sábado, 24 de diciembre de 2016

Entrega





Así lo conceda Dios en su bondad. Lo entregó todo y lo perdió todo porque tenía un tesoro en los cielos y porque estaba esperando, también ella, cuando desfallecían sus fuerzas, el retorno de Jesucristo; y también ella en su lecho de agonía decía: "¡ven, Señor Jesús!". Esa expresión, ese cántico que es el anhelo grande de la Iglesia. "¡ven, Señor Jesús!"
La novia que es la Iglesia, movida por el amor que es el Espíritu no sabe decir otra cosa, porque no conoce otras bodas ni espera otro matrimonio que la unión con Jesucristo.

Que Dios bendiga a todos los que inspirados por ese mismo Espíritu saben dejar de lado tantas cosas de esta tierra. Que Dios bendiga particularmente a las santas vírgenes, religiosas, consagradas de todas las latitudes, de todos los tiempos, porque cada virgen consagrada, cada religiosa que vive en santidad su vocación es como una imagen viva, es una palabra que bendice a este mundo, mientras repite: "nada me llena, nada me sacia, nada me basta; sólo Dios, sólo Dios Basta, sólo Dios, sólo Dios puede llenar mi corazón".

No hay comentarios:

Publicar un comentario