martes, 1 de octubre de 2013

Niños

"¿Quién es el más importante?" San Mateo 18,1. Es una pregunta comprensible. Cuando no hay dinero de qué alardear, entonces se busca poder. Como estos discípulos eran todos pobres, profundamente pobres, entonces querían hacerse valer con el poder.
 Jesucristo Les responde, dejando impresa en sus almas una imagen. Llamó a un niño, lo puso en medio, y les dijo: "Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos" San Mateo 18,2-3.
¡Volver a ser como niños! La pregunta era por el más importante, y la respuesta de Jesús es volverse como niños. Es una respuesta, pero es también como una pregunta, como un enigma: ¿Qué quiere decir eso? ¿Qué quiere decir volver a ser como niños para poder entrar al Reino de los Cielos? Esa es una pregunta que podemos hacernos nosotros.
Y luego dice: "Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque sus Ángeles están viendo siempre en el Cielo el rostro del Padre Celestial" San Mateo 18,10.
Parece que la enseñanza completa que Cristo quiso decir: "Para ustedes la opinión de un niño, lo que diga un niño, o lo que piense un niño, importa poco. Pero ustedes saben que hay Ángeles Santos en los Cielos; pues esos Ángeles que miran a Dios en el Cielo, atienden, cuidan y sirven a la vida de estos pequeñitos".
O sea que la enseñanza que Cristo ha dado es: "Para ustedes esta gente no cuenta, para ustedes hay gente que cuenta y gente que no cuenta. Y para ustedes una gente que no cuenta, es los niños."
Porque así era en el tiempo de Jesús: "Para ustedes los niños no cuentan. Lo que diga el niño, lo que piense el niño, lo que quiera el niño, no importa. Pues eso que parece despreciable a ustedes, mira cómo es apreciado por Dios, y cómo es precioso ante Dios".
De manera que Jesús estaba mostrando con la imagen del niño que acerca, y con los Ángeles que cuidan los niños, cómo la escala de valores, cómo la mirada de Dios, cómo el juicio de Dios es muy distinto del de los hombres.
Es tan importante un niño, que Dios pone toda la majestad, la belleza, la sabiduría, el poder, la grandeza de un Ángel al servicio de un niño. Esa es la lógica del Reino de los Cielos: que el más grandote, el más poderoso, el más sabio, el más bello, el más rico, esté al servicio del más desvalido, del más pequeño, del más indigente.
Y por consiguiente, el que está buscando importancia para ser atendido, para ser cuidado, para ser mirado, y para ser mimado, está fuera de la lógica del Reino. Porque en el Reino de Dios, el más grande, el más poderoso, el más santo, y el más fuerte, debe estar al servicio del más pequeño, del más desvalido, del más débil. Esta es una primera enseñanza.
Jesús nos dice que hay que aprender a ser como los niños. Abordemos de nuevo esa sugerencia de Jesús: aprender a ser como niños. Lo único que nos dice aquí de los niños, es que los niños tienen Ángeles, precisamente los Ángeles que hoy celebramos con la Santa Iglesia, los Ángeles Custodios.
Jesús en otra parte manifestó: "Cuando sea sí, digan sí. Cuando sea no, digan no" San Mateo 5,37.
Jesús dice: "Sean como los niños" San Mateo 18,3, y nos habla de los Ángeles de los niños. "¡Déjense atender! ¡Déjense atender!" Porque nosotros no nos dejamos atender.
Jesús dice que los niños, que son desvalidos y despreciados, tienen Ángeles. Y dice que los Ángeles contemplan el rostro de Papá Dios, y que los Ángeles cuidan a los niños.
"¡Déjense atender!" Algunos discípulos del Señor se acercaron a hacerle una pregunta difícil, y le dijeron: "Señor, ¿qué tenemos que hacer para ocuparnos en lo que Dios quiere?" San Juan 6,28.
 La primera respuesta de Cristo en el evangelio de Juan, ¿cuál fue? "La obra que Dios quiere que ustedes hagan es que crean, que acepten" San Juan 6,29.
Lo que tiene el niño, no es simplemente sinceridad, transparencia, autenticidad, lo maravilloso que tiene el niño, lo fantástico que tiene el niño, es que acepta, acepta la solicitud, acepta el amor, acepta el cuidado de los Ángeles, y con ellos, acepta la solicitud y el amor de Dios. Como que Jesús nos estuviera diciendo hoy: "Lo primero para entrar al Reino de Dios es dejarse amar, dejarse atender".
Lo más importante no es lo que tú haces para lucirte tú. Lo más importante es dejar que Dios se luzca. Y esto es lo que dejan los niños; esto es lo maravilloso que dejan los niños.
Cuando uno ve a un niño, sobre todo cuanto más pequeño mejor, cuando uno ve a esos niños pequeñitos, tranquilos, en brazos de los papás, esos niños amados, limpiecitos, bien alimentados.
Eso es lo que Dios quiere hacer con nosotros. Dios quiere lucirse en ti. Dios quiere que tú seas el niño pequeñito. No tienes que hacer cosas difíciles, no tienes que lograr grandes estudios, grandes esfuerzos. ¡Déjate atender!
Hay Ángeles para tí, hay Ángeles a tu servicio. Así lo dice la Carta a los Hebreos: "¿No son todos ellos, los Ángeles, espíritus enviados de Dios para nuestro servicio?" Carta a los Hebreos 1,14.
Hay Ángeles para tí, Dios tiene Mensajeros para tí. Pero además de los Ángeles tiene la Palabra, que se te envía a ti. Tiene los Sacramentos, los sacerdotes, que son para tí. Tiene la Iglesia, que es para tí. ¡Déjate atender! ¡Recíbele a Dios su plan! ¡Deja de imponerle a Dios tu plan!
Si tú conocieras el amor de los Ángeles, si tú supieras qué clase de creaturas, qué clase de gracias, qué clase de predicadores, qué clase de amor tiene Dios por ti, si te dejaras atender, dejarías de estar imponiéndole tu plan a Dios.
Entonces el papá carga al bebé, y el niño se deja cargar; el papá lo lleva, y el niño se deja llevar. 
Si tú supieras, quiénes están a tu servicio, si tú supieras la belleza de Ángeles que están para tí, dejarías de mendigar pedacitos de amor y pedacitos de importancia.
Jesucristo mismo está aquí, hecho comida para ti. Está a tu servicio, está para ti. Lo que se necesita, lo que hace falta, es que tú le creas, que tú lo creas, y que tú lo recibas.
 ¡Qué maravillosa la mirada de Jesús! ¡Qué maravillosa su Palabra! ¿Qué nos resta a nosotros? Lo que Él nos manda: ¡Recíbele! Recíbele! ¡Recíbele su plan!

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