viernes, 10 de mayo de 2013

Registro

El Espíritu de Dios no queda registrado en ningún papel, en ninguna cinta, en ninguna imagen, en ningún cuadro. El Espíritu Santo sólo puede quedar grabado en el corazón de los que han sido amados y se convierten en amadores por el paso de ese mismo Espíritu.
El evangelio de San Juan nos cuenta cómo estaba el Corazón de Jesucristo al partir de esta tierra; y se conjugan en ese Corazón la alegría, la glorificación y la tristeza por la traición; en ese Corazón se reúnen la certeza y la victoria y la intercesión, para que esa victoria alcance a todos los creyentes, a todos nosotros los discípulos.
Son palabras que nos revelan, la intimidad de Dios, qué estaba sucediendo en Él cuando nos salvaba. Nunca podremos agradecer suficientemente al Señor que nos conceda eso precisamente: asomarnos a su mismo Corazón.
Con cuánta humildad y sencillez, pero sobre todo con cuánta caridad les habló Cristo para decir: "Sí, se van a entristecer, pero su tristeza se convertirá en alegría" San Juan 16,20; se van a entristecer, porque esta fuente de Espíritu, que es mi cuerpo, les decía Cristo, se aparta de ustedes".
Pero se van a alegrar porque habrá, en sus propios corazones y en sus propios cuerpos, porque habrá en su voz y en sus almas, una fuente nueva, y ese mismo Espíritu, que de dentro brota de mí, lo habrá en ustedes.
En cierto modo, el precio es mi partida, pero de esa partida depende también mi llegada de un nuevo modo a ustedes. Tengo que ir en el conocimiento exterior de ustedes para que puedan conocer cómo soy yo por dentro. Así les hablaba Cristo. Y por eso, mientras se despedía, estaba entrando de un nuevo modo a sus vidas.
Glorifiquemos a Dios por sus misterios y pidamos al Padre Celeste que nos dé la mística gracia del conocimiento de la intimidad de Jesucristo, del conocimiento de cómo es Él por dentro en su amor, en su unción, en su ofrenda al Padre, en su amor por la salvación de todos.

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