Tomó una tinaja, la llenó de agua y se puso a lavar al niño, cuando ya el niño quedó bien limpiecito, entonces había que botar el agua sucia, pero la señora casi bota al niño junto con el agua sucia.
Hay que lavar al niño y hay que botar el agua; pero no hay que botar el agua con el niño, ¿cierto? Esa pequeña parábola sirve para entender lo que nosotros como católicos latinoaméricanos, como carismáticos de corazón, debemos hacer con respecto a la devoción mariana.
La devoción mariana es ese niño, pero a ese niño se le ha pegado mucha mugre, hay que lavar la devoción Mariana, hay que limpiarla; no todo lo que los católicos hemos hecho con la Virgen está bien hecho, hay muchas cosas que son mugre, porque tienen contaminación de idolatría o de superstición, y ahí es donde aprovechan los protestantes para criticarnos y para burlarse de nosotros.
Entonces hay unos carismáticos que hacen lo de la señora esta, un poquito torpe. Se ponen a lavar la devoción mariana, y ya cuando le queda más o menos limpia, botan el agua con el niño y resulta que eso va en contra de la Biblia, porque la Biblia nos enseña que hay un amor a la Virgen que no sólo está permitido, sino que está mandado.
Hoy precisamente hemos escuchado en el Evangelio como la Santísima Virgen hace una profecía, "Desde ahora me felicitaran todas las generaciones" San Lucas 1,48, y hay protestantes que desde que sale el sol hasta que se oculta no hacen sino hablar mal de la Virgen.
Entonces están desobedeciendo a la Biblia, porque la Biblia dice que Ella, María, "es la bendita entre las mujeres" San Lucas 1,42, y la Biblia dice que "a Ella la felicitarán todas las generaciones" San Lucas 1,48, se entiende generaciones de creyentes.
Hermanos, necesitamos limpiar al niño, el niño es la devoción mariana, hay que limpiarlo pero hay que sacar, arrojar el agua sucia, hay que quitar lo que sobra, sin por eso perder lo que vale la pena, ¿y que es lo que vale la pena? ¿En que consistirá una verdadera devoción mariana? ¿Cómo podemos realmente integrar este amor, esta fe, este cariño, este fervor, como podemos integrarlo dentro de nuestra fe cristiana?
Y nosotros debemos preguntarnos si esa manera de ver las cosas es correcta, porque si nosotros nos equivocamos en esto, entonces ya seremos protestantes de corazón, así nos sigamos diciendo católicos.
El amor a la Virgen, la celebración de la Eucaristía, la presencia de ministros ordenados entre nosotros, el reconocimiento del magisterio, la jurisdicción y la autoridad del Papa, en sí, todas estas cosas, pregunto yo, ¿son unos adornos, son unos añadidos?
Ese es el grave problema que viven algunos carismáticos y en el fondo de su corazón, sienten que lo esencial es creer en Cristo, reunirse para alabar a Cristo, llevar una vida buena y hacer unas obras de caridad o de evangelización, eso es lo esencial.
Pero a eso se le agrega que hay algunos grupos, por ejemplo, los católicos, que andan por ahí pegando algunos "dibujitos" y que celebran a unas cosas que se llaman Misas, y que a los pastores de ellos les llaman sacerdotes y a veces son gente muy terrible y a veces son buenos predicadores.
Así es como nos miran los protestantes y así es como muchos carismáticos se miran así mismos, es decir, lo esencial es creer en Cristo, alabar a Cristo, reunirse para celebrar a Cristo, hacer obras buenas para que Cristo sea conocido, llevar una vida recta, lo demás son adornos, así piensa mucha gente.
La estrategia que utilizan hoy por hoy los grupos protestantes, es exactamente esta, los grupos actuales no se llaman protestantes, tampoco se presentan como evangélicos, ni como Pentecostales, ni como Episcopalianos, ni como Luteranos, ni como Reformados.
Todos esos términos, que pertenecen al pasado de ellos, ya no los nombran porque son términos que suscitan desconfianza en el pueblo católico, entonces han tomado un nombre neutro que es "cristianos", "nosotros somos cristianos".
Fíjate el equivoco tan terrible que se puede producir ahí; "nosotros somos cristianos" significa "lo esencial del cristianismo lo tenemos nosotros, pero ustedes le añaden una cantidad de lacitos, moñitos, adornitos, florecitas".
