sábado, 31 de diciembre de 2016

Eclesiastico 48,1

 Cada Eucaristía es la donación entera de Dios en la persona de su amado Jesucristo, y es también nuestra donación completa y perfecta en este Hijo, para la gloria del Padre.
 El evangelio de hoy nos cuenta el nacimiento de San Juan Bautista, un hecho de tanta importancia en la preparación del nacimiento mismo de Cristo.
El profeta Malaquías está anunciando la llegada de la redención, se trata de la renovación de la Alianza. Y hay una serie, una serie de características de la preparación para la llegada del Señor.
Se habla de un fuego de fundidor, se habla de una lejía de lavandero, y se trata de refinar, se trata de purificar, se trata de limpiar la plata y el oro. Esta es la primera imagen que nos ayuda a mirar nuestro propio proceso; nos preparamos para el Señor, refinando, purificando. Esa es la purificación.
Se habla de metales nobles, la plata y el oro; son metales que ya son valiosos en sí mismos, pero necesitan ser purificados. Así también nosotros, por supuesto que somos valiosos, cada uno de nosotros es precioso ante Dios, pero eso no significa que no necesitemos esta purificación.
Al contrario, nos recuerda en algún lugar la Primera Carta de San Juan: "El que ama a Dios, el que tiene esta esperanza en Dios, se purifica a sí mismo" 1 Juan 3,3. Ya somos preciosos, ya somos como plata y oro, pero necesitamos esa purificación.
Y obsérvese que estas dos comparaciones: el fundidor que refina la plata y el oro, o el lavandero que utiliza la lejía sobre la tela que está sucia, la ropa que está sucia.
El primer llamado que recibimos hoy, llegando al final de este Adviento, es recordar que somos preciosos, valiosos, pero necesitamos esa purificación, necesitamos el esfuerzo consciente de arrancar de nosotros, de quitar de nosotros lo que no ayuda a nuestra respuesta a Dios.
Sabemos que toda vocación es respuesta, y sabemos que toda vida es vocación. De lo que se trata entonces es de hacer de nuestra vida ese proceso de purificación, que deja a la luz, que saca a ala luz el designio que Dios tuvo para nosotros.
Purificarse, por supuesto, es un acto de voluntad, porque Dios no va a destruir su propia obra; y si Él nos hizo seres libres, Él no nos va a obligar a ser puros en su presencia. Él respeta, por así decirlo, la voluntad que Él mismo dio. En ese sentido, purificarse es un acto nuestro. Pero en otro sentido, purificarse es un acto de Dios.
El oro no tiene la capacidad de arrancar del todo la escoria: necesita una ayuda externa, esa ayuda es el fuego; el oro no arde por sí mismo: necesita un fuego que viene de fuera, y ese fuego es el que, poco a poco, hace posible que salga del oro la escoria.
Siguiendo esa comparación, también nosotros necesitamos someternos al fuego. Aquel que quiera purificarse necesita someterse al fuego. No en vano la Escritura ha comparado el amor, sobre todo el amor intenso, con amor que es fuego. Por algo se habla de un amor "ardiente", porque arde, porque quema.
Pues nosotros tenemos que someter nuestro pequeño amor al gran Amor; tenemos que insertar, tenemos que encerrar la pequeña llama de nuestro amor en la inmensa llama del Amor divino.
El fuego tiene oro de brillo, pero no brilla tanto como el fuego; porque si uno tiene oro en una habitación oscura, pues nada brilla de ese oro. El oro no tiene luz por sí mismo, necesita de una luz para brillar. Así también, nosotros tenemos que someternos al fuego de Dios.
