San
Pablo habla de la justificación, habla de llegar a ser justo. Ser justos en la Biblia es algo más que eso.
Ser justos es estar habitado, estar poseído por la justicia de Dios, estar a
paz y salvo con Dios.
Allí
donde está Dios, no cabe la injusticia, cuando en la Biblia se habla de
justicia, sino se está pensando en la
manera de relacionarse con Dios.
Ser
justo ante Dios es poder permanecer en su presencia, es estar en una relación
abierta con Él, una relación sincera, una relación sin tropiezos. Más o menos
como lo que sucede cuando dos personas está en buenos términos, cuando son
buenos amigos, cuando no hay problemas entre ellos, cuando se entienden; eso es
es lo que quiere decir justo. Es una relación de claridad, de amistad, estar a
paz y salvo con Dios, estar tranquilo ante Dios.
Es una relación de amistad, es una atmósfera
en la que no hay nada que ocultar, en la que no hay nada que esconder.
. Llegar a la justificación es
estar a paz y salvo con Dios; es poder sentir que no tengo nada que esconder a
Dios, que puedo tratarlo con una relación abierta, sincera, como la de un hijo
que está feliz al lado de su papá o de su mamá.
La
redención es un regalo por el que Dios comprende, por el que Dios abarca,
envuelve nuestra miseria y entiende lo que somos.
22 La solidaridad atraviesa todos los aspectos de la vida
humana. No es solamente comunión de oraciónes. Oramos los unos por los otros, tiene
que irse viendo la solidaridad en todos los aspectos.
Cuando
cultivamos los dones de contemplación, cuando aspiramos a la escucha de la
Palabra de Dios, no sólo estamos ofreciendo a nuestra vida lo que más necesita,
sino estamos también manifestando cuál es la gracia que nos ha hecho
Cristianos, y estamos también sirviendo de modo especial, de modo singular a la
Iglesia.
Así
pasa con el afán contemplativo, así pasa con el ardor enamorado que busca a
Cristo sobre todas las cosas, que busca escucharle, adorarle, contemplarle.
Si
ese celo,si ese anhelo, si esa sed no está en la Iglesia quiere decir que el
anhelo último no va a ser el anhelo comtemplativo, Y caerá sobre ella aquella
palabra de Pablo: "Todos buscan en los intereses personales, no en los de
Cristo Jesús" Carta a los Filipenses 2,21.
Por
eso te suplicamos, Cristo, renueva en nosotros el ardor en la escucha de tu
Palabra, regala a tu Iglesia una
generación de verdaderos contemplativos, gente que refleje en su modo de orar y
amar algo de la gratuidad con la que tú has querido ocuparte de nosotros.
Convertir
nuestra vida en ese lugar donde se proyecta, donde se muestra, donde se revela
Dios. Descubrir en la propia vida a Cristo, no como un extraño, no como una
idea peregrina que la puedo adoptar o no adoptar, sino como una presencia que
ya está en mí, pero que de pronto se esclarece.
La luz del Espíritu Santo, como que despierta esa presencia, y hace que
ese ser humano pueda descubrir, en si mismo, la Obra de Cristo. Parece que esa
es la clave de una verdadera, de una profunda conversión.
Cristo
no es una filosofía; Cristo, de alguna manera, está ya en nosotros, porque todo
fue creado por El; y porque en su sacrificio redentor hay una voluntad
explícita de salvación para todo ser humano, por eso Cristo "reposa",
por así decirlo, ya en el alma humana, está ahí como dormido, como un gérmen,
está ahí el Cristo.
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