"Y allá ustedes si quieren complicarse la vida con eso, nosotros nos quedamos con lo esencial, nosotros tenemos el cristianismo en su esencia; ustedes son los que le agregan cosas". Oiga, y nos lo han dicho tantas veces, que finalmente hemos terminado como por creerlo.
Yo creo que uno tendría que preguntarse, bueno supongamos que sucediera alguna tragedia, claro que algunos protestantes no llamarían a eso una tragedia, supongamos que se murieran todos los obispos y sacerdotes por lo menos muchos kilómetros a la redonda, pues nosotros nos seguimos reuniendo, seguimos predicando, seguimos alabando, seguimos bendiciendo, seguimos con una vida nueva que nos ha dado el Espíritu.
¿A usted le haría falta comulgar? Bueno, algunas personas parece que sí, sí, tal vez sí, otras personas dirían: “Hombre, si me consigue usted buenos predicadores, gente de esa que sepa predicar, pues yo creo que al principio de pronto sí, por la costumbre, pero después ya uno le da lo mismo".
La persona que diga eso es una persona que ya es un protestante, es decir, esa persona ya hizo el kinder y está listo para cursar el primer grado.
¿Pero de dónde surge toda esta confusión? Surge de lo siguiente: uno acepta un presupuesto de ellos, y el presupuesto es que la esencia del cristianismo está únicamente en creer en Cristo, alabar a Cristo, cambiar de vida y reunirse para alabar y para hacer obras buenas.
Si tú aceptas esos principios, la Virgen María es un adorno y los adornos algunas veces estorban y la Misa será otro adorno y el Papa será otro adorno y todo será adorno y estorban.
Por eso, uno tiene que preguntarse, si ese principio, si ese supuesto, si esa manera de ver las cosas es o no es correcta. O por plantearlo de otra manera, ¿realmente son adornos? ¿Son cosas que nosotros agregamos y las podemos quitar cuando queramos?
Me parece que hay personas que ven las cosas así y ahí es donde necesitamos la luz del Espíritu Santo, para ver qué es adorno y qué no es adorno, para ver qué es lo esencial y qué no es lo esencial.
Entonces, mis hermanos, preguntémonos sobre lo esencial, preguntémonos qué se puede quitar y qué no se puede quitar y por qué se puede quitar. Voy a necesitar del tiempo y la paciencia de ustedes, porque no me siento capaz de explicar esto de una manera demasiado corta.
Un hombre que me ha aclarado a mí mucho las cosas en este sentido es Santo Tomás de Aquino, mira lo que nos dice Santo Tomas, dice así: "Si nosotros nos fijamos bien que significa la fe, que significa creer, descubriremos que creer es aceptar algo porque alguien lo ha dicho, cuando uno acepta algo porque uno mismo lo ve con perfecta claridad, eso no es fe".
La fe supone que uno acepta algo porque alguien, que es digno de confianza, lo ha dicho, un ejemplo típico es la fe humana, fe humana es la fe que tenemos en algunas cosas que tienen que ver con nuestra vida, por ejemplo, "¿usted en que fecha nació?", "yo nací, supongamos, el dos de abril de 1943", "¿si? ¿A usted eso le consta?"
"Yo estaba tan chiquito que no me acuerdo", "¿pero usted sí cree que nació el 2 de abril del 1943?" "Sí, sí creo", "¿por qué lo cree?" "Hombre, porque mis papás me lo dicen, por eso se llama fe"; ese es un caso de fe humana. Yo supongo que mis papás me aman mucho, yo supongo que no me van a engañar, por eso yo acepto lo que me han dicho, eso se llama fe.
Nosotros por fe sabemos muchísimas cosas, y la autoridad, que hace que nosotros creamos eso, no es otra sino la autoridad de Dios.
"-¿Usted ha cometido graves pecados?" "-Sí". "-¿pero usted cree que sus pecados pueden ser perdonados?" "-Si". "-¿y usted cree en el perdón de los pecados?" "-Sí, porque Dios con su autoridad, y eso es lo que aparece en esta Santa Palabra, me habla del perdón de los pecados, yo creo en el perdón de los pecados, es una cosa maravillosa".