El acto de la purificación no es pura resolución de la voluntad, esta no es una tarea solamente humana; el acto de la purificación es, sobre todo, ese rendirse, ese amoroso someterse al amor, ese declarar la victoria del fuego de Dios en nosotros, para que se adueñe de nosotros y para que sea Él quien finalmente nos purifique.
Luego se nos habla del profeta Elías. Este será el segundo elemento en nuestra reflexión .
Se envía al profeta Elías, recordemos que Elías es un profeta como un fuego, y aquí enlazan las dos imágenes: la del orfebre y la del profeta. Elías, nos dice el libro Eclesiástico, "es un profeta como un fuego" Eclesiástico 48,1.
Elías es el profeta de la fe verdadera, es el profeta de la perseverancia en la soledad, es el profeta de la fidelidad exquisita, y, podríamos decir, arriesgada hasta las últimas consecuencias.
Sólo en el silencio, en la oración, en la escucha, y en el deseo explícito de agradar al único Dios, podemos seguir el ejemplo de Elías y podemos prepararnos realmente para acoger a Jesucristo.
Entonces,con sabiduría aceptamos que Uno solo es el Redentor, y que no podemos tener muchos redentores o muchos salvadores, sino que hay que aprender a esperar de Dios.
Entonces este es el segundo elemento: Elías, Elías que nos invita a la fidelidad dentro de la humildad, al celo sin protagonismos, al deseo absoluto de Dios, pero sin dejar que la impureza de la vanidad, la soberbia o el temperamento agresivo aplasten lo que estamos tratando de hacer.
Bueno, esa terminación: "para que no tenga que venir yo a destruir la tierra" Malaquías 4,24, digamos que es más o menos comprensible. Es evidente que si la humanidad entra en rebeldía, lo único que le puede esperar es el desastre, eso o entendemos.
Mira el papel de Elías, o digo mejor, el papel de Juan Bautista, o digo mejor, la tarea que también nos toca a nosotros en la preparación final para el nacimiento de Cristo. "Convertirá el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres" Malaquías 4,24.
Recordemos que convertirse lo que significa originalmente : "volverse a", "dirigir la atención a", en cierto sentido convertirse también es: recibir la luz, la inspiración, la dirección que otro marca; convertirse también es: atender a lo que alguien tiene que decir.
 "Os enviaré al profeta Elías. Él hará que el corazón de los padres se vuelva hacia los hijos, y el corazón de los hijos se vuelva hacia los padresMalaquías 4,23-24.
En la Biblia, el tesoro propio de los mayores, el tesoro propio de los padres es la experiencia: "Venid, hijos, escuchadme, os instruiré en el temor del Señor" Salmo 33,12, dice el salmo. Lo propio de los padres es la experiencia, lo propio de los jóvenes, en cambio, es la vitalidad,
Malaquías creo que era más sabio que ese modo de pensar. Malaquías dice: que el que tenga experiencia, se abra a la esperanza; y el que tenga esperanza, se abra a la experiencia.
Entonces el que tiene experiencia, ábrase a la novedad de Dios; y el que tiene esperanza, el que tiene vitalidad y fuerza, y el que está buscando su pedacito en la historia del monasterio, o el pedacito en la historia de la Iglesia, ése, con humildad, aprenda del otro, aprenda del que tiene experiencia.
Humillémonos en la presencia de Dios, porque no hemos sabido utilizar ni nuestra experiencia ni nuestra esperanza, y esas dos luces y fuerzas son las que tenemos para preparar el camino cuando llegue el Señor.

