirarlo como mira uno un amigo a los ojos y decirle: "No quiero esconderte nada. Quiero ser un libro abierto ante ti".
Jesús en la Cruz es un libro abierto que nos muestra sus llagas. Cuando nosotros nos encontramos con Jesús, tenemos que ser otro libro abierto, y tenemos que mostrarle nuestras llagas.
La oración es el encuentro de dos libros abiertos.  "Aquí, estan mis llagas. Las llagas de Él establecen una corriente secreta de amor con las mías, y así soy capaz de vencer a la sequía.
Esta conexión secreta, este manantial de amor que refresca el corazón y que hace que se pueda decir: "Creo en Jesucristo y lo adoro como mi Señor y mi Salvador".
Vivamos con gratitud la fe, y les invito a que en toda ocasión cultivemos ese doble secreto: la conciencia: "Voy a oír a mi Señor, voy a oírlo. Voy a oírlo, voy a abrirme a Él", y orar.

Entonces tú, con ese canal secreto de amor, resistes lo que sea.

Hecho

 Dice Cristo, "Mire, el verdadero criterio está en aquel que ame". Es  la idea que nos trae el evangelio de Juan: "Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros, como yo os he amado" San Juan 13,34.







El ministerio de Cristo, lo que Cristo ha hecho es lo que ahora pide en los discípulos. Durante su ministerio público, los discípulos han podido conocer, lo que ha hecho Cristo es: dar de comer al hambriento y de beber al sediento, ejercer la misericordia.
Lo que dice Jesucristo es: "Mi lenguaje, mi discurso, ustedes lo han visto; ha sido misericordia. Hagan eso ustedes. Si ustedes son de los míos, obren como yo".
Siempre que nos tiente esa simplificación o que alguien nos diga:
El amor al prójimo, especialmente de ese cuidado celoso que hay que tener en la piedad con el disminuido, con el pequeño, con el que no tiene fuerzas. "Que no vaya a dormir contigo tu salario, el salario del obrero no puede quedar contigo" Levítico 11,13.
 "Yo soy el Señor" Levítico 19,1-2Levítico 19,11-18, ¿qué significa eso?
Toda la primera lectura,  del Levítico, se resume en la frase última: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" Levítico 19,18, y "yo soy el Señor" Levítico 19,1-2Levítico 19,11-18.
Ese "Yo soy el Señor", encontramos desarrollada la frase: "Yo soy el Señor que te sacó de Egipto, de tierra de la esclavitud. Por eso, amarás al Señor sobre todas las cosas, no utilizarás su nombre en vano, santificarás las fiestas" Deuteronomio 5,6-6Deuteronomio 5,11-12, etc.
"Yo soy el Señor, no es una proclama del poder, yo soy el Señor es una apelación a la memoria: "¿De dónde te saqué? ¿Quién te hizo libre? ¿Quién eras tú y de dónde te saqué?
bLeamos los profetas, sobre todo Ezequiel. Ezequiel contándole de modo gráfico lo que Dios había hecho por él: "Tú eras una pobre bebita agitándose en su sangre, y nadie se acercó a limpiarte el ombligo, porque dabas asco, y tú estabas ahí en el suelo porque nadie quería cargarte, y yo me apiadé de ti, y te limpié, y te abrigué, y te cuidé, y creciste, y ya de mujer te volviste prostituta" Ezequiel 16,4-5Ezequiel 16,6-7;Ezequiel 16,8-15.
Así habla Ezequiel. "Date cuenta de dónde te saqué, mira lo que yo he hecho contigo, fíjate que tú eras pequeño y fui yo quien te hizo grande". Por eso, la memoria de lo que yo he hecho por ti, es lo que te mueve a hacer lo mismo por tu prójimo. "Tú eras nada, y yo te cuidé. Si tú quieres guardar memoria agradecida de lo que yo he hecho por ti, mira cómo vas a tratar a los que son nada."
Los que son pequeños, los que no pueden nada son la memoria viva de lo que tú eras y de lo que yo hice por ti". Ese es el argumento de la Biblia.

El amor al prójimo nace del amor de Dios. "En esto consiste el amor, en que Él nos amó primero" 1 Juan 4,10El amor al prójimo nace del amor de Dios, de saberse amado por Dios. Cuando te encuentres con alguien que no puede nada, ahí está la memoria de lo que tú eras y de lo que yo hice por ti, por eso amas.

Nueva





 Cuando Dios se viene a vivir al corazón de una persona pero no por una noche, sino por un tiempo, Dios empieza también a organizarlo, a decorarlo según la nueva manera de ser, y empieza a quitar cosas y a poner otras, y traslada algunas, y hace algún aseo, y le cambie de color; abre una ventana, pone una cortina, una nueva luz, un nuevo aire.
La santidad de nosotros es el resultado de ser habitados por la santidad de Dios. Cuando Él nos habita nos hace semejantes a Él y nosotros vamos tomando el estilo de Él.
Empezamos a hablar más a su manera que a la que nosotros creíamos nuestra, porque hasta ahora hemos llamado nuestro lo que es quizás, desde todo punto, de capricho, fruto de la moda, fruto de lo que se acostumbra o simple fruto de oponernos a otras personas, por no darle el gusto a ellas.
Dios, en cambio, hace que nosotros alcancemos nuestra verdadera belleza, nuestro verdadero ser; y cuando el corazón va siendo transformado por ese Huésped Divino, que es el Espíritu Santo, entonces resulta semejante a Dios, y ese es un santo, y como ese santo tiene el corazón de Dios, obra con las otras personas como obraría Dios con ellas, y eso es lo que nos ha contado el Evangelio.

Vamos a darle permiso en esta Eucaristía, vamos a darle permiso a Dios de que cambie la decoración, de que organice, pinte, limpie y cambie, y que nos haga semejantes Él.