"-¿Por qué cree?" "Porque Dios me habla del perdón de los pecados, yo creo en el perdón de los pecados porque Dios me lo dice…" ¡Precioso!
O sea que la grandeza de la fe ¿esta en que? en ese acto por el cual yo me confío, por el cual yo me entrego a lo que otra persona ha dicho, pero no cualquier persona, sino en el caso de la religión, porque Dios así lo ha dicho. Dios me dice que hay perdón de los pecados, entonces yo creo.
Bien, entonces dice Santo Tomás de Aquino “Si la fe consiste en eso, si esa es la fe, ¿puedo yo escoger? ¿Puedo yo escoger qué es lo voy a creer?” Esa pregunta la hace Santo tomas de Aquino en una obra tan importante que se llama “La Suma Teológica”
Si yo creo entregando mi confianza a una persona, oigame esta pregunta tan inteligente que hace Santo Tomás: ¿Puedo yo escoger lo que voy a creer? Si lo básico de la fe es el acto por el cual yo confío en una persona, puedo yo escoger lo que voy a creer? Y responde Santo Tomás: “Si yo escojo lo que voy a creer, entonces no estoy entregando mi confianza".
Por ejemplo, si mi papá me dice: “Usted nació el dos de abril de 1943", y me dice: "Y cuando usted nació midió 49 centímetros de largo”, y yo le digo: “Papá, yo le creo que nací el 2 de abril de 1943; pero papá yo no le creo que haya medido 49 centímetros cuando nací".
¿Se puede decir que esa persona tiene confianza en el papá? Desde luego que no, porque a ese hombre no le consta ni que nació el 2 de abril de 1943 ni que medía 49 cm.
En el momento en el que yo escojo estoy destruyendo el acto de la fe. Miren lo importantes que son las cosas, ¿dentro de la fe hay cosas esenciales y cosas no esenciales? Pues mire, evidentemente que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado según las Escrituras y que resucitó para nuestra justificación.
Eso es más importante que cualquier otra cosa que se enseñe en la fe; pero si yo voy a llamar esencial a una cosa y a otra cosa la voy a llamar no esencial, y voy a decir que puedo quitar las cosas no esenciales, estoy traicionando el acto propio de la fe.
A ustedes nunca se les olvide el caso de la persona que sí le creía al papá que había nacido en tal fecha, pero no le creía que había medido tantos centímetros. Es evidente que una persona así no tiene confianza. "-Pero cómo vas a decir que no tengo confianza en mi papá, pues yo sí le creí que había nacido el 2 de abril de 1943". "-Pero no le creíste que habías medido 49 centímetros".
"-Pero sí le creí..." "-Sí, hombre, pero tú no puedes decir que tienes una confianza en tu papá, tú no puedes decir que la razón por la que crees eso es porque tu papá te lo dice, porque cuando te dice otra cosa tú no la crees. Luego, la razón de tu confianza no es tu papá, lo que tú no tienes es fe en tu papá".
Es evidente, si yo escojo qué creer, yo no tengo fe, eso es gravísimo. Entonces si yo tengo la Biblia y digo: "a ver, este Evangelio me gusta, las Cartas me gustan, los Hechos me gustan, el Antiguo Testamento ese no me gusta".
En el momento que yo hago esto, yo no puedo llamarme cristiano, no puedo llamarme creyente, en el momento en el que yo escojo qué parte de la revelación voy a aceptar, yo no puedo llamarme cristiano.
Hay un documento que ha causado muchos problemas, pero es que usted sabe que la verdad siempre es conflictiva, es un documento del año pasado, del año 2000, lleva por título en latín Dominus Iesus, es un documento que habla precisamente sobre esto.
Y dice, con la autoridad del Papa, el Cardenal Ratzinger, que es el encargado de la Congregación para la Doctrina de la Fe, es decir, aquella instancia en la Curia de Roma que vela por la integridad de la fe en nosotros los Católicos.
Dice el cardenal Ratzinger en ese documento: “Nosotros no podemos considerar Iglesia en sentido propio a las comunidades que han nacido de la Reforma Protestante”. ¡Cómo es eso! Pues puede ser una palabra antipática, pero es una palabra cierta; desde el momento en el que yo escojo por la razón que sea, qué creer, el acto de la fe está herido de muerte.
