martes, 1 de octubre de 2013

Enamorarnos


A partir de ese feliz hallazgo de la verdadera Cruz.
Dios en este momento, se digne regalarnos de su divino Espíritu para decir una palabra acertada sobre lo que es este misterio tan hermoso, tan profundo y tan sanador de la Cruz.
Lo de la cruz no es tan sencillo, sin embargo, la cruz está ahí en el centro de nuestra fe, en el centro de lo que creemos, esperamos y amamos.
Dios, en su misericordia, nos permita recorrer este camino, recorrer el hilo de esta exposición y reconocer la gloria de Dios en el Crucificado.
El misterio de la Cruz persiguió y acompañó toda la vida de Cristo; la Cruz no es una casualidad ni un accidente que le llegó en el último momento. En el último momento en una especie de error táctico lo agarraron y lo crucificaron, no. Cristo en su predicación pública ya había hablado muchas veces de la Cruz, eran los discípulos los que no querían entender, Él sí sabía para dónde iba y Él sí sabía lo que le estaba sucediendo.
El sufrimiento acompañó la vida de Cristo. Nace Cristo en extrema pobreza, apenas nacido, una persecución que pretende matarlo y corre para Egipto, luego en esa vida de sencillez allá en Nazaret, pero Nazaret pertenecía a Galilea, que era la región despreciada, Palestina.
En Cristo realmente se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: "Varón de sufrimientos, varón de dolores, acostumbrado a sufrimientos" Isaías 53,3. Entonces la Cruz no es un accidente al final de la vida de Cristo.
El misterio de un hombre que no se defiende; realmente Cristo no se defendió, realmente Cristo no puso una barrera,la barrera que pones para que no entre el mal del otro, es la misma barrera que luego no puedes quitar para que salga el bien que hay en ti.
Sólo el amor sólo del corazón humano por la misma puerta por donde entra el dolor; amor y dolor son hermanitos,, porque amar es hacerse débil.
San Pablo, era un enamorado del misterio de la cruz. A los corintios les dice: "Yo nada he querido saber entre vosotros sino a Cristo, y éste crucificado" 1 Corintios 2,2.
" San Pablo, que podría decir tantas cosas grandes sobre Cristo, sobre todo quiere saber de la cruz de Cristo."
Hay muchos santos que han sido enamorados del misterio de la cruz, Santo Tomás de Aquino. Santo Tomás era hombre de pocas devociones, pero entre ellas tuvo una entrañable devoción a la Cruz del Señor.
Hay varios caminos, hay varias oportunidades. Encontrar en Cristo Crucificado la verdad sobre nuestra propia vida, encontrar, como dijo Pilato, sin saber lo que decía, que: "Ahí está el hombre" San Juan 19,5, reconocernos en el Crucificado, esa es una manera hermosa de enamorarnos de la cruz.
Meditar en la Pasión de Cristo, especialmente en los torrentes de caridad, de misericordia, de mansedumbre que manifestó Cristo cuando estaba crucificado, hace que sintamos el abrazo amoroso de Dios en la cruz y nos ayuda a enamorarnos de ese misterio.
Otro camino es mirar a la propia vida. Suele suceder que cuando tenemos más dificultades, en las que tenemos más problemas, más tensiones, son también las épocas más fecundas, son la épocas en las que realmente maduramos. "Allí donde me visitó el dolor, allí me visitó el amor; y ese es un camino para encariñarse, para enamorarse de la Cruz del Señor.
La meditación de la Palabra de Dios nos conduce también a valorar el misterio de la cruz, sobre todo con aquellos pensamientos que el mismo Cristo dice en el Evangelio: "Ahora va a ser juzgado el príncipe de este mundo" San Juan 12,31; el lugar de la perfecta victoria de Jesús es la cruz, hay otros pensamientos.
Encontrar la cruz, encontrar la propia cruz y enamorarnos del misterio de la cruz, será lo mejor que podamos hacer, porque sabemos que tarde o temprano, por vejez, por enfermedad, por incomprensión, por tentación, todos nosotros experimentaremos algo muy cercano a lo que vivió Cristo, si en ese momento estamos enamorados de la cruz, llevamos una gran ventaja en el camino a la obediencia, a la voluntad de Dios y a la plenitud de nuestra vida bautismal.

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