martes, 7 de mayo de 2013

Precisamente

Madre ayuda a los hijos a crecer y quiere que crezcan bien, por ello los educa a no ceder a la pereza que también se deriva de un cierto bienestar a no conformarse con una vida cómoda que se contenta sólo con tener algunas cosas. Cuida a los hijos para que crezcan mÔs y mÔs, crezcan fuertes, capaces de asumir responsabilidades, de asumir compromisos en la vida, de tender hacia grandes ideales. El Evangelio de san Lucas dice que, en la familia de Nazaret, Jesús "iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él" (Lc 2, 40). La Virgen hace precisamente esto con nosotros, nos ayuda a crecer humanamente y en la fe, a ser fuertes y a no ceder a la tentación de ser hombres y cristianos de una manera superficial, sino a vivir con responsabilidad, a tender cada vez mÔs hacia lo alto.
Madre ademĆ”s piensa en la salud de sus hijos, educĆ”ndoles tambiĆ©n a afrontar las dificultades de la vida. No se educa, no se cuida la salud evitando los problemas, como si la vida fuera una autopista sin obstĆ”culos. La mamĆ” ayuda a los hijos a mirar con realismo los problemas de la vida y a no perderse en ellos, sino a afrontarlos con valentĆ­a, a no ser dĆ©biles, y saberlos superar, en un sano equilibrio que una madre "siente" entre las Ć”reas de seguridad y las zonas de riesgo.Esto una madre sabe hacerlo. Lleva al hijo no siempre sobre el camino seguro, porque de esta manera no puede crecer. Pero tampoco solamente sobre el riesgo, porque es peligroso. Una madre sabe equilibrar estas cosas. Una vida sin retos no existe y un chico o una chica que no sepa afrontarlos poniĆ©ndose en juego ¡no tiene columna vertebral! Recordemos la parĆ”bola del buen samaritano: JesĆŗs no propone la conducta del sacerdote y del levita, que evitan socorrer al hombre que habĆ­a caĆ­do en manos de ladrones, sino la del samaritano que ve la situación de ese hombre y la afronta de una manera concreta. MarĆ­a ha vivido muchos momentos no fĆ”ciles en su vida, desde el nacimiento de JesĆŗs, cuando para ellos "no habĆ­a lugar para ellos en el albergue" (Lc 2, 7), hasta el Calvario (cfr. Jn 19, 25). Y como una buena madre estĆ” cerca de nosotros, para que nunca perdamos el valor ante las adversidades de la vida, ante nuestra debilidad, ante nuestros pecados: nos da fuerza, nos muestra el camino de su Hijo. JesĆŗs en la cruz le dice a MarĆ­a, indicando a Juan: "¡Mujer, aquĆ­ tienes a tu hijo!" y a Juan: "AquĆ­ tienes a tu madre"( Jn 19, 26-27). En este discĆ­pulo todos estamos representados: el SeƱor nos confĆ­a en las manos llenas de amor y de ternura de la Madre, para que sintamos que nos sostiene al afrontar y vencer las dificultades de nuestro camino humano y cristiano. No tener miedo de las dificultades. Afrontarlas con la ayuda de la madre.
La  buena madre no sólo acompaƱa a los niƱos en el crecimiento, sin evitar los problemas, los desafĆ­os de la vida, una buena mamĆ” ayuda tambiĆ©n a tomar las decisiones definitivas con libertad. Esto no es fĆ”cil. Pero una madre sabe hacerlo, en este momento en que reina la filosofĆ­a de lo provisional. Pero, ¿quĆ© significa libertad? Por cierto, no es hacer todo lo que uno quiere, dejarse dominar por las pasiones, pasar de una experiencia a otra sin discernimiento, seguir las modas del momento; libertad no significa, por asĆ­ decirlo, tirar por la ventana todo lo que no nos gusta. La libertad se nos dona ¡para que sepamos optar por las cosas buenas en la vida! MarĆ­a como buena madre nos educa a ser, como Ella, capaces de tomar decisiones definitivas, con aquella libertad plena con la que respondió "sĆ­" al plan de Dios para su vida ( Lc 1, 38).
Amad a la Iglesia. Dejaos guiar por ella. En las parroquias, en las diócesis, sed un verdadero pulmón de fe y de vida cristiana. Veo en esta plaza una gran variedad de colores y de signos. Así es la Iglesia: una gran riqueza y variedad de expresiones en las que todo se reconduce a la unidad, al encuentro con Cristo", ha subrayado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario