La fe no acontece en la pura oscuridad. Nos enseña el
Apóstol San Pablo, que "cuando Dios habla, merece la obediencia de la
fe" Carta
a los Romanos 16,26, y con esto nos está indicando que la fe
nuestra es fundamentalmente una respuesta.
La fe es una respuesta. A Lo que Dios me da que es una señal. La respuesta a esa señal es la fe.
La fe tampoco sucede en la plena luz.
Observemos que la Santa Virgen hace una pregunta: " San
Lucas 1,34. Además,
notemos que "María se extraña del saludo que recibe del Ángel" San
Lucas 1,29.
Indica que hay una
distancia infinita entre lo que Dios quiere proponer y lo que nosotros
estaríamos dispuestos a comprender, a aceptar y a obedecer. Por este motivo,
descubrimos que la fe tampoco sucede en la perfecta claridad. Si la fe
sucediera en la perfecta y completa claridad, no tendría ningún mérito y uno nunca
necesitaría explicacion.
La fe se mueve, acontece
en el terreno de la penumbra, en el claroscuro. Vivir en la fe, es vivir en una
penumbra. Las cosas no son completamente claras, pero tampoco son completamente
oscuras. Vivir en la fe, no es ni tan
sencillo ni es imposible.
Si la fe fuera en la
completa oscuridad, sería imposible. Si la fe fuera en la completa claridad,
sería sencillísima. La vida en la fe no es ni sencilla ni imposible. No sucede
en la claridad ni en la oscuridad, sino en la penumbra.
Caminar en la fe,
peregrinar en la fe, es siempre estar en una especie de penumbra. Mientras
estamos en esta vida, -nos dice San Pablo-, "apenas vemos como en un
espejo, vemos como borroso" 1
Corintios 13,12.
Sólo en el desarrollo de
los acontecimientos, y sólo mirando señales, leyendo señales, -Jesús las
llamaba "signos de los tiempos" San
Mateo 16,3, leyendo los signos de los tiempos, guiándose por señales,
avanzaron.
El libro del Éxodo se le
advierte a los hebreos, que, "no se puede guardar el maná para el día
siguiente" Exodo
16,19.
Si queremos realmente
abrir un camino de servicio en la Iglesia, necesitamos esa clase de espiritualidad.
"¡El milagro se repetirá mañana! ¡Mañana llegará otra respuesta! ¡Mañana
también Dios seguirá siendo Dios! ¡Mañana Dios seguirá amando! ¡Mañana Dios
seguirá vivo, fuerte, generoso, compasivo! ¡Mañana me podré volver a fiar de
Dios!""¡Dios
en verdad me ama!"
Isaías
7,12. ¿Por qué Acaz dice eso? Porque su corazón está demasiado
débil, porque su corazón está demasiado asustado.
" Isaías
7,11. Esto no es obvio. ¿Será que Dios también nos dice a
nosotros éso? ¿Será que es lícito pedirle señales a Dios?
Señales siempre
necesitamos. Porque, el que no acepta las señales de Dios, quiere decir que
pretende seguir su propio capricho, su propio estilo o sus propias razones.
Pedir señales es lo mismo
que aparece tantas veces en los Salmos: "¡Muéstrame el camino! ¡Muéstrame
el camino, guíame, Señor!" Salmo
25,4-5. En los Salmos encontramos muchas veces expresiones como
éstas.
Que sea Él quien guíe. Hay muchas personas,
hay muchas fuerzas y hay muchas tendencias y espíritus que quieren guiarnos.
Cuando nosotros le
pedimos a Dios, Dios responde. Esta es una petición. Pedir una señal es una
petición. Jesús dijo: "El que pide, recibe" San
Mateo 7,7. Si yo le estoy haciendo una petición a Dios, Dios me
escucha. Además, en la misma Biblia hay una garantía de que este género de
petición le gusta a Dios.
Nos dice la Carta de
Santiago: "Si alguno está falto de sabiduría, que la pida a Dios" Santiago
1,5.
¿Cómo nos va a negar el
auxilio que nos conduzca hacia la voz del Buen Pastor, hacia el regazo de
Nuestro Amigo y Señor, hacia la Sangre que nos redime?" Carta
a los Romanos 8,32.
Gedeón dijo: "Voy a
poner en la noche este cuero lanudo aquí. Y ahora le voy a pedir a Dios, que si
verdaderamente el mensaje que me trajo ese Ángel es de Él, entonces que mañana
haya rocío en todo, menos en el pedazo de cuero" Jueces
6,36-38, y así sucedió. Al otro día todo estaba húmedo por el
rocío, menos el cuero.
Pero, él, como si fuera
un científico escéptico, agregó: "¡Un momento! Para la siguiente noche,
señal contraria. Ahora sólo debe haber rocío en el cuero y que todo lo demás
esté seco" Jueces
6,39-40.
¡Y maravilla de maravillas! Al otro día, rocío en el cuero y todo lo demás
seco. Por tanto, él dijo: "¡Está la señal! Me puedo fiar de ese
Ángel".
: "¡Señor,
muéstranos! ¡Muéstrame! ¡Tú me mostrarás cómo!"
En el libro de los Hechos
de los Apóstoles, vemos que cuando ya Lucas estaba trabajando y evangelizando
con San Pablo, algunas veces escribe el mismo Lucas: "El Espíritu Santo
nos impidió entrar en tal parte. El Espíritu Santo no quiso que entráramos en
tal parte, sino que fuimos para tal otra parte" Hechos
de los Apóstoles 16,6-8.
En los Hechos de los Apóstoles aparece esa
otra expresión: "El Espíritu Santo y nosotros hemos decidido
que..." Hechos
de los Apóstoles 15,28.
Dios da muchas veces señales. El mérito que
tiene esa manera de obrar, es que le damos completa libertad a Dios; como que
le dejamos las manos totalmente desatadas: "Tú me mostrarás si eso es así
o no es así".
Santa Catalina sostiene: "Mira, cuando
las cosas son de Dios, dejan una serie de frutos. Dejan una paz duradera, dejan
humildad en el corazón, dejan fecundidad, traen un fruto, traen un bien para
otras personas".
Lo que viene de Dios deja
una sensación de paz que se afianza en el corazón, que se va como confirmando
día a día, dejando una sensación de humildad. No hay vanidad en la persona, no
hay venganza, no hay desquite.
La persona más bien
siente como un recogimiento, una actitud de humilde gratitud y a la vez va
descubriendo, que ese camino por el que se orientó, o por el que lo orientó esa
determinada visión o sueño, se va convirtiendo en un camino de fecundidad.
La persona crece en la
paz, y como crece en la paz, crece también en la alegría. Siente humildad y
siente agradecimiento. ¡Humildad y agradecimiento!
Suplicamos el don del
Espíritu, nos dejamos y hacemos acompañar por nuestro Ángel Custodio,
cultivamos la paz en el alma, una buena conciencia, la humildad, el
agradecimiento, la misericordia, la fecundidad, estamos muy bien provistos,
realmente, para ir encontrando la voluntad del Señor.
De esa manera vamos
también encontrando lo que va a ser nuestra plenitud. Porque, hay una cosa que
es cierta, y es que sólo seremos plenos con la plenitud de Dios.
No alcanzaremos, no
seremos personas realizadas, plenas, sino en el plan de Dios, en el camino de
Dios. A la derecha o a la izquierda, no lo vamos a encontrar.
Sólo ahí, en el camino de
Él, ahí estará nuestra plenitud, nuestra alegría. ¡Sólo ahí estará nuestro
gozo!
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