Jesús
decía una comparación, y cómo no le entendían , entonces le preguntaban en
privado: "Oye, ¿qué quiere decir?" Dice la Escritura: "En
privado le preguntaban: ¿qué quiere decir esa parábola del Sembrador?" San Mateo 13,36.
Los
discípulos dicen: "Ahora sí que hablas claro, no utilizas comparaciones, y
ahora, ya no tenemos qué preguntarte"? San Juan
16,29-30.
Esto
quiere decir que en el momento de la Última Cena Jesús reveló lo que era el
Reino. Los discípulos se dieron cuenta que estaba hablando claramente y
entonces dijeron: "Ahora sí hablas claro" San Juan 16,29,
"y ahora sabemos que saliste de Dios” San Juan 16,30.
Le
dicen: "Ahora creemos que saliste de Dios" San Juan 16,30.
Y Cristo les responde: "¿Qué, ahora, creéis? Está para llegar la hora,
mejor, ya llegó, en que os dispersaréis cada uno poe su lado y me dejaréis
solo; pero yo no estoy solo, pues el Padre está conmigo" San Juan
16,31-32.
Sólo
el que es íntimo de Jesucristo comprende los misterios de la Cena. El que no es
íntimo de Jesucristo, así diga con sus palabras que cree en la Presencia de
Cristo en la Eucaristía, se le escapa el misterio.
La
Eucaristía, ¡óigalo bien! Va a ser solamente otra comparación.
Jesús
les dice: "Muchas cosas más tendría para deciros, pero no podréis cargar
con ellas” San Juan 16,12.
Podrá
decirnos sus palabras de amor. Podrá revelarnos los secretos últimos de su
corazón, porque Jesús es, la persona más servicial del universo.
Jesús
ve que tú estás necesitando algo, que tú le pones por delante tu necesidad, o
tu interés, Jesús va a responder en primer lugar a tu necesidad y a tu interés.
Lo de Él no lo va a decir.
Gracias
Padre por darnos a Cristo es el primer lugar donde Dios reina, y por
consiguiente, se abre el corazón de Jesús, sabremos cómo es el Reino de Dios.
Mejor
dicho, ya sé que te importamos demasiado, que tú harás lo que quieras. Importas
tú, Señor, nos acercamos a El como nosotros en nuestra cercanìa.
"Ahora sí que hablas claro y no usas
comparaciones" San Juan 16,29.
Es que la claridad más grande de Cristo, es el propio Cristo. Cuando Jesús abre
su propio ser, entendemos qué es el Reino de Dios.
Para
que Jesús abra su alma. Para que Jesús declare su corazón al ritmo que quiera,
como Él quiera. Él que está ante Jesús así y lo contempla así, ve sin
comparaciones qué es el Reino de Dios.
Pero
cuando uno por fin ve a Cristo, y se sienta, como estos amigos a oírlo, que
diga lo que tiene que decir.
Del
trece al diecisiete, son cuatro capítulos, donde Jesús se puso hablar de la
llegada del Paráclito, de que Él era la Vid verdadera, se puso hablar de lo que
era permanecer en Él y dar fruto.
Por
fin pudo hablar Él, no lo que la gente quería oír, sino lo que Él quería decir.
vaya a realizar, no lo que yo quisiera que Él realizara, que Él hiciera por
mí.
El
que obra así llega a ser plenamente contemplativo y ya no tiene que hacer
ninguna pregunta. Ellos, deleitados en su corazón, saciados en su alma, le
dicen: "Ahora, sí que hablas claro y ya no necesitamos preguntarte
nada" San Juan 16,29.
El
que ve a Cristo así con mirada de amigo, con tiempo, con escucha, con
desinterés, con amor, ve el misterio de Cristo, y ahí ve a Dios hasta donde
puede ser visto en esta tierra, que desde luego no es la plenitud última, que
sólo se alcanza en el cielo.
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