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Para
recibir fe, para tener fe, para crecer en la fe hay que escuchar a Cristo,
mirar a Cristo, estar con Cristo, así podemos tener fe. El que está con Cristo
y ve como Cristo le cambia la vida a la gente, cada día cree más.
El
que oye a Cristo y queda fascinado por la Palabra de Cristo no queda
sugestionado sino que queda convencido, enamorado, seducido de Cristo; así nace
la fe y la fe se convierte en una fuerza impresionante que se adueña de nuestro
corazón y que hace posible que nosotros vivamos a la manera de Cristo, así el
mundo entero se nos venga encima.
Creemos
en Cristo y ejercemos fe en los sacramentos, en las obras de misericordia, en
la evangelización, en las virtudes que guardan y adornan nuestra vida;
ejercemos fe, e incluso hay veces que esa fe se manifiesta con algunos dones
extraordinarios, dones de profecía, dones de sanción, dones de liberación, esos
dones son muy bellos, pero no son la única expresión de la fe.
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