Que sea Él mismo, con el bálsamo, con el amor destilado de su piedad, el que nos ayude, para que todos, con un solo corazón, le preparemos una morada, un lugar bien dispuesto, y Él pueda nacer, vivir y reinar en medio de nosotros.

Malaquias 3,24









·Convertirà el corazòn de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, para que no tenga que venir yo a destruir la TierraMalaquías 3,24.
Esa idea de la destrucción de la Tierra, tipo diluvio, o de la cólera desencadenada de Dios, que no es otra cosa sino el desenvolvimiento de las consecuencias de los pecados de los hombres, que explica muy bien Santo Tomás; esa parte es más comprensible.
 Centrarnos en convertir los corazones de los padres hacia los hijos y el corazón de los hijos hacia los padres.
Esa expresión es rara, porque la conversión en los profetas siempre había sido una conversión hacia Dios, y parece que tal vez eso esté como entendido , pero el enunciado es muy distinto.
Convertirá el corazón de los hijos, de los padres hacia los hijos y el de los hijos hacia los padres.
Esta palabra de Malaquías ha atravesado muchos siglos. Es como un correo esforzado, como un mensajero que ha tenido que vencer muchos obstáculos. Fue predicada por primera vez en hebreo hace muchos siglos, y luego de allá fue rescatada del olvido.
Tuvo que abrirse paso entre culturas, idiomas, siglos, hasta llegar finalmente a nosotros y ser servida aquí. Es todo un regalo. Es una palabra que ha recorrido muchísimo para llegar a mis oídos, y llega hasta mí como una especie de regalo envuelto.
Nos llega este regalo , "convertir al corazón de los padres hacia los hijos y el de los hijos hacia los padres" Malaquías 3,24.
Ahí está, ¿no se parece, acaso mucho, lo que dice el Apocalipsis? "Estoy frente a la puerta y llamo, y si alguno me abre entraremos y cenaremos juntos" Apocalipsis 3,20. De manera que aquí estaremos.
 "Los corazones de los padres hacia los hijos y de los hijos hacia los padres?" Malaquías 3,24.
El sentido parece ser el siguiente: convertir el corazón de los padres hacia el de los hijos quiere decir que los padres puedan recibir los mismos bienes de los hijos; y convertir el corazón de los hijos hacia los padres quiere decir que los hijos puedan ser herederos de las mismas promesas.
Los padres representan aquí a aquellos Patriarcas que recibieron las promesas de Dios, y los hijos representan aquí a aquellos que recibieron el cumplimiento de esas promesas de Dios.
Esta lectura o este versículo de Malaquías lo podemos relacionar con aquello que dijo el Señor en el Evangelio en otra ocasión: "Dichosos vuestros ojos porque ven; dichosos vuestros oídos porque oyen.
Porque hubo muchos reyes y profetas que quisieron ver lo que vosotros veis y no lo vieron, que quisieron oír lo que vosotros oís y no lo oyeron" San Mateo 13,16-17. Esos reyes y profetas que dice Jesús son los padres que dice Malaquías, y esos vosotros que dice Jesús, esos son los hijos que dice Malaquías.
Esos padres que dice Malaquías se corresponden al tiempo de las promesas, y esos hijos de que nos habla el Profeta Malaquías son el cumplimiento.
Convertir el corazón de los padres hacia los hijos quiere decir entonces que toda promesa alcanzará su cumplimiento; y convertir el corazón de los hijos hacia los padres quiere decir que todo cumplimiento se aprecia, se valora para el que conoce la profecía.
Si los padres no vuelven su corazón hacia los hijos, es decir, si el tiempo de las promesas no florece en un tiempo de cumplimiento, los padres, es decir, los que recibieron las promesas, se quedan vacíos. Su espera y su esperanza fueron estériles.

Si los hijos no vuelven su corazón hacia los padres, no sabrán apreciar los regalos que les llegan, porque no sabrán el trabajo que eso costó.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Extremo








 El extremo de amor que Él da, se convierte en un extremo de exigencia. Si todo lo que hay en mi vida puede ser amado y salvado por Jesús, entonces Él se convierte en el Rey de todo lo que yo soy, Él se convierte en el Señor de toda mi existencia.
 Esto significa que yo ya no tengo una vida distinta de la vida que Él me da. El destino natural de todo ser humano después de Cristo, es poder decir lo que dijo San Pablo: "Ya no vivo yo, es Él quien vive en mí" Carta a los Gálatas 2,20.
Jesús viene a restaurarlo todo, pero también viene a derribar todos los imperios. Jesús se convierte al principio, en una gran noticia.
Es ahí cuando se cumple lo que dice el evangelio: "Todos os odiarán por mi Nombre"  San Mateo 10,22. Porque cuando tomamos el Nombre de Jesús hasta el último extremo, ese Jesús entra en conflicto con todos los imperios del mundo.
Ese imperio mío tiene que caer, y tiene que postrarse ante Jesús. Si yo no lo quiero soltar, es en ese momento en donde Jesús aparece ante mí como un estorbo, como aquel que no me deja hacer mi voluntad.
Jesús viene a decir que esa llave no la van a controlar, sino depende de la fe por la que abrimos la puerta a la gracia que Dios nos ha traído.
El mensaje de Jesús es demasiado fuerte. Esteban se convierte en un estorbo; hay que acabar con Esteban.
Pero en la Biblia el odio se parece mucho a lo que significa posponer, descartar, despreciar, dice literalmente en otro texto el Evangelio: "El que no odia a su padre, o a su madre..." San Lucas 14,26.
Jesús no está predicando que tenemos que odiar a la familia, sino dice: "Hay que saber posponerlo todo, hay que saber despreciarlo todo. De esa manera debe ser importante Jesús en el Evangelio.
Jesús dice que "todos os odiarán por mi Nombre" San Mateo 10,22, no significa necesariamente que cada cristiano va a experimentar persecución, y que la gente le va a querer hacer daño. Pero lo que sí significa, es que todo verdadero creyente va a experimentar tarde o temprano, que los demás lo descartan, que los demás lo desprecian.
Esa es la vida cristiana. Es un mensaje nítido del amor de Dios en todas sus implicaciones. No es quedarse únicamente en la parte suave, en la parte bonita.

