miércoles, 28 de diciembre de 2016

San Esteban











Lo que revelan los mártires.relación se destaca con San Esteban: en los mártires aparece el buen corazón de Dios.
Este hombre, mientras respiraba, entre pedrada y pedrada, iba rezando, rezaba por sus enemigos. "Es el momento de manifestar el buen corazón de Dios", "Dios está manifestando el buen corazón".
El buen corazón de Dios se manifiesta en Cristo y se manifiesta en los testigos de Cristo. Es decir que los mártires son los testigos de la eudokía, del buen amor de Dios, del maravilloso, del dulce y tierno amor de Dios, que es incapaz de hacer daño, ni siquiera a sus propios verdugos. Como que van sonando allá adentro de nuestro corazón las palabras del evangelio de Juan: "Vino a los suyos y los suyos no le recibieron" San Juan 1,11.
Este es el Niño anhelado, el Niño de la Navidad, el Niño Jesús; es el Niño anhelado, es el Niño deseado, es el Niño que todos necesitamos, y sin embargo, es el Niño rechazado, es el Niño pospuesto, el Niño marginado. Esa es la paradoja de Jesucristo: lo necesitamos y lo amamos, pero lo rechazamos y no le obedecemos.
Por eso la Navidad, después de esta celebración de San Esteban, adquiere un tono distinto, hay sangre de por medio en esto. Aceptar a Jesucristo, aceptar al Niño del pesebre, ayer nos parecía un acto natural, un acto de ternura; hoy aprendemos que nadie acepta a Jesucristo impunemente, el mundo se lo cobrará.
Si usted acepta a Jesucristo, el mundo le pasa una factura, el mundo se lo cobrará. Ayer, recibir a Jesús esa algo tan sencillo como cargar un bebé; hoy, recibir a Jesús, es algo tan difícil como cargar una cruz. Pero el Bebé es el Bebé de la Cruz, y la Cruz, según vio Santa Catalina de Siena en una visión que el Señor le regaló, acompañó toda la vida de Jesucristo.
Aceptar al Niño es aceptar la Cruz del Niño; aceptar al Niño es aceptarlo con todas sus palabras, es aceptarlo con todo su Espíritu, es aceptarlo con todo su mensaje, es aceptarlo con toda su fuerza de liberación..
Hoy,tenemos más razones para celebrar a Jesús; hoy podemos decir con más alegría: "Que viva Jesús!" Podemos aplaudir con mayor gozo al Niño del pesebre. Porque si recibe contradicciones por una parte, no se rinde; aunque odiado, no odia; aunque rechazado, acoge a todos.
Es el Dios guerrero, como lo llamó Isaías, es el Consejero admirable, es el Padre perpetuo, es el Príncipe de la paz, es el que va adelante de nosotros, y el que es capaz de arrancar una victoria incluso debajo de un alud de piedras.
 Estas piedras de Esteban construyen el primer monumento maravilloso al poder de Jesús. El Niño, aunque parece tan débil, como dice la Novena, ha mostrado fuerte brazo. Este Niño es la causa de nuestra alegría y es el motivo de nuestro gozo.
Nosotros recibimos a Jesús, vamos a darle permiso a Jesús de que se adueñe de nuestro corazón, de nuestro cuerpo y de nuestra vida, para que el triunfo del Niño de Belén se extienda por el mundo entero.

Amén.

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