“El Espíritu Santo
nos invita por lo tanto a ‘volver al corazón’ para celebrar dentro
de este, una Navidad más íntima y más verdadera, que vuelva ‘verdadera’
también la Navidad que celebramos exteriormente, en los retiros y en las
tradiciones”.
Sucede porque Dios, por los méritos de Cristo
y la oración de Cristo y por el cuerpo de Cristo, Dios Padre nos envía por
Cristo, El Espíritu Santo. Ese Espíritu santo realiza su obra en nosotros, y
así cada uno de nosotros encuentra en Cristo su propio modelo y sin embargo,
nosotros no somos fotocopia de Él.
Él es Él, y cada uno de nosotros es cada uno;
sin embargo, Cristo se convierte en el modelo de cada uno, y Cristo realiza su
obra en todos y en cada uno.
Realiza esa obra comunicándonos su Espíritu
Santo, de modo que el Espíritu renovando nuestro interior nos concede tener los
pensamientos de Jesús, nos concede tener sus mismos afectos y concede así que
nuestra mirada reconozca el paso de Dios en la historia y que nosotros mismos
llevemos esa historia a su consumación.
Esta es la vida cristiana; esta vida cristiana
se realiza a través de un camino, se realiza a través de un proceso. Hay
momentos fuertes del encuentro con Dios; el sagrado Bautismo y fundamentalmente ese, el
Bautismo.
A través del Bautismo se aplican a nosotros
los méritos infinitos del amor de Cristo en la cruz y la gloria infinita de
Cristo resucitado; este es un momento fuerte, pero la realización del plan de
Dios en nosotros es un camino, no sucede instantáneamente.
¿Por qué Dios ha querido que nuestra vida sea
un camino? Por una razón muy sencilla: si Dios nos transformara en un instante
nosotros no tendríamos actos de nuestra voluntad para acoger esa salvación y
para llevarla a su plenitud.
Él
precisamente nos creó con un pensamiento nos creó con una voluntad; y ese
entendimiento y esa voluntad sólo se realizan temporalmente.
Entonces son los actos sucesivos de nuestra
voluntad de acuerdo con el ser creatural que Dios nos ha otorgado, son los
actos sucesivos de nuestra voluntad los que van desplegando la fuerza de la
salvación de Dios.
Lo que
sucede en nuestra vida cristiana; es
tener que mostrar qué es lo que vas a hacer con ese Espíritu que Dios te
da, Dios muestra cuál es ese Espíritu en el caminito; en el camino se ve.
Dios
nos ha dado desde el Bautismo la efusión de su Espíritu, pero ese Espíritu
muestra su poder en el caminito, en la historia, a través de la vida, a lo
largo de los actos voluntarios que cada uno de nosotros va realizando,
singularmente con su capacidad de amar.
Esto explica por qué nosotros necesitamos ser
acompañados por la Palabra de Dios: porque nosotros no hemos acabado de conocer
a Dios, porque nosotros no hemos terminado de conocer a Jesús.
Cristo,
nosotros no conocemos que buen defensor es Cristo sino en la medida en que Él nos
va sacando a flote, nos va liberando, nos va sacando adelante. En la medida en
que su Palabra nos va transformando, en que en cada circunstancia de nuestra
vida descubrimos: Él es mi Señor, Él es mi Salvador.
La Iglesia siempre tiene que esperar esa
plenitud de salvación que apenas se ha iniciado, apenas ha empezado a
realizarse en ella.
No hay comentarios:
Publicar un comentario