“La Iglesia (…) no está llamada solamente a usar los medios de comunicación para difundir el Evangelio sino, sobre todo hoy más que nunca, a integrar el mensaje de salvación en la “nueva cultura” que estos poderosos medios crean y amplifican. La Iglesia advierte que el uso de las técnicas y tecnologías de comunicación contemporáneas forman parte de su propia misión en el tercer milenio” (Juan Pablo II, El rápido desarrollo, 2005, n.2).
La oración del Rosario fluye al ritmo de la vida humana
El Rosario es mi oración preferida. Es una oración maravillosa. Maravillosa en simplicidad y en profundidad. En esta oración, repetimos muchas veces las palabras del Arcángel y las de Isabel a la Virgen María. Toda la Iglesia se asocia a sus palabras.
Se puede decir que el Rosario es, de cierta manera, una oración-comentario del último capítulo de la Constitución Lumen Gentium del Concilio Vaticano II, capítulo que trata de la admirable presencia de la Madre de Dios en el misterio de Cristo y de la Iglesia. En efecto, por el trasfondo del Avemaría desfilan los principales episodios de la vida de Jesús.
Podríamos decir que reunidos en Misterios gozosos, dolorosos y gloriosos, nos ponen en comunión con Jesús a través del Corazón de su Madre, Al mismo tiempo podemos reunir en las decenas del Rosario todos los acontecimientos de nuestra vida individual o familiar, la vida de nuestro país, de la Iglesia, de la humanidad . Así, la oración del Rosario fluye al ritmo de la vida humana.
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