Si
no hemos sido consolados por Dios, no podemos consolar a otros; si no hemos
sido destinatarios de compasión, no podemos ser fuentes de compasión. En la
medida que me reconozco como hombre tirado en el camino, que ha recibido la
visita del Dios compasivo, en esa medida, transformado por esa compasión,
también yo adquiero el don, la capacidad de agacharme, de abajarme ante el
hermano. Necesito recibir misericordia, porque necesito dar misericordia.
Son tantas y tan bellas las reflexiones que
nos da el evangelio. Recibir la visita del Buen Samaritano, a que reciba el
aceite, tan bella esa imagen del aceite, la unción. El samaritano ungió al
pobre hombre que estaba caído, pues eso también necesitamos nosotros,
necesitamos la unción del Espíritu.
Pidamos
entonces al Señor que nos de la unción de su Espíritu, para que seamos
transformados, para que seamos no sólo objetos de misericordia, sino sujetos
capaces de dar misericordia a los hermanos.
Que
Dios se alegre en nosotros, que su Evangelio suceda en nosotros, y a través de
nosotros, en el mundo
No hay comentarios:
Publicar un comentario