jueves, 10 de octubre de 2013

Señorío


El evangelio según San Lucas es la presencia, protagónica de la mujer, o de varias mujeres: María, Isabel, por supuesto, pero también aquellas mujeres que acompañan el ministerio de Cristo, un dato que únicamente conocemos por San Lucas, donde escuchamos la voz entusiasmada de una mujer anónima, ella le grita a Jesús con afecto, con amor: "Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te alimentaron" San Lucas 11,27.
Ese desbordamiento de admiración lo podemos mirar, entre otras, cosas como un elogio para la Virgen María. Evidentemente, fue Ella la que llevó en su vientre a Jesús y la que también lo alimentó. En esto no hay ofensa alguna al texto sagrado, sobre todo si tenemos en cuenta que la misma Virgen María dijo: "Me llamarán bienaventurada todas las generaciones" San Lucas 1,48, estas palabras están en el mismo evangelio de Lucas y son palabras que son, como el resto de la Biblia, Palabra de Dios, es decir, son una profecía que tiene que cumplirse.
Esa es una felicitación que le da Isabel a María, "bendita tú entre las mujeres" San Lucas 1,42. Y en ese mismo tono María dice que va a recibir esa felicitación, que va a recibir esa aclamación de todas las generaciones.
Por supuesto, María tiene las cosas muy claras: sabe a quién le debe toda bendición; no sólo se llama a sí misma "la esclava del Señor" San Lucas 1,38, sino que todo se lo atribuye al Señor, simplemente dice: "El Señor, el Altísimo ha mirado la humillación de su esclava" San Lucas 1,47-048.
Ella no se atribuye nada, pero tiene claro que esa obra maravillosa que se resume en la expresión "llena de gracia" San Lucas 1,28 va a despertar admiración, una admiración que finalmente no queda en Ella, sino que a través de Ella se convierte en homenaje de alabanza a Dios mismo.
Todo esto podemos entender de las palabras entusiasmadas de aquella mujer anónima en el capítulo once de San Lucas.
Jesús mejoró todavía esa exclamación, porque lo más importante de María no es el hecho fisiológico o biológico, no es el hecho de dar a luz o de dar a amamantar; lo más hermoso y lo más importante de María está, como lo explica San Agustín, en que antes de concebir en su cuerpo, en su vientre, concibió en su mente, en su corazón; es decir, primero la Palabra fue fecunda en la mente de Ella, y luego esa Palabra fue semilla fecundísima en el vientre de Ella.
Esto es muy hermoso porque nosotros no podemos repetir a María en aquello de llevar en nuestro vientre a Jesús, pero sí que podemos y debemos repetir a María acogiendo la palabra de Cristo y permitiéndole a Él que crezca y que tome verdadero señorío de todo lo que somos.

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