jueves, 24 de octubre de 2013

Claridad

 
Jesús habla con misericordia, pero también con claridad; el Señor Jesús habla con bondad, pero también con todo el esplendor de su justicia;  por esta razón, así como le escuchamos palabras de profunda ternura, así también, hay veces, en el que le escuchamos palabras que suenan muy duro en nuestros oídos.
 El Señor nos dice que tenemos que aprender a reconocer los signos de los tiempos, tenemos que aprender a leer lo que Dios va escribiendo en cada día,  esta es una primera enseñanza para nosotros.
Sólo tiene poder el día de Jesucristo, el día en el que Cristo obró en mi vida, Él es el único que es el mismo ayer, hoy y siempre, Él es la noticia permanente, y por eso la noticia de Cristo no envejece, la fantástica noticia del amor está siempre ahí, esa noticia, que es el Evangelio, esa noticia tenemos que apegarnos.
Reunidos en el nombre de Cristo, reunidos con el poder de Cristo somos una señal de que el mundo no tiene que ser lo que está siendo hasta ahora, el mundo puede cambiar; hay una fuerza que a veces no comprendemos y que a veces no queremos ver, hay una fuerza maravillosa de amor que atraviesa los corazones, que se mete en las manos, que se vuelve melodía en una guitarra, que se vuelve aplauso en una alabanza.
Hay una fuerza maravillosa, hay un torrente de gracia que está también en tu vida, que está también en tu familia,  que desde allí quiere renovar el mundo, por eso, en el nombre de Jesucristo, que no cierres tus ojos, no cierres tus manos, no cierres tu boca a esa corriente de amor que se llama el Espíritu de Jesucristo.
Porque ese fuego no te va a dejar, porque el amor quiere habitar en nuestra tierra  por eso Cristo vino a este mundo, ese fuego no nos va a abandonar, tu puedes permanecer en Él, tu puedes vivir en El, habita en el fuego del amor de Dios.
Hay dones de milagros y de sanación, de profecía, de martirio, el Espíritu vuela, hace maravillas, las sigue haciendo, son señales de los tiempos.
3Jesús se lo llevó aparte, ¿y qué hizo?, el evangelio es muy claro: "Jesús untó con saliva sus dedos y tocó la lengua del mudo" San Marcos 7,33, y con los dedos ensalivados, luego le metió los dedos en los oídos al sordo, con saliva.
 Jesús se le acerca, lo abraza, se mete las manos en la boca, saca saliva, le toca así la lengua.
  Jesús se acercó al leproso, tocó la lepra del leproso, Tocó la lepra del leproso, abrazó al leproso ,sanó al leproso.
Nos enseña eso del sordomudo y del leproso, el sordomudo no sólo estaba enfermo de su sordera y de su mudez, y que el leproso no sólo estaba enfermo de su lepra; el que era leproso en la sociedad judía era aislado, "tú allá, ".

Sentirse uno aislado y relegado es terrible. Jesús se acerca, con sus manos benditas con su abrazo maravilloso, le dice a esa persona, sin palabras: "Yo estoy contigo",  parece que estas palabras dichas con abrazos fueron las que sanaron al leproso y las que sanaron al sordomudo.


Pero Jesús no obro así; y cuando nosotros comprendemos que desde nuestra pequeñez de pueblo que somos, podemos encontrar a Dios, una alegría especial invade el corazón y un gozo que sólo se comprende cuando uno está aquí y cuando uno dice, por ver esto: "Por ver estas conversiones, por escuchar las confesiones que he podido escuchar hoy, por ver a Jesús amando y sanando, que se hagan mil reuniones más".
Nos alimenta de la Palabra de Dios el capítulo 12, versículos 54-59 de San Lucas: San Lucas 12,54-59. Si algo demis palabras ha sido de provecho, la gloria es para Jesucristo, pero ten presente que la luz del Espíritu está también en ti.

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