Por intercesión de San Esteban, pidamos la gracia de ser testigos fieles de las dos cosas: de la alegría del Evangelio y de la exigencia del Evangelio. Los verdaderos santos dan testimonio de ellas dos.

San Esteban











Lo que revelan los mártires.relación se destaca con San Esteban: en los mártires aparece el buen corazón de Dios.
Este hombre, mientras respiraba, entre pedrada y pedrada, iba rezando, rezaba por sus enemigos. "Es el momento de manifestar el buen corazón de Dios", "Dios está manifestando el buen corazón".
El buen corazón de Dios se manifiesta en Cristo y se manifiesta en los testigos de Cristo. Es decir que los mártires son los testigos de la eudokía, del buen amor de Dios, del maravilloso, del dulce y tierno amor de Dios, que es incapaz de hacer daño, ni siquiera a sus propios verdugos. Como que van sonando allá adentro de nuestro corazón las palabras del evangelio de Juan: "Vino a los suyos y los suyos no le recibieron" San Juan 1,11.
Este es el Niño anhelado, el Niño de la Navidad, el Niño Jesús; es el Niño anhelado, es el Niño deseado, es el Niño que todos necesitamos, y sin embargo, es el Niño rechazado, es el Niño pospuesto, el Niño marginado. Esa es la paradoja de Jesucristo: lo necesitamos y lo amamos, pero lo rechazamos y no le obedecemos.
Por eso la Navidad, después de esta celebración de San Esteban, adquiere un tono distinto, hay sangre de por medio en esto. Aceptar a Jesucristo, aceptar al Niño del pesebre, ayer nos parecía un acto natural, un acto de ternura; hoy aprendemos que nadie acepta a Jesucristo impunemente, el mundo se lo cobrará.
Si usted acepta a Jesucristo, el mundo le pasa una factura, el mundo se lo cobrará. Ayer, recibir a Jesús esa algo tan sencillo como cargar un bebé; hoy, recibir a Jesús, es algo tan difícil como cargar una cruz. Pero el Bebé es el Bebé de la Cruz, y la Cruz, según vio Santa Catalina de Siena en una visión que el Señor le regaló, acompañó toda la vida de Jesucristo.
Aceptar al Niño es aceptar la Cruz del Niño; aceptar al Niño es aceptarlo con todas sus palabras, es aceptarlo con todo su Espíritu, es aceptarlo con todo su mensaje, es aceptarlo con toda su fuerza de liberación..
Hoy,tenemos más razones para celebrar a Jesús; hoy podemos decir con más alegría: "Que viva Jesús!" Podemos aplaudir con mayor gozo al Niño del pesebre. Porque si recibe contradicciones por una parte, no se rinde; aunque odiado, no odia; aunque rechazado, acoge a todos.
Es el Dios guerrero, como lo llamó Isaías, es el Consejero admirable, es el Padre perpetuo, es el Príncipe de la paz, es el que va adelante de nosotros, y el que es capaz de arrancar una victoria incluso debajo de un alud de piedras.
 Estas piedras de Esteban construyen el primer monumento maravilloso al poder de Jesús. El Niño, aunque parece tan débil, como dice la Novena, ha mostrado fuerte brazo. Este Niño es la causa de nuestra alegría y es el motivo de nuestro gozo.
Nosotros recibimos a Jesús, vamos a darle permiso a Jesús de que se adueñe de nuestro corazón, de nuestro cuerpo y de nuestra vida, para que el triunfo del Niño de Belén se extienda por el mundo entero.