Pero es que puede suceder de dos maneras. Puede suceder de una manera más o menos sin culpa de la persona. Si esa persona vive en un ambiente donde la Iglesia Católica no hace prácticamente nada y da muchos malos ejemplos.
Bueno, las circunstancias se dieron, y se encontró con un grupo protestante, y en ese grupo le hablaron de Jesucristo con gran elocuencia, y lo invitaron a acercarse a Él, y esa persona empieza a creer en Jesús, el Hijo de Dios, y cree que Jesús murió por sus pecados, y cree que Jesús lo ha salvado".
Pues esa persona tampoco está en cero, esa persona tiene muchas cosas buenas, y es posible que muchas de las personas que no son católicas se salven y vayan al cielo, eso sólo lo sabe Dios, es perfectamente posible, depende de qué buena fe tenga la persona.
Lo que a mí me empieza a parecer difícil, es que una persona que se haya detenido a estudiar estas cosas con cuidado, y sin embargo rechace la fe católica, que esa persona esté obrando de buena fe, eso sí me parece más complicado de creer; pero bueno, todo puede suceder.
Lo importante para nosotros, y apenas estamos terminando la primera enseñanza en este día, lo importante es esto, hermanos, que en el momento en que yo empiezo a escoger destruí la confianza en Dios que revela, tan sencillo como eso.
Y por favor, jamás olviden el ejemplo del hombre que le creía al papá que si había nacido en una fecha, pero que no le creía cuánto había medido al nacer, nunca diremos que ese hombre tiene confianza en el papá.
Yo no puedo escoger, eso no significa que todas las cosas de fe sean de igual importancia, no es de igual importancia creer en el Ángel de la Guarda o creer que Jesús me lavó de mis pecados, es infinitamente más importante creer que Jesús me ha lavado mis pecados.
Pero en el momento en el que yo por mi cuenta y riesgo, porque se me dio la gana, niego que existen Ángeles, en ese momento eché a perder la fe; pero si los Ángeles no son tan importantes comparados con la Resurrección de Cristo, si, hombre, lo mismo que no es tan importante medir 49 centímetros 48.5 centímetros.
Pero en el momento en el que usted se obstina en no creer, lo que se le ha presentado como revelado por Dios, y que no es un invento de hoy ni de ayer, en el momento en el que usted se obstina, su obstinación destruye la confianza propia del acto de fe. Por eso la fe, mis hermanos, tiene una preciosa unidad, la fe tiene una altísima unidad y si yo lastimo la unidad de la fe, destruyo el acto de la fe.
Lo que puede pasar, repito, es que dadas ciertas circunstancias personales, la persona destruye el acto de fe, digamos así, como un elefante en una vidriería, no se da cuenta de las muchas cosas que rompió, puede suceder, pero tengamos claro que romper el acto de la fe, romper la unidad de la fe, es romper la confianza que sustenta el acto de la fe.
Este argumento que les acabo de contar y que he tratado de explicar de la mejor manera, lo escribió Santo Tomás de Aquino por el siglo XIII, esto quiere decir que hace más de un poco más de setecientos años. A uno le puede dar rabia ese argumento, le puede fastidiar, pero hasta ahora no he encontrado ni una sola persona que contradiga con razones ese argumento.
Si tú escoges que creer, destruiste el acto de la fe, tan sencillo como eso, eso no significa que todo sea igualmente importante, no, pero en el momento en el que tu te obstinas en no creer algo, así sea algo leve, tú estás poniendo tu criterio por encima de Dios que revela y ahí no fue posible, tan sencillo como eso.
Bueno, poniendo esta aclaración en nuestra mente, pensemos en lo que significa la presencia de María, María para nosotros los católicos es varias cosas, es decir, tiene varias entradas, en la realidad viva de la fe, me explico, María es, y en esto están de acuerdo la mayor parte de los protestantes con nosotros, María es un gran modelo de creyente.
Es decir, es una persona que nos ha dado ejemplo, eso es así, y en esto generalmente no hay mucha discusión con los cristianos no católicos, que María es un gran ejemplo de vida cristiana, un gran ejemplo de fe, un gran ejemplo de santidad, incluso de oración, de abnegación, de confianza en Dios, de alabanza, esto no ofrece mayor dificultad, ahí estamos de acuerdo más o menos todos.
