En el capítulo primero del libro del profeta Baruc, conducido por oraciones podemos encontrar un camino para arrepentimiento. El llanto del arrepentimiento es el llanto por Aquel que me ha amado, es el llanto por Él, por los intereses de Él, por el amor desperdiciado de Él, porque no le recibí el amor a Él; asì hay que pedir a Dios la gracia del arrepentimiento, y hay que pedirle a Dios la gracia de las lágrimas a Él, esas son las lágrimas que cambian la vida.
A veces uno se va a confesar y se siente dolido, y derrama lágrimas, no todas las veces eso cambia la vida.
Por eso esbuena la oración, de la Liturgia de las Horas: “Señor, ayúdanos a llorar nuestros pecados”; "dame, Señor, verdadero arrepentimiento, así me darás verdadera conversión, así tendré verdadera alabanza, así tendré verdadera alegría".
Resulta, que la persona que entra en ese pozo del arrepentimiento, la persona que entra en ese dolor del pecado, la persona que le ruega la Señor: ¡Ayúdame a llorar mi pecado¡", y que recibe lágrimas de arrepentimiento por su pecado, esta persona conoce el poder del amor de Dios.
El que solamente dice: “Voy a corregirme”, no conoce a Dios, conoce el código; el que se arrepintió, el que le dijo a Dios: “Ayúdame a llorar mis pecados”, ése conoció a Dios, conoció su amor.
El que ha conocido misericordia, tiene también afanes; también tiene trancones del tráfico, también sufre disgusto, claro que lo siente, pero tiene memoria, él lleva delante sus faltas, y se ha dado cuenta que le ha hecho daño a mucha gente, sobre todo sabe que ha dejado de hacer mucho bien.
El camino de la alegría, la paz, verdadera es el camino del arrepentimiento, el camino del conocimiento de nosotros mismos; el que se conoce a sí mismo, llegar al conocimiento de mismo con la linterna de Jesucristo, no te desesperas, encuentras amor, encuentras misericordia, lleva tus culpas.
Muy dìficil,sin la misericordia de Cristo vivir esta vida.
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