sábado, 31 de diciembre de 2016

Malaquias 3,24









·Convertirà el corazòn de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, para que no tenga que venir yo a destruir la TierraMalaquías 3,24.
Esa idea de la destrucción de la Tierra, tipo diluvio, o de la cólera desencadenada de Dios, que no es otra cosa sino el desenvolvimiento de las consecuencias de los pecados de los hombres, que explica muy bien Santo Tomás; esa parte es más comprensible.
 Centrarnos en convertir los corazones de los padres hacia los hijos y el corazón de los hijos hacia los padres.
Esa expresión es rara, porque la conversión en los profetas siempre había sido una conversión hacia Dios, y parece que tal vez eso esté como entendido , pero el enunciado es muy distinto.
Convertirá el corazón de los hijos, de los padres hacia los hijos y el de los hijos hacia los padres.
Esta palabra de Malaquías ha atravesado muchos siglos. Es como un correo esforzado, como un mensajero que ha tenido que vencer muchos obstáculos. Fue predicada por primera vez en hebreo hace muchos siglos, y luego de allá fue rescatada del olvido.
Tuvo que abrirse paso entre culturas, idiomas, siglos, hasta llegar finalmente a nosotros y ser servida aquí. Es todo un regalo. Es una palabra que ha recorrido muchísimo para llegar a mis oídos, y llega hasta mí como una especie de regalo envuelto.
Nos llega este regalo , "convertir al corazón de los padres hacia los hijos y el de los hijos hacia los padres" Malaquías 3,24.
Ahí está, ¿no se parece, acaso mucho, lo que dice el Apocalipsis? "Estoy frente a la puerta y llamo, y si alguno me abre entraremos y cenaremos juntos" Apocalipsis 3,20. De manera que aquí estaremos.
 "Los corazones de los padres hacia los hijos y de los hijos hacia los padres?" Malaquías 3,24.
El sentido parece ser el siguiente: convertir el corazón de los padres hacia el de los hijos quiere decir que los padres puedan recibir los mismos bienes de los hijos; y convertir el corazón de los hijos hacia los padres quiere decir que los hijos puedan ser herederos de las mismas promesas.
Los padres representan aquí a aquellos Patriarcas que recibieron las promesas de Dios, y los hijos representan aquí a aquellos que recibieron el cumplimiento de esas promesas de Dios.
Esta lectura o este versículo de Malaquías lo podemos relacionar con aquello que dijo el Señor en el Evangelio en otra ocasión: "Dichosos vuestros ojos porque ven; dichosos vuestros oídos porque oyen.
Porque hubo muchos reyes y profetas que quisieron ver lo que vosotros veis y no lo vieron, que quisieron oír lo que vosotros oís y no lo oyeron" San Mateo 13,16-17. Esos reyes y profetas que dice Jesús son los padres que dice Malaquías, y esos vosotros que dice Jesús, esos son los hijos que dice Malaquías.
Esos padres que dice Malaquías se corresponden al tiempo de las promesas, y esos hijos de que nos habla el Profeta Malaquías son el cumplimiento.
Convertir el corazón de los padres hacia los hijos quiere decir entonces que toda promesa alcanzará su cumplimiento; y convertir el corazón de los hijos hacia los padres quiere decir que todo cumplimiento se aprecia, se valora para el que conoce la profecía.
Si los padres no vuelven su corazón hacia los hijos, es decir, si el tiempo de las promesas no florece en un tiempo de cumplimiento, los padres, es decir, los que recibieron las promesas, se quedan vacíos. Su espera y su esperanza fueron estériles.

Si los hijos no vuelven su corazón hacia los padres, no sabrán apreciar los regalos que les llegan, porque no sabrán el trabajo que eso costó.

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