Número dos, Maria para nosotros es también una gran intercesora, ahí sí hay problema, porque para ellos la intercesión sólo existe entre las personas que están vivas en el planeta tierra al mismo tiempo, una cosa que causa dificultades, obviamente, para admitir la intercesión de una persona que ya no está viva en esta tierra.
Nosotros creemos en la intercesión de María, en el Ave María decimos: “Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte”, pedimos así su intercesión.
Sobre estos temas uno tiene que hablar tantas veces que yo no me acuerdo si he dado esa explicación aquí, pero lo voy a explicar brevemente.
Si una persona mientras está viva en esta tierra puede orar por mí, y esta persona está unida a Dios y porque está unida a Dios es porque puede orar por mí, ¿usted le pediría oración a una persona que está en pacto con el diablo? Yo creo que no, la razón por la que uno le pide oración a los hermanos de comunidad, es porque tienen alguna unión con Dios.
Supongamos que estuviéramos en el siglo I y que Maria la Madre de Jesús estuviera viva entre nosotros en alguna asamblea, ¿sería correcto decirle a la Madre de Jesús ruega por mí? Claro, eso no lo puede negar ningún protestante, precisamente porque está unida a Dios, por eso se puede pedir que ruegue por mí.
Además, en la Biblia, en el Nuevo Testamento concretamente, está repleto de súplicas de intercesión, a cada rato San Pablo dice: “Rueguen por mí, oren por mi, recen mí”. Es evidente que la intercesión es una realidad viva.
"-¿Usted por qué pide intercesión?" "-Hombre, porque creo que esa persona tiene una unión con Dios". "-Bueno, si no estuviera unida con Dios, no pediría intercesión, ¿cierto? No la pediría".
Pregunta: "-¿Cuando un cristiano, cuando una persona que es salva se muere, usted, señor protestante, ¿a dónde cree que va a ir esa persona?" "-Pues al cielo". "-¿Y el cielo es unión con Dios?" "-Pues claro. "¿La unión con Dios en el cielo es más grande que la que se tenía aquí en la tierra?" "-Si".
"-Señor protestante, entonces, ¿por qué usted no permite que pidamos intercesión de esas personas? ¿Usted por qué le pide oración a las personas de esta tierra?" "-Porque están con Dios" "-Y los que mueren en Cristo y son salvos no están con Dios?" "-Sí, están más con Dios todavía". "-¿Y por qué no se puede creer en esa intercesión?" "-No, porque no".
Por favor, hermanos, démonos cuenta, hay que utilizar la cabeza en esto. Si ustedes que están aquí porque han venido a oír un torrente de palabras bonitas, igual podrían estar viendo televisión, igual podían estar viendo u oyendo el discurso de un masón, un ateo o un protestante.
Uno no viene a la iglesia para oír palabras bonitas, uno viene a la iglesia buscando la verdad, la verdad del amor de Dios que se ha revelado en nuestro Señor Jesucristo; hay que utilizar la cabeza.
Entonces, pregunta: ¿si la persona que se muere, y está dormida con Cristo, sí puede rogar por mí? Y hay un grupo de gente que se llama cristiana y dice que eso no es posible, entonces, ¿qué?
Pues que ellos están equivocados y nosotros estamos en lo correcto, y hay que dejarse de complejos, "ay, pero es que ellos manejan mucho más dinero y tienen tres programas de televisión, además, los que se convierten a ellos son jóvenes y bonitos y nosotros somos viejos, achacosos y feos", ¿qué tal esos argumentos?
Por eso, mis hermanos, cuando usted se encuentre con ese protestante que tiene alguna fe en Cristo, usted le tiene que hacer ver que él es el que está equivocado, no soy yo el que le está agregando cosas a la fe, es usted el que está cambiando las cosas.
Claro, eso hay que aprender a decirlo, yo lo digo aquí con este énfasis porque tengo poco tiempo y porque me duele ver lo acomplejado que somos los católicos, acomplejados, asustados y tímidos.
Les repito muy cortito el argumento, si la única razón para pedir la intercesión de una persona es porque tiene unión con Dios, y si cundo uno se muere y se va al cielo y está con Dios, ¿entonces por qué se va a prohibir eso?
