miércoles, 21 de diciembre de 2016

San Lucas 1,42










El verdadero rostro del amor está en la:prisa, camino, servicio. Porque, el verdadero rostro del amor es la búsqueda del bien de la persona que se ama. Cuando el amor verdaderamente llega a nosotros, también nosotros sentimos prisa, sentimos ese afán, esa urgencia de llegar a otros corazones, para que también ellos vivan lo mismo que nosotros hemos vivido.
El amor nos pone en camino, el amor nos hace servidores de nuestros hermanos. Sin embargo, nunca debemos olvidar que la fuente del verdadero amor, no es una cosa que nosotros tengamos dentro de nosotros, sino es una cosa que Dios nos regala. Sólo cuando Dios nos visite con su amor, nosotros podremos visitar a otros con amor.
 Hay que pedir a Dios . "Visítame con tu amor. Visítame, Señor, con tu amor. Visita mi hogar con tu amor, visita mi pasado con tu amor, visita mi trabajo con tu amor, visita mi casa con tu amor. Sólo si tú me visitas, también yo podré, Señor, visitar a otros dándoles amor".
Marìa Ella comunica, transmite, es eco de la misericordia de Dios para nosotros, y es eco de nuestras alabanzas ante Dios. Nosotros le queremos decir sin temor alguno, una y mil veces, esas palabras de Isabel: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre" San Lucas 1,42.
Esas palabras son bíblicas, como es bíblico todo el Santo Rosario. Algunos cristianos no católicos, consideran que el rosario es una repetición de palabras que nos aleja de Dios.
¡Nada más falso! Los misterios del rosario y las oraciones del rosario, están tomados de la entraña misma de la Sagrada Escritura, mis hermanos.
De la Biblia tomamos nosotros el rosario. Ese saludo a María: "Te saludo muy Amada" San Lucas 1,28, como palabra de amor para María, y a través de María como anuncio de salvación para nosotros.
"Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre" San Lucas 1,42, no es invento nuestro, está en la Sagrada Escritura; es la palabra que Isabel le dice a María.
 María  la Mujer bendecida  podríamos decir, lo que Dios quiere y lo que Dios espera de la mujer, el verdadero rostro de la mujer, está en María Santísima.

La bendición de Isabel no es solamente una felicitación; es un dedo indicador que nos dice: "¡Mire a María! ¡Ella es la Bendita entre las mujeres! Esa es la Mujer bendecida, esa es la Mujer a la que hay que mirar".

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