La obra de Cristo está marcada por la misericordia, está
signada por la compasión. Jesús todo lo que hace, todo su caminar y su hablar,
todo su cansarse y finalmente su morir en la Cruz y su resucitar, todo
absolutamente todo, es como nos lo dice el Credo de la Santa Iglesia: "Por
nosotros y por nuestra salvación", y la fuente de esa actividad intensa,
de esa misión diligente está en un corazón compasivo, en la misericordia de
Dios.
Jesús es un Hombre que no tiene nada para reservarse, que nada
reserva para sí, es un Hombre perdido para sí mismo, que no hace nada por sí
mismo porque está demasiado ocupado haciendo por otros, dando vida a otros, los
teólogos llaman a esa actitud profunda de Jesús la "proexistencia" de
Jesús, es decir, el contínuo ser en favor de los otros.
El amor de Cristo es algo maravilloso, es el dar por tu bien, es
dar para tí, por tí y ese amor precisamente, ese modo de amar es el que abre el
corazón y es el que hace que uno pueda como recostarse en Cristo y sentir lo
que decía Catalina de Siena: "Eres dulce y no hay mezcla de amargura en
Tí".
Los Apóstoles de Cristo han nacido del Corazón de Cristo y cada
una de las vocaciones de servicio en la Iglesia ha nacido así, por eso a cada
una de estas vocaciones Cristo le recuerda en este día:"Mira que lo que
has recibido, lo has recibido gratis" San Mateo 10,8, porque
nada en ti podría merecer un llamamiento de este género y porque nada tuyo
pueda pagar una llamada de esta clase.
El apóstol ha nacido de Cristo, es un invento del Corazón
amadísimo de Cristo para poder hacerle el bien a muchas más personas.
Acerquémonos a Cristo
para dos cosas: primera, para ser sanados cada uno de sus propias heridas;
acerquémonos al altar de Jesús para recibir de Él lo que nadie más nos puede
dar y lo que Él sabe dar gratis, es decir, esa intensa misericordia, única, que
puede cambiar lo que nadie más puede cambiar en nosotros.
Acerquémonos.,acerquémonos para convertirnos en prolongaciones
de su Corazón, para darle nuestras manos y hacer de ellas instrumentos de
bendición entre las demás personas.
Todo aquello que no le demos a Cristo se pudrirá, todo lo que no
le des a Jesús se va a perder y por eso Jesús quiere repartirse en todo nuestro
cuerpo y quiere llenarlo. "El que
no come mi Cuerpo y bebe mi Sangre, no tiene vida eterna" San Juan 6,53.
Vamos a acercarnos a Cristo para que nos sane, vamos a comer de
su Cuerpo y de su Sangre, vamos a dejar que su vida se riegue en todo nuestro
cuerpo, y así transformados, Cristo-transformados, Cristificados, vamos a
convertirnos en voz y palabra suya para muchas otras personas.
Así lo conceda Dios para su gloria.
No hay comentarios:
Publicar un comentario