·Convertirà el corazòn de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia
los padres, para que no tenga que venir yo a destruir la Tierra" Malaquías
3,24.
Esa idea de la destrucción de la Tierra, tipo diluvio, o de la
cólera desencadenada de Dios, que no es otra cosa sino el desenvolvimiento de
las consecuencias de los pecados de los hombres, que explica muy bien Santo
Tomás; esa parte es más comprensible.
Centrarnos en convertir
los corazones de los padres hacia los hijos y el corazón de los hijos hacia los
padres.
Esa expresión es rara, porque la conversión en los profetas
siempre había sido una conversión hacia Dios, y parece que tal vez eso esté
como entendido , pero el enunciado es muy distinto.
Convertirá el corazón de los hijos, de los padres hacia los
hijos y el de los hijos hacia los padres.
Esta palabra de Malaquías ha atravesado muchos siglos. Es como
un correo esforzado, como un mensajero que ha tenido que vencer muchos
obstáculos. Fue predicada por primera vez en hebreo hace muchos siglos, y luego
de allá fue rescatada del olvido.
Tuvo que abrirse paso entre culturas, idiomas, siglos, hasta
llegar finalmente a nosotros y ser servida aquí. Es todo un regalo. Es una
palabra que ha recorrido muchísimo para llegar a mis oídos, y llega hasta mí
como una especie de regalo
envuelto.
Nos llega este regalo , "convertir al corazón de los padres
hacia los hijos y el de los hijos hacia los padres" Malaquías 3,24.
Ahí está, ¿no se parece, acaso mucho, lo que dice el
Apocalipsis? "Estoy frente a la puerta y llamo, y si alguno me abre
entraremos y cenaremos juntos" Apocalipsis 3,20. De
manera que aquí estaremos.
"Los corazones de
los padres hacia los hijos y de los hijos hacia los padres?" Malaquías 3,24.
El sentido parece ser el siguiente: convertir el corazón de los
padres hacia el de los hijos quiere decir que los padres puedan recibir los
mismos bienes de los hijos; y convertir el corazón de los hijos hacia los
padres quiere decir que los hijos puedan ser herederos de las mismas promesas.
Los padres representan aquí a aquellos Patriarcas que recibieron
las promesas de Dios, y los hijos representan aquí a aquellos que recibieron el
cumplimiento de esas promesas de Dios.
Esta lectura o este versículo de Malaquías lo podemos relacionar
con aquello que dijo el Señor en el Evangelio en otra ocasión: "Dichosos
vuestros ojos porque ven; dichosos vuestros oídos porque oyen.
Porque hubo muchos reyes y profetas que quisieron ver lo que
vosotros veis y no lo vieron, que quisieron oír lo que vosotros oís y no lo
oyeron" San Mateo 13,16-17. Esos reyes y profetas
que dice Jesús son los padres que dice Malaquías, y esos vosotros que dice
Jesús, esos son los hijos que dice Malaquías.
Esos padres que dice Malaquías se corresponden al tiempo de las
promesas, y esos hijos de que nos habla el Profeta Malaquías son el
cumplimiento.
Convertir el corazón de los padres hacia los hijos quiere decir
entonces que toda promesa alcanzará su cumplimiento; y convertir el corazón de
los hijos hacia los padres quiere decir que todo cumplimiento se aprecia, se
valora para el que conoce la profecía.
Si los padres no vuelven su corazón hacia los hijos, es decir,
si el tiempo de las promesas no florece en un tiempo de cumplimiento, los
padres, es decir, los que recibieron las promesas, se quedan vacíos. Su espera
y su esperanza fueron estériles.
Si los hijos no vuelven su corazón hacia los padres, no sabrán
apreciar los regalos que les llegan, porque no sabrán el trabajo que eso costó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario