San Juan, después de que Cristo se aparece a
los Apóstoles ya resucitado; se aparece a los Apóstoles y realiza nuevamente un
milagro de pesca milagrosa, es cuando Pedro arrastra hasta la orilla una red de
ciento cincuenta y tres peces, y llegan allá a la orilla.
Dice
el Evangelista: “Ninguno de los que estaban allí presentes le preguntó quién
era, por que todos los que estaban allí sabían que era el Señor” San Juan 21,12.
Después
de esa multiplicación, Jesús le pregunta a Pedro si le ama, le pregunta por
tres veces, y después le encomienda el cuidado de las ovejas y de los corderos,
y finalmente, le dice esta palabra: “Sígueme” San Juan 21,12.
La
misma palabra que le había dicho al mismo Pedro meses, muchos meses atrás,
alrededor, a la orilla de ése mismo lago.
Yo
quisiera que ustedes pudieran captar la belleza de esto, yo quisiera que
ustedes pudieran saborearan lo que significa, que al final de la vida de Jesús,
la última palabra para Pedro es: “Sígueme” San Juan 21,19, y ya es Jesús resucitado, no es el Jesús que está
iniciando el ministerio público, como cuando lo llamó la primera vez, es Jesús
que está iniciando el ministerio cósmico.
El
primer “sígueme” San Juan 21,19, era para reunir a las ovejas de Israel, este otro
“sígueme” San Juan 21,22, es para reunir al universo entero, en Eucaristía, en
alabanza, en la gloria de Dios Padre.
“Sígueme” San Juan 21,22, le dice Jesús a Pedro; "sígueme" San Juan 21,22, le dice el Cristo glorioso, y se va poniendo en camino, y
Pedro se va con Jesús, detrás de Jesús.
Este
Evangelista, el discípulo amado, Juan, empieza a caminar también; él ha sentido
que la invitación para Pedro es también una invitación para él, y Pedro le
pregunta a Jesús: “¿Y éste?" San Juan 21,21, refiriéndose a Juan, y ¿qué va a ser de la vida de Juan?
Sobre
esa escena de Pedro, Juan y Jesús, hay una predicación tan hermosa de San
Agustín, que cómo yo no la sé hacer mejor, entonces yo la repito, dice: “Pedro
y Juan representan dos modos, dos vidas en la Iglesia; Pedro representa el
trabajo que hay que hacer, el esfuerzo, la evangelización en esta tierra; Juan
representa el amor, el descanso, la contemplación en Jesucristo”.
La
praxis que le dice Jesús a Juan, o que dice Jesús refiriéndose a Juan es esta:
“Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?” San Juan 21,21, eso le dice Jesús a Pedro.
San
Agustín explica y dice: “Efectivamente, la contemplación de los misterios de
Dios, en Jesucristo, permanecerá; la vida que representa Juan, esa vida de
contemplación y de amor a Dios, eso permanecerá por amor, permanecerá en la
Iglesia hasta el fin de los tiempos.
Es
verdad que la Iglesia tendrá que esforzarse y ponerse en camino, como hizo
Pedro; es verdad que tendrá que recorrer muchas cosas y cansarse, pero también
es verdad, que mientras se cansa, descansa; que mientras camina ya ha llegado a
algún lado; mientras avanza se encuentra ya en casa.
Esta
Iglesia, este ministerio de predicación de la Iglesia, que trae fatiga, está al
mismo tiempo alimentado por ese otro ministerio, en el que más que ser la
Iglesia, quien sirve a Jesús, es Jesús quien sirve a la Iglesia, dándole
consuelo, amor, abrazo, cariño, pan.
Son
dos vidas en la Iglesia, y así el Evangelista Juan, termina su evangelio
contándonos ese último testimonio. ¿Qué es lo que va a durar en la Iglesia? El
amor, la contemplación, el anhelo de Jesús, todo aquello que representa ése
Juan, que es el discípulo amado.
¿Qué
va a cambiar en la iglesia? Pues algún día ya no tendremos que fatigarnos más
con la predicación, no tendremos que buscar, como explica el mismo San Agustín:
“¿Dónde hay pobres para alimentar o sedientos para darles de beber? sino que
será Jesús el que sacie nuestra hambre y será Jesús el que nos dé de beber”.
Amigos,
el es final también del Evangelio de Juan; Juan pertenecía a una comunidad que
fue altamente contemplativa, profundamente mística unida a la Escritura.
Y
los amigos que pertenecían a esa comunidad, que pertenecía Juan, dicen estas
palabras: “Muchas otras cosas hizo Jesús, si se escribieran una por una, pienso
que los libros no cabrían, ni en todo el mundo” San Juan 21,25.
Es
una exageración, diría uno, pero no, no es una exageración; por que si nosotros
relacionamos las dos lecturas, Jesús sigue obrando en sus discípulos,
acuérdense de lo que dijimos de Lucas, él tiene una primera obra que es el
Espíritu Santo en Cristo, y una segunda obra que es el Espíritu Santo en los
cristianos, lo que nosotros llamamos el Evangelio de Lucas y los Hechos de los
Apóstoles.
Pues
bien, puesto que es Jesús el que vive, el que reina, por su Espíritu en
nosotros los que creemos en Él, también son Hechos de Jesús cuando un predicador
logra tocar el corazón de alguien, ese es otro Hecho de Jesús; cuando usted, en
lo íntimo de su alma, levanta una alabanza a Dios Padre y le dice: “Abbá”, y le
dice “Papá”, y lo glorifica, y lo bendice, ese también es un Hecho de Jesús.
Cuando
usted con amor atiende al necesitado, cuando usted se convierte en maestro del
niño, cuando usted se convierte en bastón del anciano, ese también es un hecho
de Jesús y por eso, los hechos de Jesús son inmensos, son infinitos. Esta es
una interpretación de ese texto.
Hay
otra interpretación que también me gusta mucho: pensemos en qué fue lo que hizo
Jesús, y pensemos en el sentido de lo que hizo Jesús; póngase usted a pensar en
este detalle, esta no es la primera vez que se lee en la Iglesia este pasaje
que estamos leyendo, se dice este pasaje, y el encargado hace una predicación.
Aunque
los hechos de Jesús son limitados en su número, puesto que su vida fue finita,
los hechos de Jesús, todo lo que Jesús es infinito en su sentido, infinito en
su significado, infinito en su alcance, infinito en sus consecuencias.
Y
eso también son hechos de Jesús, por eso dice que si escribieran una por una,
los libros no cabrían ni en todo el mundo; porque si nosotros tomáramos esa
actitud contemplativa, esa actitud amorosa ante la Palabra de Dios, también
nosotros descubriríamos que cada pasaje de la Escritura, y especialmente cada
palabra de la obra del Señor Jesucristo se convierte como en un manantial, del
que brota y brota, enseñanza, luz, sabiduría, sanación para nosotros.
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