Amén.

Designio

Dios tiene una bondadosa voluntad, un bondadoso designio para el ser humano, la expresión de los Santos Ángeles:" Paz en la tierra a los hombres para quienes Dios tiene un bondadoso designio; paz a los hombres, los habitantes de esta tierra, para quienes Dios tiene un bondadoso designio".
La paz que recibimos los seres humanos nace del bondadoso designio, del bondadoso plan, de la voluntad misericordiosa, de la eudokía de Dios. Paz en la tierra, esa paz viene del designio bondadoso de Dios.
Los Ángeles pueden anunciar paz, en la noche de Belén, ha aparecido el bondadoso designio de Dios, y se expresa y se realiza en la Carne santísima de Jesucristo.






La Carne santísima es en ese pequeño Niño, esa carne santísima es la expresión visible, tangible,es la expresión sensible y tangible de un designio fantástico, de un designio maravilloso, un designio amoroso, un bondadoso designio que es el que va a traer la paz.
La Carne de Cristo es la expresión de esa eudokía, de esa buena voluntad. Es maravilloso adentrarnos en esa buena voluntad, en esa voluntad buena. Porque casi siempre cuando hablamos de la voluntad de Dios es como en términos resignados:
La voluntad de Dios es eudokía, es buena, es una voluntad buena, es lo mejor que Dios ha podido preparar para nosotros.

Eso es lo que ha quedado revelado en el nacimiento d Cristo. La Navidad es el tiempo para decir: "¡Qué modo tan piadoso!" ¡Qué ternura de amor la que tiene Dios para nosotros!" "¡Cómo nos quiere de bien! "¡Qué bien nos quiere! "¡Tanto nos ama!" "¡Ha quedado revelado el buen corazón de Dios!".

lunes, 26 de diciembre de 2016

Magnificat

Magnificat  puede ser leído enteramente desde nuestra historia, y desde ese punto de vista, lo que aquí le dice de los pobres y de los ricos; de los hambrientos y de los poderosos; lo que aquí se dice de humillaciones y de soberbias no es solamente "espiritual", es la realidad de que Dios puede y quiere y va a transformar la historia que viven las personas, la historia donde están esos ricos y esos pobres; esos poderosos y esos hambrientos.
Este cántico celebra, en primer lugar esa acción salvadora de Dios que libra más allá de las opresiones que nosotros alcanzamos a ver.
Este cántico tiene una potencia de limpieza del alma, se está hablando de una libertad que trasciende lo que alcanzan a ver nuestros ojos. Se habla de una liberación que efectivamente tiene que ver y tiene mucho que decir con lo que vive el mundo.
Este cántico tiene una labor de limpieza del alma, porque son palabras que anuncian una acción tan profunda de la redención de la creatura humana, que va precisamente desde su origen mismo en el vientre materno, hasta su realización más plena en el cumplimiento de las promesas de los Patriarcas.
Los cristianos nacidos de este vientre de María Santísima, tenemos en el Magnificat, repitiendo como lo hacemos, por ejemplo, en la Liturgia de las Horas cada tarde, este mensaje de salvación, estamos cantando una liberación que va desde nuestro propio vientre hasta lo último que Dios alcance a realizar en nosotros, según su santísimo poder, según su infinita misericordia.
Unámonos, pues, a este cántico, celebremos la esterilidad vencida y la virginidad fecunda; unámonos a este cántico y celebremos esa libertad que va más allá de lo que alcanzan nuestros ojos, esa salvación que va más allá de lo que pueden decir nuestras palabras.
Pero además está el hecho mismo de la presencia de las personas necesitadas. Es muy interesante ver, cómo sucede a menudo, que en las familias Dios escoge a una persona en problemas para que se vuelva un instrumento, para que la familia llegue a Dios.
A veces la misma persona no llega, o se retrasa, o no sabemos si llega, pero se convierte en un instrumento. El problema de una persona se convierte en instrumento para que la familia llegue a Dios.
Y lo mismo sucede en la sociedad. A través de las necesidades de los pobres, Dios continuamente está renovando a su pueblo. De ahí la importancia de las obras de misericordia, y de los hogares o lugares donde se practica la misericordia.
Cristo se hace especialmente sensible, especialmente tangible, visible, allí donde hay pobreza, allí donde hay enfermedad, vejez, soledad etc.
Una última palabra sobre esto, es el hecho de la penitencia, la penitencia voluntaria. Hacer penitencia es ponerse en necesidad.
 No olvidemos que el Maestro, y Rey, y modelo de los penitentes, Nuestro Señor Jesucristo, llevó una vida de necesidad; tanto, que el profeta Isaías dijo: "Varón de dolores acostumbrado a sufrimientos" Isaías 53,3.
La vida de Jesús fue una vida de necesidad. Desde las carencias del Pesebre hasta el despojo de la Cruz, Jesús es el gran necesitado, y por eso es el lenguaje que mejor comunica desde Dios, que mejor empata desde Dios con nuestras miserias y necesidades.
Que Dios Nuestro Señor, complete su obra en nosotros, que nos ayude a descubrir todo lo que esto significa, y que nos permita reconocer la visita. Porque humanamente, según nuestra naturaleza, rechazamos esos momentos de dificultad, o de necesidad.

