jueves, 2 de mayo de 2013

Vigilia


Momento más trascendental de la JMJ sin duda, la Vigilia; un día entero bajo el fuerte sol, aguardando al Santo Padre… Cuando el Papa comenzó a responder las preguntas de los jóvenes representantes de cada continente, una fuerte tempestad inició. Ver al Santo Padre allí con nosotros, incluso bajo la lluvia, pero con una gran serenidad, me hizo recordar al Evangelio en el cual Cristo calmaba a los discípulos asustados con la fuerte tempestad. Estábamos, la Juventud del Papa, con él, el Vicario de Cristo.
Oírlo decir que estábamos viviendo una aventura juntos me dio la certeza de que, como en aquel día, si permanecemos enraizados en Cristo, cuyo Cuerpo es la Santa Iglesia, podremos vencer todas las batallas que el mundo libre contra nosotros.
Nos dormimos con un ‘¡Buenas Noches!’ del Santo Padre y nos despertamos con su “¡Buen día!”. La experiencia de ser Iglesia es así, experiencia de ser familia.
Enviados a misionar por el Sumo Pontífice, iniciamos nuestros trabajos para la JMJ Rio 2013. En mi parroquia y en mi Diócesis promoveremos la Semana Misionera (pre-jornada) y estamos formando grupos de peregrinos para la JMJ Rio2013.
Fue un impulso inmediato del corazón el hecho de colocarme como voluntaria en mi Diócesis y especialmente en mi Parroquia, para que tantos jóvenes tengan esa misma experiencia.
¡Ven a vivir esta aventura de fe con nosotros! ¡El Santo Padre nos aguarda ansioso y repleto de palabras edificantes para nuestra juventud! ¡Esto es la JMJ! ¡Esto forma parte de tu mundo!
tema para la jornada el siguiente tema: “Id y haced discípulos a todos los pueblos” (Mt 28,19). Benedicto XVI invita a nuestros jóvenes a ser testigos de Cristo. San Sebastián, que es nuestro patrono, es un gran ejemplo para nosotros de testigo de Jesucristo. San Sebastián creció en el seno de una familia cristiana. Su madre era cristiana y en aquella época (284 d.C.) los cristianos eran perseguidos como enemigos, pues no servían culto a los dioses del imperio y al emperador. Su madre, mujer de fe, le transmitió la riqueza del cristianismo, y así Sebastián ya fue creciendo siendo alimentado por el sólido alimento de la Fe, teniendo la santidad como gran ideal de vida.
Al inicio del cuarto siglo, el evangelio ya había llegado hasta el centro del Imperio Romano y los seguidores de Jesucristo ya eran numerosos, pero la Iglesia Católica aún no era reconocida oficialmente. Esto proporcionó, en el año 303 d.C., el lanzamiento de un decreto contra los cristianos, por parte del emperador. En esta persecución hubo muchas muertes, muchos mártires. Sebastián era un soldado y vivía en Milán cuando fue decretada la persecución de Diocleciano. Él sabía que ésta sería más intensa en Roma, capital del imperio. Como joven fervoroso que era, transmitió  a  otros su fe, pues ante todo era un verdadero cristiano misionario. Hacía esto de forma discreta, ya era tiempo de persecución. Ser cristiano, discípulo de Jesucristo, es ser misionario. El discípulo es misionario. “El compromiso misionario es una dimensión esencial de la fe: no se cree verdaderamente, si no se evangeliza” (Benedicto XVI).
Sebastián, pensando en sus hermanos cristianos que estaban siendo perseguidos, decidió ir para Roma. Se alistó en el ejército, volviéndose soldado da milicia imperial. Luego fue promovido, colocado en el número de los oficiales y nombrado comandante de los pretorianos. En ese puesto que asumió, lo pusieron como encargado de guarda personal del emperador. La persecución continuaba y, por muchos medios, los cristianos eran disuadidos a que abandonen su fe. Los perseguidos, su mayoría, permanecían fieles. Sebastián ayudaba a sus hermanos, principalmente los que estaban descorazonados. Como era oficial y tenía facilidad para entrar en las prisiones, visitaba a los cristianos presos y los exhortaba a permanecer firmes en la fe.
La persecución aumentaba y varios amigos de Sebastián fueron descubiertos y martirizados. Por su actuación y atestiguó junto a los cristianos, Sebastián era muy amado y no podía continuar ocultando su fe. Fue denunciado al intendente y acusado de crimen contra el Estado, de traición y de subversión. El emperador mandó llamarlo, para oír de él mismo la confirmación de que era cristiano. Al oír la confesión del joven soldado, quiso que fuera muerto de una forma diferente. Mandó a llamar a los arqueros de Numidia, que eran habituados a la caza con flechas. Ordenó que atasen a Sebastián en un árbol en el bosque dedicado a Apolo y que lo clavaran de flechas, pero que no le penetraran los órganos vitales, para que muriera lentamente. Así se hizo. Con la perdida de mucha sangre y muy herido, Sebastián desmayó. Como ya era tarde, lo dieron por muerto, se retiraron. Algunos cristiano, que ya habían preparado lo necesario para el entierro, fueron a buscar el cuerpo. Se dieron cuento que el joven aún respiraba. Lo llevaron para casa y lo cuidaron, le curaron las heridas. El día 20 de enero, día consagrado a la divinidad del emperador, Sebastián, ya recuperado, se presentó adelante de Diocleciano y recriminó su comportamiento en relación a los cristianos. El emperador se quedó aterrado y reconoció en aquel pálido hombre la persona de su antiguo oficial que juzgara muerto. Ordenó a los guardias que lo ejecutaran allí en su presencia y adelante de todos. Él mismo quería tener certeza de su muerte. Inmediatamente los guardias le dieron a golpes con las empuñaduras de hierro de sus lanzas. El emperador mandó que su cuerpo fuese arrojado al alcantarillado de la ciudad.
San Sebastián, nuestro patrono, fue un joven amigo y discípulo de Jesucristo.  El nos inspira en este camino de jóvenes discípulos, a “dejarse plasmar diariamente por la palabra de Dios: ella nos transformará en amigos del Señor, capaz de hacer otros jóvenes entrar en esta amistad con Él” (Benedicto XVI).
La juventud es una época en la que nos permitimos soñar, planificar, tomar decisiones, conocer gente y, sobre todo, enraizar nuestros valores fundamentales. Con la Virgen María no fue diferente. Ella, una joven adoradora de Dios, nos trajo la paz verdadera siendo fiel al Señor y firme a su vocación. El secreto de su éxito estaba en saber en quién había puesto su esperanza (cf. II Timoteo 1:12). Ese mismo deseo debe estar en el corazón de cada peregrino durante la Jornada Mundial de la Juventud. La Virgen María es el modelo perfecto para los que asistirán a la JMJ Rio2013. También Ella tuvo su Jornada y supo como ser fuerte y fiel hasta el final. Presentaremos tres rasgos llamativos de la vida de esta joven mujer extraordinaria, que nos guiarán en este fantástico encuentro que comienza:

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