Evangelizar es la misión de la Iglesia, no solo de unos pocos, sino la mía, la tuya, nuestra misión. El apóstol Pablo exclamaba: "¡Ay de mí si no predico el Evangelio!" (1 Cor. 9,16). Todo el mundo debe ser evangelizador, ¡sobre todo con la vida! Pablo VI señaló que "evangelizar… es la gracia y la vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar " (Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, 14).
¿Quién es el verdadero motor de la evangelización en nuestra vida y en la Iglesia? Pablo VI lo escribió con claridad: "Es él, el Espíritu Santo, quien, hoy igual que en los comienzos de la Iglesia, actúa en cada evangelizador que se deja poseer y conducir por Él, y pone en los labios las palabras que por sí solo no podría hallar, predisponiendo también el alma del que escucha para hacerla abierta y acogedora de la Buena Nueva y del reino anunciado." .
Para evangelizar, entonces, es necesario abrirse de nuevo al horizonte del Espíritu de Dios, sin temer a lo que nos pida y adónde nos lleve. ¡Confiemos en Él! Él nos permitirá vivir y dar testimonio de nuestra fe, e iluminará los corazones de aquellos que nos encontremos.
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