sábado, 25 de mayo de 2013

Considerar

Podríamos considerar que la Virgen María es como el libro de los siete sellos que sólo podría abrir el Cordero, que vio san Juan el evangelista en el Apocalipsis, (Ap. 5,5).
Los siete sellos son los dones del Espíritu Santo que la Virgen María posee en plenitud, más que cualquier otra creatura, que podemos también comprender como los siete privilegios de los que ella goza.
Ella fue desde la eternidad escogida por Dios como la primogénita de todas las creaturas. En segundo, ella concibió en su seno la carne del Verbo y su humanidad. En tercero, con su palabra ella santifica a san Juan en virtud del Verbo encarnado en su seno purísimo. En cuarto, después de haber dado a luz a Jesús, permanece virgen. En quinto, el propio Hijo de Dios se somete a ella, humilde y obediente. En sexto, su cuerpo después de la muerte no se corrompe. Y en séptimo lugar, fue colocada a la derecha de su Hijo.
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Desde mi infancia fui educada en la confianza a la intercesion infaltable de María Auxiliadora. Recuerdos de niñez donde María ayudó a la familia en circunstancias dificiles, en la fe de mi padres, entre otras protecciones que se le atribuyen. La vida me llevó a una formación Salesiana hasta el día de hoy, obra de Don Bosco, una vez más bajo el Manto de María Auxiliadora.
Mi vida ha estado de este modo signada por esta hermosa advocación de María, tan antigua como admirable. El mundo debe mucho a la intervención de Maria Auxiliadora en momentos cruciales de la historia de la humanidad. Ella es la defensora de las naciones la protectora de los cristianos de todo el mundo.
Hoy, mas que nunca, pidamos a Maria Auxiliadora que nos proteja, que interceda por nosotros, como nos lo pedia insistentemente San Juan Bosco. Ella no nos dejará sin amparo, oremos con fe a la Madre de Jesus en la forma de nuestra Mamá protectora.







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