tu Palabra se encarnara en nuestro mundo e se revistiera de
nuestra cultura, te pedimos que los bautizados sepamos
asumir los adelantos de la tecnología y particularmente la
tecnología digital para evangelizar a nuestro tiempo y nuestra
cultura. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor.
“La apertura que nos propone el Evangelio a través de este texto implica no sólo llegar a los que están en el templo, sino a la periferia; a la gente que no pisa el templo pero que trabaja y colabora positivamente en la construcción del reino, incluso personas que no comparten nuestra fe cristiana. Un sacerdote en una parroquia no solo es pastor de los que van al templo, sino de todos. Cuando hay una desgracia en un hogar asiste no solo a rezar, sino para ser solidario”.
Por el sacramento del Bautismo, cada católico como sacerdote, profeta y rey comparte con Cristo el rol de Buen Pastor. El esposo, en el hogar con su esposa e hijos; el jefe, en el trabajo con sus subalternos; los gobernantes con su pueblo, los sacerdotes con sus feligreses y los obispos con su clero.
"Cuando decimos Buen Pastor nos referimos a un buen modelo. Jesús es el modelo de un estilo de vida, basado en la palabra que se dice, el gesto que se hace y las actitudes que se tienen. En definitiva, en una vida diferente. Jesús marca un estilo que asombra y porque asombra provoca esperanza, consuelo, alegría y una buena noticia”.El Código de Derecho Canónico, en el artículo 1 de la Constitución Apostólica Pastor Bonus, promulga: “El Buen Pastor, el Señor Jesucristo, confió a los Obispos, sucesores de los Apóstoles, y de modo especial al Obispo de Roma, sucesor de Pedro, la misión de hacer discípulos entre todas las gentes y de predicar el Evangelio a toda criatura de tal modo que quedara constituida la Iglesia, Pueblo de Dios, y el oficio de los Pastores de ese Pueblo suyo fuese realmente un servicio o diaconía”.
Más adelante, en el # 387, el documento enfatiza que el obispo está obligado a dar ejemplo de santidad con su caridad, humildad y sencillez de vida, debe procurar con todas sus fuerzas promover la santidad de los fieles, según la vocación propia de cada uno”.
“Es principio visible de unidad en la Iglesia y está llamado a edificar la Iglesia en la comunión de todos sus miembros
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