viernes, 3 de mayo de 2013

Elemento

“El amor de Dios a los hombres se manifiesta en la pasión y muerte de Cristo, de donde brota la vida: misterio de la fe. Los mensajeros de Cristo testifican:
- Él es nuestro mediador: se entregó a sí mismo para liberarnos como rescate por todos (1 Tim 2, 5-6).
- Él es el Cordero de Dios: quita el pecado del mundo (Jn 1, 29).
- Él es el Hijo de Dios: al morir nos reconcilió con Dios (Rom 5, 10).
- Él es el Hijo obediente: se convirtió en principio de salvación eterna para todos los que le obedecen (He 5, 8-9).
- Él es el Redentor: en Él Dios canceló la deuda del pecado y la anuló, clavándola en la cruz (Col 2, 14).
- Él es el Salvador que no cometió pecado: por sus heridas hemos sido curados (1 Pe, 2-24).”
. En el evangelio de san Mateo, en uno de los momentos en que Jesús vuelve a su ciudad, a Nazaret, y habla en la sinagoga, se destaca el asombro de sus paisanos por su sabiduría; y la pregunta que se plantean es: ¿No es este el hijo del carpintero? (13,55). Jesús entra en nuestra historia, viene en medio de nosotros, naciendo de María por obra de Dios, pero con la presencia de san José, el padre legal que le custodia y le enseña también su trabajo. Jesús nace y vive en una familia, en la Santa Familia, aprendiendo de san José el oficio de carpintero, en el taller de Nazaret, compartiendo con él el empeño, la fatiga, la satisfacción y también las dificultades de cada día.
Ello nos recuerda la dignidad y la importancia del trabajo. El Libro del Génesis narra que Dios creó al hombre y a la mujer confiándoles la tarea de poblar la tierra y de dominarla, que no significa explotarla, sino cultivarla y custodiarla, cuidarla con la propia obra ( Gen. 1,28; 2,15). El trabajo forma parte del plan del amor de Dios; estamos llamados a cultivar y custodiar todos los bienes de la creación, ¡y de este modo participamos en la obra de la creación! El trabajo es un elemento fundamental para la dignidad de una persona. El trabajo --para usar una imagen--, nos “unge” de dignidad, nos llena de dignidad; nos hace semejantes a Dios, que ha trabajado y trabaja, que actúa siempre (cfr. Jn. 5,17); da la capacidad de mantenerse a sí mismo, a la propia familia, de contribuir al crecimiento de la propia nación.Y luego dirigirme en particular a ustedes chicos y chicas, a ustedes los jóvenes: empéñense en su deber cotidiano, en el estudio, en el trabajo, en las relaciones de amistad, en la ayuda a los demás; su porvenir depende también de cómo saben vivir estos años preciosos de la vida. No tengan miedo del compromiso, del sacrificio y no miren con miedo al futuro; mantengan viva la esperanza: siempre hay una luz en el horizonte

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