sábado, 24 de diciembre de 2016

Acontece

 La fe no acontece en la pura oscuridad. Nos enseña el Apóstol San Pablo, que "cuando Dios habla, merece la obediencia de la fe" Carta a los Romanos 16,26, y con esto nos está indicando que la fe nuestra es fundamentalmente una respuesta.
La fe es una respuesta. A Lo que Dios me da que es una señal. La respuesta a esa señal es la fe.
 La fe tampoco sucede en la plena luz. Observemos que la Santa Virgen hace una pregunta: " San Lucas 1,34. Además, notemos que "María se extraña del saludo que recibe del Ángel" San Lucas 1,29.
Indica que hay una distancia infinita entre lo que Dios quiere proponer y lo que nosotros estaríamos dispuestos a comprender, a aceptar y a obedecer. Por este motivo, descubrimos que la fe tampoco sucede en la perfecta claridad. Si la fe sucediera en la perfecta y completa claridad, no tendría ningún mérito y uno nunca necesitaría explicacion.
La fe se mueve, acontece en el terreno de la penumbra, en el claroscuro. Vivir en la fe, es vivir en una penumbra. Las cosas no son completamente claras, pero tampoco son completamente oscuras.  Vivir en la fe, no es ni tan sencillo ni es imposible.
Si la fe fuera en la completa oscuridad, sería imposible. Si la fe fuera en la completa claridad, sería sencillísima. La vida en la fe no es ni sencilla ni imposible. No sucede en la claridad ni en la oscuridad, sino en la penumbra.
Caminar en la fe, peregrinar en la fe, es siempre estar en una especie de penumbra. Mientras estamos en esta vida, -nos dice San Pablo-, "apenas vemos como en un espejo, vemos como borroso" 1 Corintios 13,12.
Sólo en el desarrollo de los acontecimientos, y sólo mirando señales, leyendo señales, -Jesús las llamaba "signos de los tiempos" San Mateo 16,3, leyendo los signos de los tiempos, guiándose por señales, avanzaron.
El libro del Éxodo se le advierte a los hebreos, que, "no se puede guardar el maná para el día siguiente" Exodo 16,19.
Si queremos realmente abrir un camino de servicio en la Iglesia, necesitamos esa clase de espiritualidad. "¡El milagro se repetirá mañana! ¡Mañana llegará otra respuesta! ¡Mañana también Dios seguirá siendo Dios! ¡Mañana Dios seguirá amando! ¡Mañana Dios seguirá vivo, fuerte, generoso, compasivo! ¡Mañana me podré volver a fiar de Dios!""¡Dios en verdad me ama!"
Isaías 7,12. ¿Por qué Acaz dice eso? Porque su corazón está demasiado débil, porque su corazón está demasiado asustado.
Isaías 7,11. Esto no es obvio. ¿Será que Dios también nos dice a nosotros éso? ¿Será que es lícito pedirle señales a Dios?
Señales siempre necesitamos. Porque, el que no acepta las señales de Dios, quiere decir que pretende seguir su propio capricho, su propio estilo o sus propias razones.
Pedir señales es lo mismo que aparece tantas veces en los Salmos: "¡Muéstrame el camino! ¡Muéstrame el camino, guíame, Señor!" Salmo 25,4-5. En los Salmos encontramos muchas veces expresiones como éstas.
 Que sea Él quien guíe. Hay muchas personas, hay muchas fuerzas y hay muchas tendencias y espíritus que quieren guiarnos.
Cuando nosotros le pedimos a Dios, Dios responde. Esta es una petición. Pedir una señal es una petición. Jesús dijo: "El que pide, recibeSan Mateo 7,7. Si yo le estoy haciendo una petición a Dios, Dios me escucha. Además, en la misma Biblia hay una garantía de que este género de petición le gusta a Dios.
Nos dice la Carta de Santiago: "Si alguno está falto de sabiduría, que la pida a Dios" Santiago 1,5.  
¿Cómo nos va a negar el auxilio que nos conduzca hacia la voz del Buen Pastor, hacia el regazo de Nuestro Amigo y Señor, hacia la Sangre que nos redime?" Carta a los Romanos 8,32.
Gedeón dijo: "Voy a poner en la noche este cuero lanudo aquí. Y ahora le voy a pedir a Dios, que si verdaderamente el mensaje que me trajo ese Ángel es de Él, entonces que mañana haya rocío en todo, menos en el pedazo de cuero" Jueces 6,36-38, y así sucedió. Al otro día todo estaba húmedo por el rocío, menos el cuero.
Pero, él, como si fuera un científico escéptico, agregó: "¡Un momento! Para la siguiente noche, señal contraria. Ahora sólo debe haber rocío en el cuero y que todo lo demás esté seco" Jueces 6,39-40. ¡Y maravilla de maravillas! Al otro día, rocío en el cuero y todo lo demás seco. Por tanto, él dijo: "¡Está la señal! Me puedo fiar de ese Ángel".
: "¡Señor, muéstranos! ¡Muéstrame! ¡Tú me mostrarás cómo!"
En el libro de los Hechos de los Apóstoles, vemos que cuando ya Lucas estaba trabajando y evangelizando con San Pablo, algunas veces escribe el mismo Lucas: "El Espíritu Santo nos impidió entrar en tal parte. El Espíritu Santo no quiso que entráramos en tal parte, sino que fuimos para tal otra parte" Hechos de los Apóstoles 16,6-8.
 En los Hechos de los Apóstoles aparece esa otra expresión: "El Espíritu Santo y nosotros hemos decidido que..." Hechos de los Apóstoles 15,28.
 Dios da muchas veces señales. El mérito que tiene esa manera de obrar, es que le damos completa libertad a Dios; como que le dejamos las manos totalmente desatadas: "Tú me mostrarás si eso es así o no es así".
 Santa Catalina sostiene: "Mira, cuando las cosas son de Dios, dejan una serie de frutos. Dejan una paz duradera, dejan humildad en el corazón, dejan fecundidad, traen un fruto, traen un bien para otras personas".
Lo que viene de Dios deja una sensación de paz que se afianza en el corazón, que se va como confirmando día a día, dejando una sensación de humildad. No hay vanidad en la persona, no hay venganza, no hay desquite.
La persona más bien siente como un recogimiento, una actitud de humilde gratitud y a la vez va descubriendo, que ese camino por el que se orientó, o por el que lo orientó esa determinada visión o sueño, se va convirtiendo en un camino de fecundidad.
La persona crece en la paz, y como crece en la paz, crece también en la alegría. Siente humildad y siente agradecimiento. ¡Humildad y agradecimiento!
Suplicamos el don del Espíritu, nos dejamos y hacemos acompañar por nuestro Ángel Custodio, cultivamos la paz en el alma, una buena conciencia, la humildad, el agradecimiento, la misericordia, la fecundidad, estamos muy bien provistos, realmente, para ir encontrando la voluntad del Señor.
De esa manera vamos también encontrando lo que va a ser nuestra plenitud. Porque, hay una cosa que es cierta, y es que sólo seremos plenos con la plenitud de Dios.
No alcanzaremos, no seremos personas realizadas, plenas, sino en el plan de Dios, en el camino de Dios. A la derecha o a la izquierda, no lo vamos a encontrar.
Sólo ahí, en el camino de Él, ahí estará nuestra plenitud, nuestra alegría. ¡Sólo ahí estará nuestro gozo!
·         Isaías 7, 11

·         Lucas 1, 36
·         Romanos 16, 26
·         Lucas 1, 34

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