sábado, 3 de diciembre de 2016

Marcada











La obra de Cristo está marcada por la misericordia, está signada por la compasión. Jesús todo lo que hace, todo su caminar y su hablar, todo su cansarse y finalmente su morir en la Cruz y su resucitar, todo absolutamente todo, es como nos lo dice el Credo de la Santa Iglesia: "Por nosotros y por nuestra salvación", y la fuente de esa actividad intensa, de esa misión diligente está en un corazón compasivo, en la misericordia de Dios.
Jesús es un Hombre que no tiene nada para reservarse, que nada reserva para sí, es un Hombre perdido para sí mismo, que no hace nada por sí mismo porque está demasiado ocupado haciendo por otros, dando vida a otros, los teólogos llaman a esa actitud profunda de Jesús la "proexistencia" de Jesús, es decir, el contínuo ser en favor de los otros.
El amor de Cristo es algo maravilloso, es el dar por tu bien, es dar para tí, por tí y ese amor precisamente, ese modo de amar es el que abre el corazón y es el que hace que uno pueda como recostarse en Cristo y sentir lo que decía Catalina de Siena: "Eres dulce y no hay mezcla de amargura en Tí".
Los Apóstoles de Cristo han nacido del Corazón de Cristo y cada una de las vocaciones de servicio en la Iglesia ha nacido así, por eso a cada una de estas vocaciones Cristo le recuerda en este día:"Mira que lo que has recibido, lo has recibido gratis" San Mateo 10,8, porque nada en ti podría merecer un llamamiento de este género y porque nada tuyo pueda pagar una llamada de esta clase.
El apóstol ha nacido de Cristo, es un invento del Corazón amadísimo de Cristo para poder hacerle el bien a muchas más personas.
Acerquémonos a  Cristo para dos cosas: primera, para ser sanados cada uno de sus propias heridas; acerquémonos al altar de Jesús para recibir de Él lo que nadie más nos puede dar y lo que Él sabe dar gratis, es decir, esa intensa misericordia, única, que puede cambiar lo que nadie más puede cambiar en nosotros.
Acerquémonos.,acerquémonos para convertirnos en prolongaciones de su Corazón, para darle nuestras manos y hacer de ellas instrumentos de bendición entre las demás personas.
Todo aquello que no le demos a Cristo se pudrirá, todo lo que no le des a Jesús se va a perder y por eso Jesús quiere repartirse en todo nuestro cuerpo y quiere llenarlo.  "El que no come mi Cuerpo y bebe mi Sangre, no tiene vida eterna" San Juan 6,53.
Vamos a acercarnos a Cristo para que nos sane, vamos a comer de su Cuerpo y de su Sangre, vamos a dejar que su vida se riegue en todo nuestro cuerpo, y así transformados, Cristo-transformados, Cristificados, vamos a convertirnos en voz y palabra suya para muchas otras personas.

Así lo conceda Dios para su gloria.

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