lunes, 26 de junio de 2017

Galatas 1,16

A través de la predicación, a través de la gracia del Espíritu Santo, que es el Predicador interior, como que ese Cristo despierta y aparece ante los ojos del ser humano, y entonces podemos decir como  San Pablo: "Se dignó revelar a su Hijo en mí" Carta a los Gálatas 1,16.
Es muy interesante lo que dice en otro lugar el Apóstol San Pablo, que "Cristo murió para reunir a los hijos de Dios dispersos".
La predicación del Evangelio es para reunir al pueblo que ya le pertenece a Dios; ya son suyas todas las naciones; son suyas todas las vidas; son suyas todas las historias.
Se llega a agregarle algo a la vida, a despejar, por la fuerza del Espíritu Santo, a despejar, por una obra nueva de la gracia, eso que ya está, de algún modo en el corazón, para que esa persona descubra, también el Dios la había elegido y la había llamado a la gracia.
Siguendo las huellas de San  Pablo, y siguiendo este escrito a los Gálatas, recibamos esta preciosa catequesis que nos da el Apóstol sobre lo que significa ser predicadores.
 El prójimo es aquel que me rompe mi proyecto, el prójimo es aquel que me interrumpe, es aquel que me interrumpe mi proyecto aquel porque irrumpe en mi vida. En la medida que el prójimo rompe,es la misma raíz de irrumpir, de interrumpir; en la medida en que el prójimo rompe con esa lógica, con ese proyecto, con ese deseo que yo tenia, en esa medida se convierte en prójimo mío.
El samaritano, fundamentalmente, se compadece. Ese es otro aspecto hermoso para meditar o para agradecer, por algo se ha llamado al mismo Cristo judío, se le ha llamado el Buen Samaritano.
Jesucristo, el Buen Samaritano. Y lo es sobre todo por esa palabra, la palabra compasión, la palabra misericordia. Esta es la palabra grande, indudablemente, de la Biblia, la palabra grande que en cierto modo llena todo el Nuevo Testamento: la compasión. Por compasión ha venido Cristo a esta tierra, por su compasión y misericordia somos redimidos, por compasión se abaja.
En el caso de la parábola, sucede ante nuestros ojos, se agacha, se abaja. Tener compasión es eso, es bajar con el otro, bajar a la situación, a la verdad, a la realidad, al dolor del otro. Eso fue lo que hizo el buen samaritano.
Nosotros necesitamos esa misericordia de dos maneras: la necesitamos porque nosotros estamos caídos y necesitamos redención, y la necesitamos para poder darla a otros.

Vienen a la mente las palabras del Apóstol San Pablo cuando dice: "Nosotros llegamos a consolar a los demás con el consuelo que hemos recibido de Dios" 2 Corintios 1,4, dice en algunas de sus Cartas a los Corintios.

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