Lo que revelan los mártires.relación se destaca con San Esteban:
en los mártires aparece el buen corazón de Dios.
Este hombre, mientras respiraba, entre pedrada y pedrada, iba
rezando, rezaba por sus enemigos. "Es el momento de manifestar el buen
corazón de Dios", "Dios está manifestando el buen corazón".
El buen corazón de Dios se manifiesta en Cristo y se manifiesta
en los testigos de Cristo. Es decir que los mártires son los testigos de la
eudokía, del buen amor de Dios, del maravilloso, del dulce y tierno amor de
Dios, que es incapaz de hacer daño, ni siquiera a sus propios verdugos. Como
que van sonando allá adentro de nuestro corazón las palabras del evangelio de
Juan: "Vino a los suyos y los suyos no le recibieron" San Juan 1,11.
Este es el Niño anhelado, el Niño de la Navidad, el Niño Jesús;
es el Niño anhelado, es el Niño deseado, es el Niño que todos necesitamos, y
sin embargo, es el Niño rechazado, es el Niño pospuesto, el Niño marginado. Esa
es la paradoja de Jesucristo: lo necesitamos y lo amamos, pero lo rechazamos y
no le obedecemos.
Por eso la Navidad, después de esta celebración de San Esteban,
adquiere un tono distinto, hay sangre de por medio en esto. Aceptar a
Jesucristo, aceptar al Niño del pesebre, ayer nos parecía un acto natural, un
acto de ternura; hoy aprendemos que nadie acepta a Jesucristo impunemente, el
mundo se lo cobrará.
Si usted acepta a Jesucristo, el mundo le pasa una factura, el
mundo se lo cobrará. Ayer, recibir a Jesús esa algo tan sencillo como cargar un
bebé; hoy, recibir a Jesús, es algo tan difícil como cargar una cruz. Pero el
Bebé es el Bebé de la Cruz, y la Cruz, según vio Santa Catalina de Siena en una
visión que el Señor le regaló, acompañó toda la vida de Jesucristo.
Aceptar al Niño es aceptar la Cruz del Niño; aceptar al Niño es
aceptarlo con todas sus palabras, es aceptarlo con todo su Espíritu, es
aceptarlo con todo su mensaje, es aceptarlo con toda su fuerza de liberación..
Hoy,tenemos más razones para celebrar a Jesús; hoy podemos decir
con más alegría: "Que viva Jesús!" Podemos aplaudir con mayor gozo al
Niño del pesebre. Porque si recibe contradicciones por una parte, no se rinde;
aunque odiado, no odia; aunque rechazado, acoge a todos.
Es el Dios guerrero, como lo llamó Isaías, es el Consejero
admirable, es el Padre perpetuo, es el Príncipe de la paz, es el que va
adelante de nosotros, y el que es capaz de arrancar una victoria incluso debajo
de un alud de piedras.
Estas piedras de Esteban
construyen el primer monumento maravilloso al poder de Jesús. El Niño, aunque
parece tan débil, como dice la Novena, ha mostrado fuerte brazo. Este Niño es
la causa de nuestra alegría y es el motivo de nuestro gozo.
Nosotros recibimos a Jesús, vamos a darle permiso a Jesús de que
se adueñe de nuestro corazón, de nuestro cuerpo y de nuestra vida, para que el
triunfo del Niño de Belén se extienda por el mundo entero.
Amén.
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