El amor tiene exigencias; el amor nos pone en
movimiento; y lo mismo podemos decir del evangelio . Se acercan muchos atraídos
por el mensaje maravilloso de gracia que tiene Jesucristo.
“Te seguiré a donde quieras que
vayas” San Lucas 9,57, y
Jesús le responde con eso que no debía ser el mejor folleto de promoción
vocacional: “Mira, el Hijo del hombre no tiene en dónde reclinar la cabeza” San Lucas 9,58; y
el otro dice: “Déjame ir primero a enterrar a mi padre” San Lucas 9,59.
. La expresión “Déjame ir a
enterrar a mi padre” San Lucas 9,59, significa: "Déjame esperar, permite que mi padre se haya
muerto, que yo haya cerrado ese capítulo, y ahí sí voy contigo".
Se le llama gracia operante
porque obra, opera en nosotros; pero, de alguna manera, sin nuestro concurso,
porque precisamente nuestra voluntad se haya viciada por el pecado; pero sobre
la base de esa gracia operante, luego viene la gracia cooperante que obra en
nosotros y con nosotros.
Y es gracia que se convierte en
exigencia, y es gracia que nos invita a la generosidad, al arrojo, al valor, a
darlo todo por el todo, a buscar en Jesucristo algo más que un pasatiempo, o
algo más que unos buenos ratos.
Que el Señor confirme, con su
gracia operante y cooperante, nuestras palabras y nos haga dignos de su
llamado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario