Nos da como un criterio, como una medida para que descubramos qué es ser íntimo de Jesucristo. Repasamos el encuentro que estamos culminando ahora precisamente con esta Eucaristía, sabemos que la raíz y la fuente de todo lo que se pide de un servidor, de un predicador, de un ingeniero, lo único que se necesita para alcanzar todo lo que nos han dicho en todas las predicaciones, es solamente una cosa: ser íntimo de Jesucristo.
El que es íntimo de Jesucristo, el que es amigo de Jesucristo, ése vivirá en plenitud lo que significa servir a la Palabra de Dios, servir a la gloria de Dios y servir al pueblo de Dios. Porque esos son como los tres grandes servicios que nosotros tenemos.
Alcanzar esa vocación de servidores, sólo una cosa es necesaria, ser íntimo de Jesucristo. "El que permanece en Él no peca" 1 San Juan 3,6, dice San Juan en su Primera Carta. ¡Eso es maravilloso!
Permanecer en Él significa tener victoria sobre el pecado, significa que nuestras antiguas culpas y mañanas ya no van a tener poder sobre nosotros. Esto es maravilloso, pero más allá de la victoria sobre el mal, está todo lo que significa recibir directamente de Él la fuerza, la gracia, la alegría el testimonio, y también los carismas para que el pueblo de Dios sea edificado en el amor. Todo lo que se nos pide, es sólo una cosa: que aprendamos, que descubramos cómo ser íntimos de Jesucristo. Porque el que es íntimo de Jesucristo lo tiene todo, y el que no es íntimo de Jesucristo, traicionará y caerá . Esta es casi la escena más gloriosa de la Biblia, sin embargo, se rompe bruscamente, porque después de que ellos han dicho: "Ahora creemos que saliste de Dios" San Juan 16,29, Jesús se muestra desconfiado: "¡Ahora creéis?". Llegará la hora en que me dejéis solo" San Juan 16,31-32.
Pero bueno, aunque no eran perfectos habían alcanzado una cima muy alta, una cima de intimidad con el Señor. Y a mí me parece que nosotros estamos llamados a pasar por esa intimidad con Cristo.
El servidor de una comunidad de oración está llamado a ser alguien que hable de tal manera que Jesús mismo se hace presente. No se trata que hable de Jesús, sino que hable Jesús. No se trata de contar una historia sobre Él, sino que Él se haga historia. No se trata de que Él sea una luz para nosotros, sino que el mismo predicador sea luz.
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