sábado, 24 de diciembre de 2016
Incendiar
Hay que enseñar no sólo la fe, hay que transmitir no sólo el amor, hay que incendiar este mundo de esperanza; hay que incendiar de esperanza los corazones de las aspirantes, de las postulantes, de las novicias, de las junioras; hay que incendiar de amor los corazones de todas las almas consagradas y hay que quemarlas; hay que convertirlas en hogueras de esperanza para que también ellas, con la mirada fija en el Cristo que ha de venir, entreguen todo, hasta la última gota de su sangre, hasta el último esfuerzo de su corazón para que quede claro quién es el Rey de los siglos, quién es el único que puede darle esa canción a la Iglesia que pereregrina en este mundo y que aguarda el abrazo y el beso final: las Bodas del Cordero
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