A
través de la predicación, a través de la gracia del Espíritu Santo, que es el
Predicador interior, como que ese Cristo despierta y aparece ante los ojos del
ser humano, y entonces podemos decir como
San Pablo: "Se dignó revelar a su Hijo en mí" Carta a los Gálatas 1,16.
Es
muy interesante lo que dice en otro lugar el Apóstol San Pablo, que "Cristo
murió para reunir a los hijos de Dios dispersos".
La
predicación del Evangelio es para reunir al pueblo que ya le pertenece a Dios;
ya son suyas todas las naciones; son suyas todas las vidas; son suyas todas las
historias.
Se
llega a agregarle algo a la vida, a despejar, por la fuerza del Espíritu Santo,
a despejar, por una obra nueva de la gracia, eso que ya está, de algún modo en
el corazón, para que esa persona descubra, también el Dios la había elegido y
la había llamado a la gracia.
Siguendo
las huellas de San Pablo, y siguiendo
este escrito a los Gálatas, recibamos esta preciosa catequesis que nos da el
Apóstol sobre lo que significa ser predicadores.
El prójimo es aquel
que me rompe mi proyecto, el prójimo es aquel que me interrumpe, es aquel que
me interrumpe mi proyecto aquel porque irrumpe en mi vida. En la medida que el
prójimo rompe,es la misma raíz de irrumpir, de interrumpir; en la medida en
que el prójimo rompe con esa lógica, con ese proyecto, con ese deseo que yo
tenia, en esa medida se convierte en prójimo mío.
El
samaritano, fundamentalmente, se compadece. Ese es otro aspecto hermoso para
meditar o para agradecer, por algo se ha llamado al mismo Cristo judío, se le
ha llamado el Buen Samaritano.
Jesucristo,
el Buen Samaritano. Y lo es sobre todo por esa palabra, la palabra compasión,
la palabra misericordia. Esta es la palabra grande, indudablemente, de la
Biblia, la palabra grande que en cierto modo llena todo el Nuevo Testamento: la
compasión. Por compasión ha venido Cristo a esta tierra, por su compasión y
misericordia somos redimidos, por compasión se abaja.
En
el caso de la parábola, sucede ante nuestros ojos, se agacha, se abaja. Tener
compasión es eso, es bajar con el otro, bajar a la situación, a la verdad, a la
realidad, al dolor del otro. Eso fue lo que hizo el buen samaritano.
Nosotros
necesitamos esa misericordia de dos maneras: la necesitamos porque nosotros
estamos caídos y necesitamos redención, y la necesitamos para poder darla a
otros.
Vienen
a la mente las palabras del Apóstol San Pablo cuando dice: "Nosotros
llegamos a consolar a los demás con el consuelo que hemos recibido de
Dios" 2 Corintios 1,4, dice en algunas de sus
Cartas a los Corintios.
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