Con la ayuda del Espíritu, reconoceremos que son bendiciones, que son visitas de Dios, y eso hará que estemos mucho más unidos al Corazón de Cristo, y al plan de Dios para nuestra vida.

Esplendoroso









¡Es algo tan esplendoroso! ¡Es algo tan fantástico! Que en algún lugar dice: “Y se olvidará y no habrá memoria de lo pasado” Isaías 65,16.
 “La creación no fue hecha en el tiempo, sino el tiempo fue hecho con la creación”. Eso es filosofía pura; “la creación no fue hecha en el tiempo, sino el tiempo fue hecho con la creación”.
 Esta no es sólo una advertencia. Cristo no estaba solamente dando advertencias para que las personas se precavieran sobre ese tiempo.
Cristo estaba contándole a la gente: “Van a ver algo tan completamente distinto que nadie puede pensarlo. Así como nadie puede pensar nada anterior a la creación que conocemos, tampoco nadie puede imaginar lo que voy a crear”.
Entonces vamos a caminar hacia allá, vamos a avanzar hacia allá; no sabemos dónde queda; no sabemos qué color tiene; no sabemos qué música se da allá; pero hacia allá vamos; hacia allá seguimos. No sabemos de qué se trata, pero sabemos quién lo ha hecho y eso es suficiente para nosotros.
Si estas palabras suscitan en usted un interrogante, suscitan un anhelo, suscitan ganas de caminar, sentir que eso, eso maravilloso y último es posible, que puede salir de las manos de Jesucristo y que va a transformar radicalmente todo, todo lo que vemos y lo que no hemos visto

Gravado







LLevar grabado el nombre de Jesús es la manera sencilla de entrar en el combate. Que se te note
La Sagrada Escritura nos invita a combatir .
A eso hemos sido llamados, a luchar por Dios, a gastarte por Dios, a incluso recibir heridas por El; esas son las señales de amor.
Tenemos que dejar muy claro en nuestro corazón y en nuestra mente que la paz tiene un precio y que algunas veces ese precio hay que pagarlo en el dolor que padecen nuestros corazones
Tenemos que llegar al cielo con surcos de lágrimas que han brotado de nuestros ojos por tantas cosas .
 Nos dice la Escritura: “cuando vio a Jerusalén, lloró” (véase San Lucas 19,41), Jesús lloró. -¡Ay, si tú reconocieras la visita del dolor!- y se le arrasaron en lágrimas los ojos, porque amaba a Jerusalén, porque le dolía la dureza de esos corazones, pero ese dolor no le quitaba ni la paz, ni la misericordia, ni la oración, ni el amor.
Santa Cecilia que iba a ser martirizada, según cuenta la historia, el día mismo de su martirio se despertó muy temprano y en la madrugada cantaba alabanzas a Dios y dijo a sus compañeros de martirio: “ ánimo, soldados de Cristo, pronto llega la victoria”.
Los cristianos bebemos del futuro para vivir el presente; y permanecemos en el combate así nos hieran, y predicamos la paz en medio de las guerra.

