El corazón es el lugar donde se
toman las decisiones. El corazón es como esa privacidad última, allí donde
finalmente yo puedo sustraerme de todas las otras voces, y donde yo descubro,
-si quiero, por lo menos-, mi propia verdad. Ese es el corazón, ese es el
sentido del corazón.
En la Biblia, el corazón aparece
relacionado no solamente con sentimientos, o no solamente con emociones o
pasiones, sino también con los pensamientos, los pensamientos del corazón.
Aparece relacionado con la conciencia, con las decisiones y también con la
oración. Porque es como hablar de lo más profundo y es como hablar de lo más
íntimo de la persona, allí donde ella es simplemente ella misma.
Jeremías nos había dice que Dios
anunciaba una Nueva Alianza. La diferencia más notable entre la Nueva Alianza y
la Antigua Alianza, es que ahora la Ley va a estar escrita, en el corazón. Así
hablaba Dios por medio de Jeremías.
La misma idea es la que
encontramos ahora con el Profeta Ezequiel, pero con un elemento más. Se trata
de un corazón nuevo. Ya no es que viene una palabra nueva al corazón, sino se
trata de un nuevo corazón: "Arranqué de ustedes el corazón de piedra" Ezequiel 36,26.
El contraste grande entre la
carne y la piedra. El corazón de piedra no recibe. La carne, en cambio, recibe,
incluso recibe el dolor de un golpe, recibe el dolor de una enfermedad, recibe
el lamento de una lágrima. Dios promete no solamente en Jeremías, que va a
escribir una ley en nuestro corazón, que nos va a dar un corazón, un corazón de
carne, un corazón que pueda recibir.
La Biblia hace un gran elogio
del rey Salomón, como seguramente recordamos. Y quizás recordamos también, cuál
fue la oración que hizo Salomón cuando Dios se le apareció y le dijo:
"¿Qué quieres que te conceda?" 1 Reyes 3,5. Lo
que respondió Salomón fue: "Un corazón que sepa escuchar, un corazón que
pueda recibir" 1 Reyes 3,9.
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