El Espíritu Santo que
ungió a Jesús viene a nosotros, y desde nosotros, desde lo más profundo de
nuestro ser, desde esa región tan íntima que ni siquiera tiene nombre en
nuestras propias vidas, desde ahí, desde las entrañas de nuestro ser hace
brotar una oración purísima, una oración que es concorde plenamente con aquello
que pronunciaron los labios de Jesucristo, el Padrenuestro.
El tiempo pascual tiene
como esos dos centros al mismo tiempo estamos recordando la victoria de Cristo
y preparando la efusión del Espíritu, es decir, la fiesta de Pentecostés, esa
es la fiesta hermosa.Espíritu Santo que ungió a Jesucristo, viene a nuestros corazones para que
nosotros oremos, vivamos y actuemos como Jesucristo reconociendo a Dios Padre.
Ahí está la Trinidad, y ese es el misterio que celebramos .
Está el Espíritu que viene a nosotros,
está Cristo que nos enseña y está el Padre Celestial de quien procede Cristo y
de quien procede el Espíritu.
El Padre Celestial es la fuente de
donde hemos recibido toda bendición, por eso los Padre de la Iglesia, antiguos
y santos predicadores, hablaban del Hijo y del Espíritu como las dos manos, los
dos brazos de Dios Padre.
Papá Dios nos abraza con el Hijo y con
el Espíritu y nos acerca a su corazón. Y ese abrazo paterno, ese abrazo vital
del Espíritu, eso es lo que nosotros queremos celebrar; ese brazo vital que es
del Espíritu y que es de Cristo, pero que tiene su fuente en el Padre, ese
abrazo de nuestro Padre Dios que nos recoge, que recoge todo nuestro ser, que
recoge nuestros anhelos más profundos, que recoge nuestras esperanzas más
íntimas, nuestras alegrías más puras, eso celebramos en esta hermosa fiesta de
la Santísima Trinidad.
Y por eso yo quiero destacar aquella
frase que está en la conclusión de la Segunda Carta a los Corintios, eso es
allá en el capítulo trece, cuando dice el Apóstol San Pablo: "La gracia de
Nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios nuestro Padre y la comunión del
Espíritu Santo estén siempre con ustedes" 2 Corintios 13,13.
Ahí está la Trinidad, ahí está el
misterio de Dios para que lo recibas, para que lo vivas, para que lo abraces.
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