Que sea la gloria y la alabanza para Jesús y que haga de nosotros dignos discípulos suyos, gente que lleva su nombre a todas partes.

sábado, 24 de diciembre de 2016

Entrega





Así lo conceda Dios en su bondad. Lo entregó todo y lo perdió todo porque tenía un tesoro en los cielos y porque estaba esperando, también ella, cuando desfallecían sus fuerzas, el retorno de Jesucristo; y también ella en su lecho de agonía decía: "¡ven, Señor Jesús!". Esa expresión, ese cántico que es el anhelo grande de la Iglesia. "¡ven, Señor Jesús!"
La novia que es la Iglesia, movida por el amor que es el Espíritu no sabe decir otra cosa, porque no conoce otras bodas ni espera otro matrimonio que la unión con Jesucristo.

Que Dios bendiga a todos los que inspirados por ese mismo Espíritu saben dejar de lado tantas cosas de esta tierra. Que Dios bendiga particularmente a las santas vírgenes, religiosas, consagradas de todas las latitudes, de todos los tiempos, porque cada virgen consagrada, cada religiosa que vive en santidad su vocación es como una imagen viva, es una palabra que bendice a este mundo, mientras repite: "nada me llena, nada me sacia, nada me basta; sólo Dios, sólo Dios Basta, sólo Dios, sólo Dios puede llenar mi corazón".

Incendiar









Hay que enseñar no sólo la fe, hay que transmitir no sólo el amor, hay que incendiar este mundo de esperanza; hay que incendiar de esperanza los corazones de las aspirantes, de las postulantes, de las novicias, de las junioras; hay que incendiar de amor los corazones de todas las almas consagradas y hay que quemarlas; hay que convertirlas en hogueras de esperanza para que también ellas, con la mirada fija en el Cristo que ha de venir, entreguen todo, hasta la última gota de su sangre, hasta el último esfuerzo de su corazón para que quede claro quién es el Rey de los siglos, quién es el único que puede darle esa canción a la Iglesia que pereregrina en este mundo y que aguarda el abrazo y el beso final: las Bodas del Cordero