Finalmente, dice el protestante: "Mire, se debe prohibir porque Dios ha dicho que no se debe hacer invocación de muertos", "¿y a usted quién le ha dicho que esa persona está muerta si está más viva que usted y que yo?" Claro, en el Antiguo Testamento había que prohibir la invocación de muertos, porque en el Antiguo Testamento no había aparecido la salvación por Cristo.
Claro, pero en el Nuevo Testamento, donde ya sabemos lo que significa ser salvo, lo que dicen ustedes en todas sus emisoras y todas sus propaganda, en el Nuevo Testamento, donde ya sabemos lo que significa ser salvos, ¿por qué pretende usted aplicar esa restricción? ¿O es que usted pretende que quede en vigor todo el Antiguo Testamento? Entonces le toca, hermanito, empezar por circuncidarse usted y sus hermanitos, y deje de comer marrano".
Por eso, mis hermanos, qué tontos y qué acomplejados hemos sido. “Ay, sí, esos sí tienen lo esencial, y nosotros tenemos lo esencial con un poco de agregados; pero bueno ahí nos toca ir agachados y humillados porque ellos sí tienen lo esencial y nosotros aquí sosteniendo la caña".
Y resulta que la cosa es al revés. En primer lugar, el que empieza a escoger qué creer, dañó el acto de la fe; y en segundo lugar, si usted en este caso concreto de la intercesión, si usted no admite la intercesión de los Santos, es usted el que está dañando la fe, no es que sólo agregue, es que usted le está quitando.
"-¿Me está diciendo usted que me voy a condenar si yo tengo fe en Jesús?" "-Mire, yo no puedo condenar a nadie, el único Juez es el Señor, pero como católico tengo el deber de hacerle ver a usted que no soy yo el que está agregando cosas, es usted el que está mutilando la fe, y por lo tanto, me permito invitarle, en el nombre de Cristo, ¡deje de mutilar la fe!
Nosotros, entonces, vemos en María un gran modelo de vida cristiana, vemos en María, nuestra gran intercesora, y vemos en María la obra más grande de la gracia de Dios.
Me tomaría demasiado tiempo extenderme en qué queremos decir que es la obra más grande de la gracia de Dios, pero hay algo que sí quiero decirles: Si nosotros los católicos nos centráramos verdaderamente en lo que significa María según las Sagradas Escrituras, nadie tendría nada que reprocharnos, pero nosotros, aunque tengamos razón, no somos inocentes; nosotros hemos oscurecido el verdadero rostro de la devoción Mariana, ¿por qué?
Por tres errores, y si predico que los errores de los protestantes para que salgamos de complejos, también tengo que predicar de los errores de nosotros los católicos para que nos volvamos con más amor al Evangelio.
En primer lugar, para que seamos más eficaces en la predicación y el testimonio; en segundo lugar, ¿cuáles son nuestros principales errores? En lo que yo he podido ver, primero, que nosotros le damos tantísima importancia a estas devociones y desconocemos mucho de la Palabra de Dios.
No hay que poner las cosas en estos términos, “o devociones o Biblia”; no, más bien, desde la Biblia, encontrar el verdadero sentido de la devoción; pero nosotros nos hemos equivocado en eso, no seamos inocentes y sobre todo en Latinoamérica, no seamos inocentes.
Muchas veces hay una gran devoción y un gran desconocimiento de la Biblia, y eso lo critican, con toda razón, los protestantes, de manera que esa crítica está bien dicha y esa crítica es bien verdadera, y aunque nos duela, hay que aplaudirlo.
Error número dos que cometemos con María y con casi todos los Santos: nosotros le damos más importancia a lo que el santo puede, que a lo que Dios pudo en el santo y esto es un error terrible, desde luego que los santos pueden hacer muchas cosas por la unión que tienen con Dios.
Y eso se puede argumentar perfectamente a cualquier protestante que le viniera a uno a decir cosas, uno le podría decir: "Mire, ustedes casi todos admiran a un predicador que se llama Billy Graham, para ellos él ha sido un gran predicador.
