domingo, 4 de diciembre de 2016

Isaìas 6,6-7







"Isaías recibió un ascua encendida. Uno de los Serafines le llevó un ascua del Altar y le quemó los labios" Isaías 6,6-7. Quedaron calcinados los labios de Isaías.
Que sea la bondad de Dios, que sea esa gracia de Jesucristo que durante todo el camino es el Salvador y en el último día es el Juez, y es Juez porque es Salvador, -ya lo hemos entendido-, que sea la gracia abundante de ese Jesucristo la que nos regale fuego.
Hay que morir ardidos, hay que morir quemados y hay que morir en una búsqueda insaciable, una búsqueda continua, como Santo Domingo de Guzmán con la mirada siempre más allá.
"Amen más y que se sienta. Amen más y que transformen vidas". Por lo pronto las veo mucho más libres que yo. ¡Están libres de muchos males!
 "Fuego he venido a traer a la tierra" San Lucas 12,49, decía Jesucristo, y ojalá estuviera ya ardiendo.
Los Ángeles: no nos extrañan. Nos han acompañado en todas nuestras plegarias. Nos acompañan de día y de noche, les invocamos, aprendemos de ellos.

¡Qué bellos son los santos! ¡Qué bella una vida que esté así, colmada de fuego, de sangre,de amor y de santidad

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