jueves, 2 de mayo de 2013

Intervenir


La Virgen María vivió en una época en la que se esperaba la salvación y el cumplimiento de la promesa. Cristo, por el SI de María, vino a salvarnos. Ella vio al Hijo de Dios ser crucificado y morir. Pero no perdió la esperanza en Dios, ella sabía que iba a intervenir y el resultado es que hoy está en la Gloria, al lado de su hijo.
Vivimos hoy en un mundo que no inspira confianza y con frecuencia ha dejado a Dios detrás. Como María, debemos cultivar nuestra esperanza de que Dios tiene el control y que Él va a intervenir. No tengamos miedo de entregarnos por Dios, "caminando entre las cosas que pasan, abrazo las que no pasan" (De la oración Communio el Primer Domingo de Adviento).
 Maria ejemplo Misionero
María es la mujer que nos señala a Cristo. Mayor ejemplo de Caridad no hay. La Virgen María no guardó para sí el tesoro de la salvación que se le fue confiado. Ella, en el apogeo de su juventud, después de recibir la Visita del Ángel, fue "con prontitud" para servir a su prima Isabel (Lucas 1:39) y para anunciar y proclamar las maravillas del Señor  ( Lc 1,46 a 56).
María era una joven misionera. Toda su vida estuvo dedicada a Cristo, para darlo a conocer. ¡El que la ama y la sigue, sigue a su hijo, Jesús! "Haced lo que él os diga" (Jn 2:5). Este es el mejor consejo que debería resonar en nuestros jóvenes corazones. Que toda nuestra juventud se centre en Cristo, que seamos conocidos por el amor a Cristo. Ciertamente, siguiendo los pasos de la Virgen María, eso sucederá.
Maria no ha conservado ninguna gloria para sí, todo fue para Jesús. A ejemplo de Maria  que nuestra misión sea la de anunciar a Cristo a todos los pueblos. ¡Que toda nuestra juventud junto con las virtudes de María entusiasme nuestros corazones y que su intimidad con Cristo nos sea de ejemplo para conquistar también el cielo! ¡Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia, ruega por nosotros!

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