VIGILEN









San Pablo, en su Carta a los Romanos, también nos presenta esa pareja de luz y tinieblas: “Ya es hora de despertar del sueño; va pasando la noche, el día ya despunta, dejemos las obras de las tinieblas, tomemos las armas de los que actúan a plena luz” Carta a los Romanos 13,11-12.
También ahí está la luz, como victoria sobre las tinieblas; y Jesús en el evangelio se refiere también a la noche, tiempo privilegiado para los ladrones, tiempo en que suelen hacer sus fechorías, porque de noche se duerme y mientras hay sueño, no hay quién vigile. Por eso Jesús nos invita a vencer la noche.
La vigilia es una manera de vencer la noche. Aunque haya noche, el que está en vigilia –de ahí viene desde luego la palabra, vigilante-; el que está en vigilia está vigilante y está vigilando.
La vigilia es una victoria sobre la noche, de acuerdo con eso. Porque encontramos esa pareja, luz y tinieblas; y encontramos que la victoria de la luz sobre las tinieblas está en todas las lecturas de hoy, podemos decir que el lenguaje, el mensaje de hoy es una invitación a vencer a las tinieblas.
Pero cada lectura nos presenta una manera de vencer a las tinieblas. Cuando salgamos de la iglesia, si están los reporteros de la televisión y nos acercan un micrófono y nos dicen: “Usted que acaba de salir de Misa, ¿de qué trataban las lecturas de hoy?” Usted muy tranquilo dice: “De la victoria sobre las tinieblas”.
Uno tiene que salir de la iglesia con una idea clara. Para venir a Misa con gusto y para salir con gusto, tenemos que tener algo definido: “Hoy aprendí algo, hoy recibí algo y Dios tocó mi corazón”. El mensaje es claro: vencer a las tinieblas. Pero hay tres maneras por lo menos de vencer a las tinieblas y cada lectura nos habla de una manera de vencer a las tinieblas.
La primera manera es: acercarse a la luz; la segunda manera es: despertar; y la tercera manera   es decir, en el evangelio es: vigilar.
Tres maneras de vencer a las tinieblas: acercarse a la luz, despertar y vigilar. Apliquemos esas tres maneras a nuestra vida actual. Situaciones muy concretas que viven nuestras familias, nuestra ciudad, nuestro país. Hay que vencer a las tinieblas. Acercarse a la luz.
Santo Tomás de Aquino, un gran teólogo, tal vez el más grande teólogo que ha tenido la Iglesia Católica, fraile que vivió en el siglo XIII-: “Hay dos luces, la luz de la razón y la luz de la revelación”.
Me acerco a la luz cada vez que ejerzo mi pensamiento, cuando pienso, cuando reflexiono juiciosamente sobre lo bueno y lo malo, lo conveniente, lo útil .
 Despertarse es en este lenguaje de la luz, caer en la cuenta, darse cuenta, abrir los ojos; hay momentos muy especiales en que uno siente que se está despertando a algo que no veía, esos momentos especiales se llaman: los retiros, los grupos de oración.
La postura de Cristo es la más bonita : "Vigilen, abran los ojos, no dejen que el pecado los esclavice, no dejen que se adueñe de ustedes la rutina".
Acuérdense lo que dice Cristo:

El tiempo del Adviento es el tiempo para buscar la luz, porque Cristo vuelve.

Isaìas 65,16-














Cristo nos está invitando a tomar en serio las señales de los tiempos, nos está invitando a tomar en serio nuestro proceder en esta vida, como dice en algún lugar del Nuevo Testamento; pero también nos está advirtiendo que eso que va a llegar es radicalmente distinto.
¡Es algo tan esplendoroso! ¡Es algo tan fantástico! Que en algún lugar dice: “Y se olvidará y no habrá memoria de lo pasado” Isaías 65,16.
Una nueva creación. Algo tan distinto que incluso este mundo con sus luchas, figuras, problemas, lenguajes, colores, sabores, ideas, este mundo ni siquiera podrá ser recordado! ¡Una maravilla! ¡Algo realmente nuevo! Para esto tenemos que prepararnos.
22San Agustín explica : “La creación no fue hecha en el tiempo, sino el tiempo fue hecho con la creación”. Eso es filosofía pura; “la creación no fue hecha en el tiempo, sino el tiempo fue hecho con la creación”.
Se trata de que estemos atentos, San Pablo lo advierte; pero por otra parte hay algo más. Esta no es sólo una advertencia. Cristo no estaba solamente dando advertencias para que las personas se precavieran sobre ese tiempo.
Cristo estaba contándole a la gente: “Van a ver algo tan completamente distinto que nadie puede pensarlo. Así como nadie puede pensar nada anterior a la creación que conocemos, tampoco nadie puede imaginar lo que voy a crear”.
Sabemos que saldrá de las manos, saldrá del corazón, saldrá de la gracia poderosa de Dios. Sabemos que es bueno, que es esplendoroso y tan esplendoroso que hará que nos olvidemos incluso de este mundo, y por eso emprendemos peregrinación.
Entonces vamos a caminar hacia allá, vamos a avanzar hacia allá; no sabemos qué color tiene; no sabemos qué música se da allá; pero hacia allá vamos; hacia allá seguimos. No sabemos de qué se trata, pero sabemos quién lo ha hecho y eso es suficiente para nosotros.

Si estas palabras suscitan en usted un interrogante, suscitan un anhelo, suscitan ganas de caminar, usted ya está en Adviento, ése es el Adviento: sentir que eso, eso maravilloso y último es posible, que puede salir de las manos de Jesucristo y que va a transformar radicalmente todo, todo lo que vemos y lo que no hemos visto