sábado, 19 de octubre de 2013

Verdad


San Lucas, lo que llama la atención es que Cristo declina el papel de repartidor de bienes. Él voluntariamente toma con respecto al papel que hizo Moisés y al papel que realizaron en general los llamados "jueces" en el Antiguo Testamento.
Los jueces del Antiguo Testamento tenían precisamente que dirimir ese tipo de causas;  su principal papel era traer la voluntad, traer la realización del querer y la voluntad de Dios para su pueblo, y esto implicaba liberarlo de la opresión de los enemigos, por eso vemos a Gedeón o vemos a Sansón en el libro de los Jueces liberando a los israelitas de la mano de los filisteos.
Además de esta labor hacia afuera, los jueces tenían que cumplir también una labor hacia adentro, y era ese descender al detalle del querer de Dios, el detalle del plan de Dios para la vida particular, la vida de cada uno y de cada una en Israel, una labor ciertamente extenuante, por algo el suegro de Moisés, un hombre llamado Jetró, le dijo una vez a Moisés que tenía que rodearse de muchos ayudantes para dirimir el detalle de cada una de esas causas.
Aparentemente, esa abundancia de jueces hablaría de una abundancia de justicia, porque entre más personas haya que den el detalle de cómo se debe distribuir cada cosa y cómo se debe decidir en cada caso, aparentemente eso debería significar una abundancia, una sobreabundancia de de la presencia divina. La abundancia en la que Jesús cree es otra abundancia: no es tanto que haya mucha gente que desde fuera nos cuente lo que se supone que es bueno, es mucho más interesante que haya uno, y ese Uno es el Espíritu Santo de Dios, que desde dentro enseña a todos, y desde dentro hace que nuestro comportamiento se ajuste, se acerque, se acomode, gozosamente y gustosamente, se acomode a Dios.
El contraste tan interesante: Jesús rechaza ser uno entre muchos repartidores, uno entre muchos jueces, porque quiere que haya dentro de nosotros Uno que nos enseña. Y esto lo dirá después la Primera Carta de Juan cuando dice, por ejemplo a los destinatarios de esa carta: "Ustedes no necesitan que nadie les enseñe, porque en ustedes está la unción, en ustedes está el Espíritu" 1 Juan 2,27.
Ese es el plan de Jesús: que nosotros recibamos ese Espíritu, que nosotros tengamos ese Maestro interior, que no estemos dependiendo de códigos o de leyes, que no estemos dependiendo de que mucha gente nos diga lo que hay que hacer, sino que sepamos seguir ese mandato interior, esa sabiduría preciosa del Espíritu, eso es lo que Jesús quiere para nosotros.
Tenemos que pedir al Espíritu que venga no solamente a librarnos de la idolatría del dinero, que es el sentido de la parábola que nos da Jesús en el evangelio , sino Espíritu que nos libre también de tantos otros engaños, de tantas otras mentiras, o como dijo Jesús: "Que ese Espíritu nos guíe a la verdad.

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