"-¿Usted no cree que Billy Graham haya podido hacer muchas cosas con la gracia de Dios? "-Sí, sí, claro, el hermano Billy ha hecho muchas cosas fantásticas, maravilloso el hermano Billy". "-¿Entonces qué es su ataque y qué es su burla? Desde luego que los Santos pueden hacer muchas cosas, nadie lo debe dudar.
El hermano Billy también ha hecho muchas cosas, pues hombre, claro que se pueden hacer muchas cosas, pero es mala idea lo que nosotros los católicos hemos hecho, es decir, hablar tanto del poder del santo y hablar tan poquito de lo que Dios pudo hacer en el santo.
Y entonces de tanto hablar de lo que el santo puede hacer, termina por convertirse como si fuera un Dios o un ídolo y en eso hemos llegado a unos extremos ridículos, y de esos extremos ridículos se aprovechan los protestantes para criticarnos, y tienen razón.
Manera de corregir esto: señores sacerdotes, misioneros, catequistas, cuando prediquemos y hablemos de los santos hay que hablar más de lo que Dios hizo en el santo que de lo que el santo puede hacer con nosotros, ese es el remedio que hay que aplicar.
Claro que a muchos católicos como que se le entran muchos complejos: "Yo aquí escondido, agachado y acomplejado, mejor no hablo de los santos, porque qué tal que ayude yo a la idolatría..., y mejor me escondo".
" Mejor me escondo" es que los ministerios de música carismática no se saben canciones de la Virgen, "y mejor me escondo" es que yo bien podría regalar algún dulce delicioso al ministerio de música que se supiera un canto a algún santo.
¿Por qué? Porque eso ya lo sienten como pecado: “No sé, ¡cómo le voy a cantar a Santo Domingo, a San Francisco, a San Martín!, ¡oh, no, Dios mío! Después de que ya conocí el Evangelio”; mire, pedazo de protestante con cara de católico, en primer lugar, deje su complejo, claro que hay que predicar de los santos! ¡ojalá todas las sectas tuvieran santos de que enorgullecerse como lo tenemos nosotros!
Entonces, hay que predicar de los santos, pero la manera de predicar de los santos no es el gran poder que tiene este santo y el poder del santo, eso induce a confusión. Siempre hay que predicar más de lo que Dios pudo en el santo, que de lo que el santo se supone puede con nosotros, ese es el remedio y con ese remedio es suficiente. El tercer error, es gravísimo, que también hemos cometido es pedirle ayuda a los santos sin cambiar nosotros nuestra vida, esto nos lo critican con toda razón los protestantes.
Una persona lleva una vida, se dice en mi país una vida perra, una vida puerca, una vida sucia, estaba trabajando en el taller y una esquirla, una pequeña pieza metálica se le enterró en el ojo, y dijo: “Voy a hacerle una novena a Santa Lucía para que me arregle mi ojito”.
Ahí es cuando el protestante monta en santa cólera, y dice: “Primero pídele a Jesús que te cambie la vida, y luego miraremos a ver si te conviene que te arregle ese ojo”, y tiene razón el protestante.
Nosotros recurrimos a los santos para que nos arreglen pedazos de la vida, y resulta que los santos son santos, no porque le dieron pedazos a Dios, sino porque le dieron todo a Dios, y Santa Lucía, San Pancracio, San Martín y Santa Teresita son santos porque fueron todo para Dios, y eso es lo que nosotros deberíamos aprender.
Andar detrás de los Santos para solucionar problemas, para ponerle parches a la vida, para arreglar pedazos de la vida y nunca arreglar la vida, es un daño que le hemos hecho a la Iglesia Católica, porque así hemos desacreditado nuestra fe católica y con razón se burlan de nosotros, y cuando nos critican, tienen razón en eso y es una verdad tan grande, que esa verdad hay que también aplaudirla como hemos aplaudido a lo otro.
O sea que el remedio ¿cuál es? Fundamentarnos más en la Palabra del Señor sin miedo, uno no tiene nada que temer.
Punto número dos: Necesitamos hablar más de lo que Dios pudo en el santo que de lo que el santo puede con nosotros.
Punto número tres: no acudir a los Santos para que nos arreglen problemitas en la vida, sino cambiar de vida, lo cual sólo puede hacerlo Jesucristo, y desde esa amistad en Cristo, acudir a ellos como amigos y como hermanos, para que nuestra vida sea plena expresión del Evangelio de Dios.
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