Porque mi boca hablará verdad, Y la impiedad abominan mis labios. Proverbios 8:7
Y mi lengua hablará de tu justicia y de tu alabanza todo el día. Salmos 35:28
Mi boca hablará sabiduría; Y el pensamiento de mi corazón inteligencia. Salmos 49:3
Más tú, cuando ores. ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Los Hechos de los Apóstoles, cuando hablan del diácono Esteban, el protomártir, insisten en decir que él era un hombre «lleno del Espíritu Santo» (6,5; 7,55). Significa que estaba lleno del Amor de Dios, que toda su persona, su vida, estaba animada por el Espíritu de Cristo resucitado, lo que le impulsaba a seguir a Jesús con fidelidad total, hasta entregarse a sí mismo al Padre con estas palabras: «Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos y yo en ellos» (Jn 17,26). La fidelidad hasta la muerte de los mártires, la proclamación del Evangelio a todos se enraízan, tienen su raíz en el amor de Dios, que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo ( Rm 5,5), y en el testimonio que hemos de dar de este amor en nuestra vida diaria que tenemos es Cristo y su Evangelio!
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