San Juan Bosco fue un educador excepcional. Su inteligencia aguda, su sentido común y su profunda espiritualidad le llevaron a crear un sistema de educación capaz de desarrollar la persona en su totalidad – cuerpo, corazón, mente y espíritu. Valora en su justo punto el crecimiento y en la libertad mientras coloca al niño en el centro mismo de toda la empresa educativa.
A fin de distinguir su método del sistema educativo de represión vigente en Italia en el siglo XIX, dio a su nuevo método el nombre de sistema “preventivo” – porque busca la manera de prevenir la necesidad del castigo poniendo al niño en un entorno en el cual él/ella se ve capaz de ser lo mejor que uno puede ser. Es una manera agradable, amable e integral de abordar la educación.
Crea un clima capaz de hacer salir de dentro ( educere ) lo mejor de cada niño, que le predispone a mostrarse claramente tal como es, que ayuda al joven en la adquisición de hábitos que le permitirán optar por todo lo que en la vida es bueno, salud
Una espiritualidad a medida de los jóvenes, especialmente de los más pobres, que sabe descubrir la acción del Espíritu en su corazón y colaborar en su desarrollo.
Una espiritualidad de lo cotidiano, que propone la vida ordinaria como lugar de encuentro con Dios.
Una espiritualidad pascual de la alegría en la actividad, que desarrolla una actitud positiva de esperanza en los recursos naturales y sobrenaturales de las personas y presenta la vida cristiana como un camino de felicidad.
Una espiritualidad de amistad y relación personal con el Señor Jesús, conocido y frecuentado en la oración, en la Eucaristía y en la Palabra.
Una espiritualidad de comunión eclesial vivida en los grupos y, sobre todo, en la comunidad educativa, que une a jóvenes y educadores en un ambiente de familia alrededor de un proyecto de educación integral de los jóvenes.
Una espiritualidad del servicio responsable, que suscita en jóvenes y adultos un renovado compromiso apostólico para la transformación cristiana del propio ambiente hasta el compromiso vocacional.
Una espiritualidad mariana, que confía plenamente, con sencillez y seguridad, en la ayuda materna de la Virgen.
Esta espiritualidad ayuda a discernir y a afrontar los desafíos de la acción pastoral y crea unidad entre todos los que comparten la misión y colaboran en ella. El término “razón” destaca, según la visión auténtica del humanismo cristiano, el valor de la persona, de la conciencia, de la naturaleza humana, de la cultura, del mundo del trabajo y del vivir social, o sea, el amplio cuadro de valores que es como el equipo que necesita el hombre en su vida familiar, civil y política. En la encíclica Redemptor Hominis recordé que “Jesucristo es el camino principal de la Iglesia; dicho camino lleva de Cristo al ser humano”.
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