"Isaías recibió un ascua encendida. Uno de los Serafines le
llevó un ascua del Altar y le quemó los labios" Isaías 6,6-7. Quedaron calcinados los labios de Isaías.
Que sea la bondad de Dios, que sea esa gracia de Jesucristo que
durante todo el camino es el Salvador y en el último día es el Juez, y es Juez
porque es Salvador, -ya lo hemos entendido-, que sea la gracia abundante de ese
Jesucristo la que nos regale fuego.
Hay que morir ardidos, hay que morir quemados y hay que morir en
una búsqueda insaciable, una búsqueda continua, como Santo Domingo de Guzmán
con la mirada siempre más allá.
"Amen más y que se sienta. Amen más y que transformen vidas".
Por lo pronto las veo mucho más libres que yo. ¡Están libres de muchos males!
"Fuego he venido a
traer a la tierra" San Lucas 12,49, decía Jesucristo, y ojalá estuviera ya
ardiendo.
Los Ángeles: no nos extrañan. Nos han acompañado en todas
nuestras plegarias. Nos acompañan de día y de noche, les invocamos, aprendemos
de ellos.
¡Qué bellos son los santos! ¡Qué bella una vida que esté así,
colmada de fuego, de sangre,de amor y de santidad
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