viernes, 3 de mayo de 2013

Recapitular

La Iglesia en América Latina es, ¡nada menos!, la de saber reasumir, recapitular, incorporar a sí, toda la riqueza de la gran tradición católica  en santidad, doctrina, cultura, caridad y misión, para dar un salto de cualidad en la conciencia y ministerio de sus Pastores, en la formación teológica, cultural, espiritual de sus sacerdotes, en la fidelidad carismática y misionera de los consagrados, en el crecimiento cristianos de todos los bautizados. Si esa tradición católica ha vivido su flujo y su propagación, sobre todo, en los itinerarios históricos de Europa, el pantano cultural del Viejo Continente y su crisis depresiva, requieren ala Iglesia católica superar toda tentación eurocéntrica. El actual pontificado ha de dejar atrás lo que queda de una imagen residual dela Iglesia latinoamericana como periférica, muy vital pero sin mayor consistencia, “iglesia reflejo” más que “iglesia fuente”, muy generosa pero con dosis de confusión, para asumir ahora todas las exigencias que conlleva su centralidad emergente en la “multipolaridad” católica y una exigente y renovada solicitud apostólica universal.
 Evidente que el pontificado del Santo Padre Francisco conllevará el peso de una mayor presencia dela Iglesia en la vida pública de los países latinoamericanos y en el camino de sus sociedades hacia metas de mayor justicia, equidad, fraternidad y bien común. Le dará mayor libertad evangélica, lejos de reducirse a ser o antagonista o sacristana de los regímenes políticos. La hará más próxima a la realidad de sus pueblos, más compenetrada a sus necesidades, sufrimientos y esperanzas, más caritativa y solidaria con los pobres, más pueblo de Dios en los pueblos.
Tendrá más peso y repercusiones la palabra profética que alzará contra todo lo que atente contra la dignidad de la persona, la familia y las naciones. Pondrá más alerta a los pueblos ante la difusión de los subproductos culturales de la sociedad del consumo y del espectáculo. Difundirá una cultura de la vida, de la vida verdadera, para bien de las naciones. Ayudará, pues, a abrir nuevas vías y modelos de convivencia, precisamente cuando los regímenes ateos del socialismo real se han derrumbado y dejado devastaciones humanas y los paradigmas neoliberales, idólatras de la riqueza, han mostrado ya sus secuelas de impotencias e iniquidades.

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